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Navarra y el futuro Gobierno de España

Por Javier Remírez 10 febrero, 2016 - 7:51

Las elecciones generales del pasado 20 de diciembre dibujaron un escenario inédito en nuestra historia democrática. 

Inédito por la pluralidad de formaciones políticas con peso específico y ámbito de actuación nacional (PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos principalmente) pero no tanto en el contexto europeo donde los referentes de cada una de dichas formaciones políticas llevan décadas de protagonismo específico en sus respectivos parlamentos y gobiernos. No es sino una sana maduración del escenario político de nuestro país que debemos ver como una oportunidad.

El mandato de los españoles en las urnas parece claro: dialoguen y acuerden, desde la apuesta por el cambio, la reorientación política en sentido progresista y la apuesta por una profunda agenda reformista que revitalice el sistema democrático surgido del consenso constitucional de 1978. Ningún partido debe caer en la tentación de hacer una lectura parcial y arrogarse para sí mismo la exclusiva interpretación del mandato de la ciudadanía, porque la ciudadanía ha expuesto una visión coral. Coral y plural, pero a la vez con un mandato claro de cambio desde la política en positivo huyendo de los extremos.

Ante la incomparecencia voluntaria del candidato del partido más votado, el Rey haciendo uso de sus prerrogativas constitucionales encomendó al candidato del PSOE, como segunda formación más votada, la tarea de intentar conseguir la investidura y conformar Gobierno. Pedro Sánchez y el PSOE han articulado una línea de trabajo que no pasa en exclusiva por conseguir la investidura, sino por trabajar primero desde las ideas, articulando un acuerdo más amplio que dote de estabilidad a nuevo gobierno de España desde una agenda de profundo contenido progresista y reformista tratando de leer, precisamente, en positivo el mandato de los españoles. Y a esta tarea están llamadas todas las formaciones políticas, pero en especial, aquellas que por peso específico pero sobre todo por sintonía con este mandato popular están llamadas a implicarse de lleno: Ciudadanos y Podemos. Respecto al Partido Popular, y desde el absoluto respeto a los siete millones de españoles que les confiaron el voto, el candidato Sánchez ha sido claro y coherente: claro que está llamado a participar de los consensos que necesita España pero en estos momento precisa una profunda regeneración interna desde la oposición constructiva, especialmente desde las bases de la ética política, para ponerse en hora con la nueva dinámica a la que insta la sociedad española. 

Desde Navarra no podemos sino aspirar a tener un papel activo en este contexto que exige altura de miras y máxima responsabilidad. Los navarros y navarras confiaron en UPN-PP, Podemos y PSN-PSOE su representación en el Congreso. Llama la atención la ausencia de formaciones nacionalistas. Con ello, la ciudadanía navarra señala el camino de la prioridad por lo económico y social, no tanto por lo identitario. No obstante, la participación de las instituciones navarras deber ser activa y propositiva, en el sentido de aportar al proyecto común de España desde el respeto a nuestra singularidad. En este sentido, y viendo las líneas de negociación emprendidas para conformación del gobierno del Estado, las principales herramientas de nuestro autogobierno foral van a ser cuando menos respetadas. Y todos debemos trabajar para que salgan igualmente reforzadas.

En este contexto, el PSN-PSOE ha hecho un inteligente llamamiento al conjunto de formaciones políticas navarras para implicarse, cada una en la posición institucional que ocupa, en esta agenda progresista y reformista que precisa España y, por lo tanto, Navarra. Son tiempos convulsos, en los que se abre la necesidad de nuevos espacios para el dialogo y el acuerdo. Es momento para trabajar desde los principios pero a la vez desde la flexibilidad y el ánimo constructivo. Es el momento, en definitiva, de ver la pluralidad como una fortaleza que va a hacer posible la consecución del mejor proyecto que beneficie al conjunto de la ciudadanía.        


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