Opinión / Tribuna

Los socialistas navarros juegan con fuego

Por José Ignacio Palacios Zuasti 23 junio, 2020 - 9:52

43 años después, en 2020, los nietos de aquéllos quieren imponer el revanchismo ideológico y divisor para establecer una República que sea sucesora de aquella del Frente Popular de 1936 que todos sabemos muy bien cómo acabó.

Los cuadros de Urralburu, Otano en el Palacio de Navarra y la estatua de Largo Caballero en Madrid.
Los cuadros de Urralburu, Otano en el Palacio de Navarra y la estatua de Largo Caballero en Madrid.

El mismo día en el que los letrados del Congreso de los Diputados comunicaron su opinión contraria a que la Mesa de la Cámara Baja pudiera admitir a trámite las solicitudes presentadas por la izquierda radical, por los independentistas y los nacionalistas, para que se creara una comisión de investigación sobre el Rey Juan Carlos, en el Parlamento de Navarra, el Partido Socialista (PSN), cuyos votos eran determinantes, permitió que se aprobara una declaración institucional de Izquierda-Ezquerra en la que se decía: «El Parlamento de Navarra acuerda la retirada del cuadro del ciudadano Juan Carlos de Borbón de la Sala de Gobierno de este Parlamento». Inmediatamente el cuadro fue retirado.

Está visto que cuando se trata de determinadas personas o instituciones los socialistas no tienen ningún reparo en condenarlos anticipadamente, sin darles el más mínimo beneficio de la presunción de inocencia, con tal de complacer a los que son sus socios de los gobiernos de «progreso», entre otros, a «hombres de paz» como Otegui, que son los que les mantienen a Pedro Sánchez y a María Chivite en los sillones presidenciales de España y de Navarra.

María Chivite es la tercera secretaria general del PSN que ha tenido el honor de alcanzar la presidencia del Gobierno foral. Los dos anteriores fueron Gabriel Urralburu (1984-1991) y Javier Otano (1995-1996). El primero, fue condenado por el Tribunal Supremo, por un delito de cohecho, cometido en el desempeño del cargo presidencial, a una pena de 4 años de prisión y 780 millones de pesetas de multa, por lo que ingresó en prisión.

Mientras que Otano se apresuró a dimitir de su puesto de presidente al hacerse público que era titular de una cuenta en Suiza, aunque después saldría absuelto, porque los delitos por los que se le imputaban habían prescrito. Pues bien, a pesar de este pasado, sus respectivos retratos cuelgan de las paredes del Salón de Presidentes del Palacio de Navarra y no sólo eso, sino que, además, cuando el de Urralburu fue retirado por el Gobierno de Miguel Sanz, por haber recaído contra él sentencia firme del Supremo, los socialistas navarros protestaron enérgicamente y consiguieron que fuera repuesto a su lugar inmediatamente. Por eso, si la presidente María Chivite es coherente con lo que su partido ha votado en el Parlamento de Navarra, tendrá que ordenar que los retratos de sus dos compañeros y antecesores sean retirados de ese lugar de honor que ocupan.

Y, ya puesta a esa labor, la Sra. Chivite tendrá que dirigirse, también, a su compañero socialista, Pedro Sánchez, para pedirle que, de inmediato, retire la estatua del socialista Francisco Largo Caballero, que está situada en la sede de los Nuevos Ministerios de Madrid. Porque no dudo que ella sabrá que este solía decir cosas tan delicadas como: «No creemos en la democracia como valor absoluto. Tampoco creemos en la libertad» o «Yo declaro que hay que armarse, y que la clase trabajadora no cumplirá con su deber si no se prepara para ello.» … «Hecha esta preparación, habrá que esperar el momento psicológico que nosotros creamos oportuno para lanzarnos a la lucha, cuando nos convenga a nosotros y no al enemigo. En definitiva, habrá que luchar en las calles».

Y, por si todo esto fuera poco, la Sra. Chivite sabrá que cuando ese compañero socialista, que mereció el apelativo del «Lenin español», era presidente del Consejo de Ministros del bando republicano, en plena guerra civil (4.09.1936 -17.05.1937), recibió (diciembre de 1936) una carta del mismísimo José Stalin en la que le aconsejaba que de cara al exterior mantuviese al menos una apariencia de régimen parlamentario, a lo que este le respondió con otra, misiva, fechada el 6 de enero de 1937, en la que le decía en España nadie deseaba ni la sombra de un parlamento y prueba de ello es que de hecho, hasta el final de la guerra, la zona republicana se gobernó en régimen dictatorial, sin más reuniones de Cortes que un par de encuentros simbólicos y propagandísticos en los que tan sólo se aprobó el Estatuto del País Vasco, y no hubo ningún debate sobre leyes ni situaciones.

Sí, a la Sra. Chivite hay que pedirle coherencia y que dé el mismo trato a todos, sea este el «ciudadano Juan Carlos de Borbón» o sean los ciudadanos Gabriel Urralburu, Javier Otano o Francisco Largo Caballero. Pero me temo que no lo hará porque los socialistas están jugando con fuego y, a pesar de que en estos momentos tenemos un gran Rey, como es Felipe VI, que acaba de cumplir el sexto aniversario de su proclamación al Trono, lo que ellos pretenden es demoler la Monarquía y el consenso que en 1977 alcanzaron aquellos que habían sido protagonistas de la guerra civil, que sirvió para cerrar las heridas del pasado. Ahora, 43 años después, en 2020, los nietos de aquéllos quieren imponer el revanchismo ideológico y divisor para establecer una República que sea sucesora de aquella del Frente Popular de 1936 que todos sabemos muy bien cómo acabó.


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