Opinión / Tribuna

Ciudadanos pasmados

Por Javier Marcotegui 15 octubre, 2018 - 9:23

No hay forma de salir del asombro. Los gobiernos y los políticos ejercientes nos sorprenden cada día con sus acciones y declaraciones. Nos tienen pasmados. 

Manifestación del 2-J en Pamplona en contra de la política lingüística y la imposición del euskera. MIGUEL SANTIAGO
Manifestación del 2-J en Pamplona en contra de la política lingüística y la imposición del euskera. MIGUEL SANTIAGO

Quizá, para que no nos aburramos, tratan de mantenernos en un constante estadío de estupor, desconcierto; en ocasiones de sobresalto e incluso miedo. Casi nunca suscitan admiración por el buen hacer, por la atención acertada a los intereses comunes y singulares concretos de los ciudadanos, por el desvelo por el interés general de la Nación española, de la Comunidad regional a la que se deben o del Pueblo en el que están empadronados sus convecinos.

A nada que prestemos un poco de atención a sus expresiones y objetivos políticos, nos daremos cuenta inmediatamente que lo que persiguen es el interés de sus respectivos partidos y de las clientelas más inmediatas, de las que son deudores electorales, con el único objetivo de mantener, recuperar o conseguir el poder. Ingenuamente pensamos que con el poder pretenderán resolver nuestros problemas; que serán capaces de trascender los intereses partidistas para buscar el general de la Sociedad, se compadezca bien o mal con los anteriores. Nada más lejos de la realidad. Cuenta más lo que se conoce como la aritmética parlamentaria -suma de votos- que la trascendencia política, social o económica del asunto sometido a votación. Hasta el amor a la patria, si conviene al momento, queda en almoneda por un puñado de votos nacionalistas y secesionistas.

En el extremo del egoísmo, lo único que persiguen algunos es salvaguardar y garantizar su poltrona, si no proteger sus pescuezos amenazados por la justicia.

No tienen que hacer muchos esfuerzos para conseguir este estado de fascinación en el ciudadano. Tan sólo estar atentos a la coyuntura política y acomodar los discursos a las exigencias del día o las expectativas de la red clientelar en la que se apoyan.

Razonan como el afamado humorista, que siempre tenía a su disposición en el armario otros principios pertinentes. No les preocupa incurrir en contradicciones, incongruencias y desmentidos. Les basta aplicar una verborrea desbordante, emplear un lenguaje políticamente correcto y estar al día de los numerosos eufemismos al uso que en cada momento interesa emplear.

Citaré, solo a modo de ejemplo, el calificativo sostenible. Todo se califica de sostenible, hasta el parcheo de las calles, porque el ciudadano ha tomado conciencia de los riesgos ecológicos que afectan al medio natural. No importa que el hecho calificado no tenga nada que ver con el concepto científico de sostenibilidad: característica imprescindible del desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer el de las generaciones futuras.

Como el ciudadano tiene flaca memoria para estas cuestiones, esperan que no recuerde con exactitud cuáles fueron las actitudes políticas o el contenido de los discursos mantenidos en ocasiones anteriores. Esto explica que la mentira y la inconsistencia conceptual se hayan convertido en la herramienta más poderosa de la acción política actual. La mentira, que todavía repugna al ciudadano, soporta los discursos políticos y se convierte en contenido habitual de los mensajes dirigidos al ciudadano pasmado. ¿Recuerdan el vulgar argumento desleal “no es no y que parte del no ha comprendido”, esgrimido para evitar el gobierno del partido ganador?

Quien en su día lo consideró una genialidad política, reclama ahora lealtad constitucional para salir del atolladero en el que se ha introducido por su ambición personal con la ayuda de partidos desleales a la Constitución Española. Y solo es un ejemplo. Asombroso.

El Gobierno Foral no va a la zaga. Ser distintos pero no de peor condición que otros españoles siempre ha sido un principio de gestión inteligente en Navarra. Ahora, el Gobierno, olvida este proceder y se resiste a devolver el IRPF cobrado por las prestaciones de maternidad. Echa la culpa a la oposición y tira hacia adelante. Es otro ejemplo. Pasmoso.


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