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Opinión / osasuNAvarra

Aires nuevos en odres viejos en El Sadar

Por José Mª Esparza 02 enero, 2016 - 22:26

Osasuna estrenó el año con un juego más alegre, pero pagó muy caro su falta de pegada. El Nàstic le quitó dos puntos sin crear una sola ocasión de gol.

Duelen los dos puntos arrancados a la vera del camino. Quizás hayan sido los tarraconenses el equipo más romo de cuantos han visitado El Sadar esta temporada. Vinieron a empatar y lo consiguieron sin hacer una sola ocasión de gol, que ya tiene mérito.

Les bastó un penalti desconcertante, por un empujón de los que no se suelen pitar, de hecho hubo otros en el área contraria, para llevarse un botín excesivo. Demasiado castigo para un Osasuna que mostró carencias, pero también un punto más de ambición que en ocasiones pasadas.

El equipo de Martín tuvo el balón e incluso supo qué hacer con él, pero solo hasta llegar al área. O ni eso, porque en la primera parte solamente bombeó balones a Kodro y a… Nino, casi ausente, desapercibido. Efectivamente, ningún problema para las torres visitantes, último reducto de un equipo defensivamente sólido, tal cual se esperaba.

Aparentemente, Martín quiso reforzar el centro del campo con Torres y José García escoltando a Merino por las bandas, para servir entre los tres la pelota a los dos puntas, pero la conexión no funcionó. Los rojillos no contabilizaron una ocasión a lo largo de la primera parte. Apenas un ‘piscinazo’ de Kodro al borde del área en el que picó el árbitro. Juego entretenido, y vistoso por momentos, pero sin mordiente.

Era preciso dar un paso adelante, y llegó tras el descanso, también espoleados por la ocasión más clara del partido: un contragolpe de José García que sirvió a Torres para que machacara con toda la portería para él. El de Arre todavía andará preguntándose cómo falló, sobre todo después de adelantarse los catalanes de una forma tan tonta.

En fin, el caso es que a pesar de que José García lavó su imagen en esa jugada su imagen gris de la primera mitad, el técnico no dudó en sustituirle junto a la otra gran novedad del once inicial, la de Kodro. Se quiera o no, el juego resultaba excesivamente plano. El Nàstic seguía sin pasar apuros. El partido pedía a gritos un cambio de guión. No bastaba con cercar a un rival que ya se había cerrado él solo.

Olavide y Alex Sánchez aportaron aire fresco al ataque, sobre todo el primer, capaz de jugar entre líneas, de desbordar con jugadas imprevisibles como la del empate. El ‘Flaco’ aporta imaginación. Le hace falta madurar más o coger un punto de ‘mala leche’, pero junto a Berenguer es el único que puede dar dolores de cabeza a un contrario más parecido a una pared que a un equipo de fútbol.

Escrito está que este Osasuna habrá alcanzado la mayoría de edad a todos los efectos cuando los escoltas de Mikel Merino sean Olavide y Berenguer. Entre tanto,  los aires nuevos perderán la chispa en los odres viejos.

Mikel Merino cuajó ante el Nàstic un partido de los de enmarcar. Estuvo en todas las partes del campo, cortó y distribuyó. Un placer verle jugar. Mereció la pena acercarse a El Sadar por disfrutar con su clase.

Todo un lujo de futbolista, a ver cuánto tiempo le queda vestido de rojo. Sin embargo, su juego no encuentra el mismo lenguaje en sus compañeros. La temporada pasada por estas fechas agradecía públicamente jugar junto a Olavide, y en ésta cuenta también con Berenguer, también excesivamente dosificado a su lado. A falta de cinco minutos salió Alex ante los tarraconenses. Lógicamente, le pudo la ansiedad.

Demasiado tarde para desbrozar la madeja defensiva del Nàstic. A unos jugadores se les desaprovecha dándoles excesivos minutos y a otros hurtándoselos. Es otro de los aspectos a corregir para mantener viva la ilusión hasta final de temporada.


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