Opinión / Tribuna

Coronavirus, la verdad duele

Por Javier Ongay 23 marzo, 2020 - 11:05

¿Hay alguien que nos diga, de verdad, qué nos vamos a encontrar al otro lado de la salida?

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, realiza una intervención en el Palacio de La Moncloa.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, realiza una intervención en el Palacio de La Moncloa.

Estamos viviendo un momento excepcional. La crisis de Covid-19 nos está colocando, como personas y como sociedad, en una situación límite por desconocida,  y está también descubriendo los valores y estrategias de los líderes, así como la capacidad de nuestra respuesta colectiva.

Escribo esto tras dejar reposar durante una horas la penúltima comparecencia de Pedro Sánchez y confirmar con ello lo fácil que es “construir” una verdad a medida, que busca la empatía emocional, y lo complicado que, por el contrario, resulta hablar sin más de la verdad, así, sin añadidos. Con su permiso:

1º/ Que sea la primera vez que debemos enfrentar una pandemia de estas características le da un rasgo de excepcionalidad, pero no justifica la imprevisión, máxime cuando su difusión ha sido progresiva y ha dado a España un margen de tiempo precioso y desaprovechado.

2º/ La buena voluntad en los dirigentes políticos se supone, al menos en momentos tan cruciales, pero la gravedad de sus errores va también en consonancia con la importancia de las decisiones que se toman. Y dicha importancia no depende del tono que se emplee para transmitirlas sino de sus consecuencias.

3º/ Nuestro Presidente y su Consejo de Ministros (Corona-habientes incluidos) tardaron pero, al final, tomaron una serie de medidas para detener la extensión del virus mediante el confinamiento de la población y para sostener las especiales necesidades financieras que el momento presente y futuro acarrean. No dudamos que las primeras surtan efecto. Aumentan, sin embargo, lo expertos que dudan de que las segundas sirvan de algo más que de parche momentáneo.

4º/ Tenemos que salir de esto cuanto antes, por supuesto. Pero …

¿Hay alguien que nos diga, de verdad, qué nos vamos a encontrar al otro lado de la salida?

¿Se atreve nuestro Presidente a decirnos que no, que las empresas, la economía, los puestos de trabajo, el consumo… no podrán ni tan siquiera regresar a los niveles precarios que teníamos hace dos meses?

¿Hay algún valiente con sueldo de Ministro que nos diga a las claras que el río de millones, sin duda necesarios, que se ponen sobre la mesa no estaban guardados debajo de ningún colchón de la Moncloa sino que en su mayor parte no existen porque son avales del Estado y créditos que los bancos harán con nuestro dinero?

¿Intuye alguien quién terminará pagándolos y a costa de qué?

¿No hay quien por ahí algún Vicepresidente/a que entienda que quizá no sea mala idea permitir que el dinero que las familias han de destinar a sus próximas obligaciones fiscales (para soportar lo anteriormente dicho) tendría mejor destino y efecto si pudiera destinarse a la propia supervivencia, al incremento paulatino del consumo? Quizá así, extendido a empresas y autónomos, no fueran necesarios ni tantos avales ni tantos créditos. (Veáse Marc Vidal)

¿Podrá alguien explicar cómo es posible que uno de los mejores, si no el mejor (sic), sistema sanitario del mundo hace aguas porque la burocracia impide a sus magníficos profesionales disponer de avituallamiento protector que, a veces, deben improvisar con bolsas de basura, y ha de acudir a médicos jubilados (población de riesgo máximo, aunque sean médicos) y exprimir al máximo, a falta de otras satisfacciones, la recompensa emocional de unos aplausos a las 8 de cada tarde para seguir en primera línea?

5º/ A Pedro Sánchez se le empañaron los ojos mostrando su sintonía con el sufrimiento de los ciudadanos. Fue lo más destacado de su comparecencia ya que el resto era perfectamente prescindible. Claro que somos un gran pueblo, que hay que salir de ésta unidos, que el virus no va a poder con nosotros…; no hacía falta que nos lo dijera con los ojos vidriosos (se nota el trabajo de Iván Redondo). Se notaba un cierto tufillo al “Manual de resistencia” firmado –que no escrito—por P. Sánchez o al cualquiera de los libros de Coelho o Bucay.

Somos mucho más que nuestros dirigentes, sean del color que sean. Nuestra salud y nuestro bienestar son más importantes que sus decisiones aunque dependan de ellas. Nuestro futuro será nuestro con o sin ellos. Y a partir de aquí, apretar los dientes, cerrar los puños y adelante.


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