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Opinión / Presidente del Ateneo Navarro y expresidente de la MCP.

So long, Fernando Redón

Por Javier Torrens 15 noviembre, 2016 - 10:01

Hace unos días nos dejó Leonard Cohen, la voz cálida y profunda que nos hacía más humanos, al menos mientras la escuchábamos. Hace sólo unas horas nos ha dejado Fernando Redón, un maestro de la arquitectura y de la vida, del oficio y la cultura, que nos hacía ser más sabios y mejores arquitectos, al menos cuando le hacíamos caso.

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Fernando Redón, en una imagen tomada por el propio autor del artículo, Javier Torrens, durante la presentación de la exposición "Fernando Redón Huici. Obra cívica", el 11 de marzo de 2015 en el atrio del Parlamento de Navarra.

Porque Redón sabía de todo y en todo era excelente: dibujante temprano, arquitecto reconocido, diseñador aplicado, pintor constante, fotógrafo premiado, profesor recordado y conversador apasionado. Un verdadero humanista de los que ya no quedaban. De estudiantes, lo admirábamos por su obra poderosa y original, con Javier Guibert y después, en solitario. Una arquitectura tan buena que parecía diseñada por aquellos arquitectos nórdicos que tanto admiraban. Más tarde, como profesionales, seguíamos con sumo interés sus tareas de incansable gestor de la cultura y el patrimonio histórico, o diseñador de exposiciones en las que lo hacía todo, o editor de libros de “paseos naturalísticos” con sus deliciosas y exactas acuarelas de flora y fauna, o inventando los Festivales de Olite, soñando con traer a la Filarmónica de Viena

Su nombramiento como director de la Institución Príncipe de Viana me dio la oportunidad de sucederle como profesor en la Escuela de Artes Aplicadas escuchando sus sensatos consejos. Porque Redón era un sabio pero también una persona muy accesible, con los pies en la tierra y a la vez con la imaginación muy arriba.

Estos últimos años han sido, afortunadamente, tiempo de reconocimientos y galardones: una tesis doctoral sobre su obra arquitectónica, el Premio Príncipe de Viana 2004, diversas exposiciones de óleos y acuarelas y, sobre todo, la gran exposición “Fernando Redón Huici: obra cívica” en el atrio del Parlamento, durante la primavera de 2015. Una muestra en la que se pasaba los días atendiendo y dando explicaciones detalladas con esa pasión, encanto y humor que cautivaba a todos los que se le acercaban. Al término de la cual, el Colegio de Arquitectos de Navarra le otorgó la Plomada de Oro (que diez años antes había recibido su compañero Guibert) de la mano de su amigo Rafael Moneo. Redón estaba muy emocionado por una distinción que reconocía la labor de una vida entera dedicada a la buena arquitectura y expresaba la cálida admiración de sus colegas navarros.

Hasta siempre, maestro entrañable de cuantos tuvimos la fortuna de conocerte.

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So long, Fernando Redón