Opinión / Desde la Estafeta

¡Bingo!

Por Jimi Jiménez 11 julio, 2019 - 9:41

No hay quinto malo y el pronóstico se ha cumplido por lo menos desde la Telefónica hasta la Plaza de Toros.

Los toros de la ganadería de Victoriano del Río, de Guadalix (Madrid), en el tramo de la calle Mercaderes, durante el quinto encierro de los Sanfermines 2019.- EFE/PEIO H.
Los toros de la ganadería de Victoriano del Río, de Guadalix (Madrid), en el tramo de la calle Mercaderes, durante el quinto encierro de los Sanfermines 2019.- EFE/PEIO H.

Hoy sí, los corredores han tenido oportunidad de medirse ante los Vitoriano de Río en el tramo final del encierro y, encima, también esta mañana se ha entregado el premio al ‘tontaina’ del año.  Así que doble premio ¡Qué felicidad!

No hay quinto malo y el pronóstico se ha cumplido por lo menos desde la Telefónica hasta la Plaza de Toros. No sabemos si ha habido “consigna” o que a los mansos también les afecta (como a todos) esto de los madrugones. La realidad es que la manada, que ya venía muy estirada desde la curva de Mercaderes, ha llegado al tramo final rota con los cabestros por delante acompañados de dos bichicos y, el resto, disperso y a su ritmo.

¿El resultado? Justo el que querían los mozés que han decidido sentarse como señal de protesta por lo que califican como “desnaturalización” del encierro. Esto es, una carrera un poco más larga de lo habitual (2:50… tampoco vayamos a perder la cabeza) y bastante sensación de riesgo y peligro por todo el recorrido.

La conclusión de todo esto es clara. Cuando surgen estas cosas de movilizaciones no organizadas, Murphy o Karma está al quite y por eso ese factor -“llamémosle X”- ha decidido que los bueyes vayan un pelín más despacito y que los Victoriano, por su parte, se hayan desmarcado permitiendo a los corredores medirse. ¡Todos felices!

¿Todos? Como en el relato de las Galias, faltaba algo y, afortunadamente, hoy hemos podido cantar ¡Bingo! Porque, efectivamente, nos faltaba por entregar el tradicional premio al ‘tontaina’ del año y hoy hemos tenido al absoluto ganador.

Un gañán (no merece otro calificativo) que, en su inconsciencia, ha ido desde el callejón hasta el interior de la Plaza acompañando al Victoriano dándole toquecitos “toc-toc-toc” al lomo de una bestia parda de 600 kilos como poco. Lo bueno es que, ante la provocación, el Victoriano solo ha desviado su trayectoria cuando lo habitual es que se hubiera revuelto y podía haber armado la de San Quintín… Cosa que no ha ocurrido y de lo que podemos congratularnos. Pero eso es otra historia.


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