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Un punto decepcionante, y van…

Por José Mª Esparza 11 marzo, 2018 - 22:04

Osasuna suma en Albacete, pero como un barco a la deriva, sin rumbo ni ideas. El equipo no transmite alegría, ni ilusión, ni confianza en sus posibilidades. Los jugadores no sabían qué hacer.

Encuentro entre Osasuna y Albacete. LaLiga123
Encuentro entre Osasuna y Albacete. LaLiga123

Empatar en Albacete, ante Martín Monreal, no parece mal resultado. Suma y sigue. Así lo dirán las estadísticas de final de temporada. Otro partido a domicilio sin perder, algo que permite seguir en la zona noble, con todas las opciones. Un éxito, vaya.

Desde el cielo, don Fermín Ezcurra habrá sonreído con el nuevo punto de Osasuna, confiado en que el objetivo del ascenso se cumplirá. Y si alguien, José Delfín Biurrun, por ejemplo, se le ha acercado a comentarle el partido frunciendo el ceño, seguro que le ha respondido: “Es que siempre queréis ganar, y eso no puede ser. Cada día resulta más difícil, y sale más caro. No os contentáis con nada. Necesitamos mejor conformar”. Así que, con don Fermín en el recuerdo, a disfrutar con el empate. Las ilusiones siguen intactas.

No obstante, hay que explicar de alguna manera la igualada en el Carlos Belmonte. Constatar lo positivo de un resultado que suma no explica lo sucedido durante una hora y media de juego en tierras manchegas. Quienes no hayan visto el encuentro habrán podido apretar puños, levantar brazos y gritar “¡Biennnnn!” al enterarse del resultado; y quienes aguantaron los noventa minutos frente al televisor pueden dar por bueno el aburrimiento a costa de contemplar a su equipo situado en las alturas. Sin embargo, siendo francos, con un mínimo de sinceridad, hasta Fran Canal habrá dado un puñetazo a la pared, con rabia por dejar pasar una oportunidad tan clara para sumar de tres en tres.

El empate de Albacete deja al factotum sin siquiera fuerza moral para impedir las críticas a Diego Martínez. A Fran Canal no le gusta escuchar críticas a su entrenador ni siquiera en las juntas directivas. Les tapa la boca. Hay que ser positivos, como esos amigos suyos que reparten consignas por las redes sociales. Ni esos podrán decir nada positivo, más allá del resultadismo, del empate sin goles del Carlos Belmonte. Uno de los peores partidos de Osasuna en toda la temporada. Y ya van unos cuantos en que los aficionados despiden las retransmisiones o abandonan el estadio repitiendo el mismo comentario.

Aguantó Diego Martínez a duras penas durante la primera parte, típica del técnico gallego. No se juega a nada. Los rojillos se desentienden de la creación, pero tampoco el rival consigue trenzar jugadas. No se mueve ni el minutero. Cero peligro, ni ganas de buscarlo. Apenas cinco minutos de ir a por más en el cómputo global de esa primera mitad. Los locales lo intentaron al menos, se acercaron con peores intenciones, y con más ganas, e ideas. Demostraron menos calidad, pero cerrando igual o mejor los huecos propusieron mucho más, pese a que la pésima calidad del arbitraje se ensañó más ellos, dejándoles en inferioridad numérica injustamente.

La segunda parte resultó más decepcionante si cabe. Ante diez jugadores, Diego Martínez salió del vestuario donde lo dejó un cuarto de hora antes, su primera sustitución consistió en un mero cambio de cromos de lateral por lateral, hasta casi mitad de periodo no se decidió a una mínima modificación. Apartó a Arzurica, y entregó la manija a Torres. Y lo peor, hasta a media docena de minutos del final no salió Kike Barja, que lo hizo a pie cambiado, por la izquierda. En un partido que pedía gritos desbordar por bandas, abrir el juego ante un rival rocoso, sin Fran Mérida en la creación, en el que Osasuna se estrellaba una y otra vez por el centro, el técnico no ofreció alternativas hasta los cinco minutos últimos. Increíble.  No fue a por el triunfo.

Ante diez, el a-b-c del fútbol pide cambio de defensa por delantero, pero el fútbol de Diego Martínez resulta difícil de entender. Desde luego, los jugadores no lo entienden. Ayer no transmitieron ni sensación de luchar, porque no sabían ni qué hacer, conscientes en cambio de comportarse como un equipo apagado, sin alma, sin rumbo, impotente.

Los tiros a puerta desde lejos lo dijeron todo. Sin poder trazar jugadas son el recurso último, aunque sea lanzados desde lejos y a las nubes. La expresión máxima de la impotencia, de la nada. Un equipo que quiere ascender debe puntuar, y Osasuna lo hizo en Albacete, pero de nuevo como equipo pequeño, pobre, escaso de todo. Ni merece la pena volver a repetir la idea de que una plantilla como ésta deje escapar puntos tan importantes. Si el sábado próximo el Zaragoza la monta en El Sadar, se pondrá por delante. Es un ejemplo de mil posibles, de cómo cambiaría la vida jugando un poco más, simplemente con un poquito más de ambición. Son ya tantas, que quizás no sea cuestión de avaricia futbolística, sino simplemente de no saber ni cómo intentarlo. Albacete así de claro lo expresó.


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Un punto decepcionante, y van…