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Opinión / Analista político.

El Congreso de los Diputados no es Casa Manolo

Por José Luis Heras Celemín 01 septiembre, 2016 - 13:49

El Congreso de los Diputados no es Casa Manolo, el bar-restaurante que hay en el número 7 de la calle de Jovellanos de Madrid, pero está cerca; y entre ellos hoy había algo digno de reseña.

En el Congreso de los Diputados hoy, último día del veraniego agosto, se celebraba, o padecía, la segunda Sesión para la prevista, y en primera instancia anunciada como fallida, Investidura de Mariano Rajoy a la Presidencia del Gobierno. En Casa Manolo, por contra, hoy estaba echado el cierre. Un cartel en la puerta anunciaba un “cerrado por vacaciones” y unos obreros aprovechaban para acondicionar el local.

Desde la calle, las diferencias parecían simples: Un lugar con la actividad parlamentaria habitual de una Cámara Legislativa que busca la investidura de un candidato a Presidente de Gobierno; y un local cerrado preparándose para seguir con su actividad. Pero, al entrar en pormenores, las diferencias ponían en evidencia algo digno de reseña si se tiene en cuenta que Casa Manolo, a lo largo de los años y las Legislaturas, se ha convertido en lugar de relaciones en el que abundan las conversaciones y filtraciones, también intoxicaciones mutuas, entre miembros de la clase política y la prensa.

Pero en Casa Manolo hoy estaba echado el cierre y no había nadie. Sólo un contenedor de basura a la puerta (a las 2 de la tarde) con sol de justica y olores ajusticiadores.  

A esa hora, sólo el diputado español Francesc Xavier Doménech y un compañero pasaron por allí buscando algo, quizá tranquilidad o una bebida fresca. Pero nada más. El local, como muestra de las actividades normales, estaba al margen. Como si el Parlamento, del que se nutre y vive, le fuera ajeno.

Sin embargo, en el Congreso se estaba celebrando una Sesión del Pleno en el que el Mariano Rajoy, Presidente del Gobierno en funciones, exponía un Programa de Gobierno con el trataba de ganar apoyos y confianza para formar el Ejecutivo de la XII Legislatura iniciada

Parecía como si el negocio del local hubiera decidido prescindir de la clientela habitual que porporciona la actividad del Congreso.

Lo significativo del asunto es que Casa Manolo no es un caso único. En este caso, a pesar de su actividad, historia y condición, la muestra es importante porque pone de relieve el aislamiento de un Congreso de Los Diputados al margen de lo que hay alrededor.

Mientras tanto, dentro del Palacio de las Cortes, en el Hemiciclo del Congreso de los Diputados, encorsetada y aislada una vez más, la representación de la ciudadanía nacional, cada uno a lo suyo, y solo a lo suyo, iba desgranando discursos plúmbeos y letanías aburridas con los que dar forma a su conjunto de representaciones, que algunos llaman postureos, bajo fórmulas al margen de la realidad y necesidad nacionales.

En esta situación, no había nada que no fuera previsible. Todo el mundo sabía qué iba a decir cada cual, la postura de todos, cómo iba a votar cada uno y qué iba a ocurrir. La clase política enclaustrada en el edificio de la Carrera de San Jerónimo, una vez más, a pesar de la distancia, mínima, se alejaba en el espacio ajena al interés de todos y tratando de enjaretar sarcasmos, críticas o alguna frase pretendidamente afortunada.

Mientras tanto: Rajoy exponía un programa de Gobierno (conocido) del PP. Pedro Sánchez se aislaba cargando acentos socialistas en un no egoista, personalista y reiterativo. Albert Rivera bamboleaba sus afanes, cadencias y carencias, Pablo Iglesias apacentaba confluencias y divergía en oleadas. Nacionalistas varios, según y cómo, cada uno a lo suyo y poco para todos, mirando al vecino, tentándose lo propio y remirando a lo ajeno. Y los demás, minoritarios del Grupo Mixto y aledaños..., a lo demás.

Al terminar la sesión, y el día, pesadumbre, hastío, calor, hartazgo. Y el resultado previsto, anunciado y conocido.

En la calle, cerrada, Casa Manolo soportaba las consecuencias y olores de la basura que habia cerca. Ya preparada para, al acabar agosto, ser util y servir.

Pero el Congreso de los Diputados no es Casa Manolo, el bar-restaurante que hay en el número 7 de la calle de Jovellanos de Madrid. Esta cerca; y entre ellos hoy había algo digno de reseña


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