Opinión /

Los símbolos y el hecho institucional, razonemos

Por Javier Remírez 20 marzo, 2016 - 22:09

El Parlamento de Navarra aprobó recientemente una declaración institucional con el único apoyo de las fuerzas que sustentan al actual Gobierno de Navarra (Geroa Bai, Bildu, Podemos e Izquierda Ezkerra).

En esta declaración institucional, el Parlamento “considera precisa la derogación de la vigente Ley Foral de Símbolos, promoviéndose una nueva no excluyente que recoja todas las aspiraciones legítimas de la ciudadanía que permita desarrollar una política de tolerancia e integración sobre los símbolos”, preparando así el terreno para los cambios legales que hagan posible esta aspiración de los grupos proponentes.

El hecho sobre todo pretende amparar la pretensión de algunas entidades locales para colocar, junto con los símbolos que hoy reflejan la institucionalidad de Navarra otros ajenos a este hechos, como puede ser, la ikurriña. Ese es el objetivo verbalizado por el portavoz de EH Bildu, Adolfo Araiz.

Vaya por delante mi absoluto respeto - incluso aprecio - hacia la ikurriña como símbolo y bandera. En primer lugar, por ser la bandera de una comunidad autónoma no solo vecina, sino amiga y con la cual no solo tenemos muchas cosas en común sino que es precisa una profundización en la mutua colaboración desde la bilateralidad, el respeto y la lealtad. E igualmente porque es una bandera que, como propia, sienten miles de navarros y navarras, algunos de ellos buenos amigos del que suscribe.   

Y es que hay que sacar el debate de lo emocional para centrarlo en lo racional y en el sentido común. Por ello hay que preguntarse qué representan los símbolos en el exclusivo ámbito institucional, que es donde la ley objeto de debate opera. Y lo que representa es únicamente el reflejo de la actual institucionalidad de nuestro territorio: una Comunidad Foral, Navarra, integrada por un conjunto de entidades locales y que forma parte en un Estado, España y a su vez en un proyecto común con arquitectura institucional llamada Unión Europea. Las entidades locales, los ayuntamientos son parte del Estado ya que el Estado – aunque así pueda creerse - no solo es el gobierno central sino el conjunto de instituciones tanto estatales, como regionales, provinciales y locales. Y los símbolos propios de ese Estado son los que se reflejan en los edificios que los albergan. Ni más, ni menos.

Por ello, a la hora de definir los símbolos que cuelgan de los balcones de la sede una institución no podemos centrarnos en los sentimientos de cada una de las partes individuales del colectivo que la representan, sino en el reflejo del hecho institucional vigente en cada momento.  Es por ello que en un ayuntamiento navarro solo deben pender hoy en día los símbolos propios de la localidad, la Comunidad Foral (Navarra), el Estado (España) y la Unión Europea.

Por supuesto que el reflejo de símbolos que representen los sentimientos de cada persona individual o de un colectivo debe ser no solo respetado sino amparado como un reflejo de la libertad de expresión con el único límite de la protección de los derechos fundamentales del resto de la población. Es en ese ámbito, el privado o el social, pero no el institucional, en donde en una democracia la exhibición de símbolos ha de quedar amparada en el ejercicio de nuestras libertades y desde la tolerancia del resto de la población.   

Confiemos que el debate entorno a esta cuestión gire por la senda de lo racional, desterrando lo emocional y la confrontación entre identidades. De esa pugna nada bueno puede salir para lograr la convivencia y respeto que solo desde un Estado democrático y de derecho podemos conseguir. Y centrémonos todos en las prioridades que sí preocupan a la inmensa mayoría que no es otra que generar las condiciones para que exista actividad económica, y por lo tanto, empleo, así como el fortalecimiento y sostenibilidad de los servicios públicos (educación, sanidad, políticas sociales,…) especialmente en defensa de los que más lo necesitan. Esa es la verdadera hoja de ruta en la que todos debiéramos centrarnos.


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