Opinión / A mí no me líe

Mi visita al Parlamento de Navarra

Por Javier Ancín 27 enero, 2017 - 7:30

Más que pensar en el flequillo de Maiorga, mi cabeza se va a las dos nuevas canciones que escuché ayer de Los Planetas.

Pleno del Parlamento de Navarra. Uxue Barkos y Maiorga Ramirez. IÑIGO ALZUGARAY
Pleno del Parlamento de Navarra. Uxue Barkos y Maiorga Ramirez. IÑIGO ALZUGARAY

Me meto a tomar un café antes de enfrentarme a la prosa, pido la clave del Wi-Fi y me pongo una canción de Viva Suecia en el iPad. La mañana viene cañera, hay que llevar los oídos con ecos de cosas agradables: voy de visita al Parlamento de Navarra y me parece que me va a aburrir como una ostra con lo que voy a escuchar allí.

Es lo que tiene escribir solo para irme luego de conciertos, que más que pensar en el flequillo de Maiorga mi cabeza se va a las dos nuevas canciones que escuché ayer de Los Planetas. En fin, más triste es de robar o de ir a votar sí, no, yo qué sé, a un gesto del portavoz del grupo. Bueno. Al lío. DNI y para adentro.

Me siento como cuando iba al Sadar de pequeño con mi padre. Pero ahora yo soy mi padre, Luke, porque a él el fútbol tampoco le gustaba como a mí no me gusta ya la política. Iba a ver el ambiente, obligado por quien escribe, como yo hoy me obligo para lo mismo. Yo voy a ver hoy a los políticos de los que la mayoría no sé ni su nombre solo por verlos en su ambiente, escribir algo, ganar pasta y pillarme el abono de Low Festival del veranito en Benidorm, que tocan Los Planetas.

Me sorprende que esto alguien lo haga por afición, lo de escribir sobre política navarra, digo, como todos esos comentaristas amateurs que pululan por los periódicos cargaditos de odio llamando fachas a todo el mundo. Benidorm, mi tierra soñada. No pienso en otra cosa. Desde que Iñaki Uriarte en sus "Diarios" elevó ese pueblo infecto a categoría literaria, no me avergüenzo de confesar que a veces yo también paro por allí, a ver a la familia.

Lo primero que he hecho al entrar es dejar las cosas en la tribuna de invitados, escuchar dos minutos cómo alguien de Geroa Bai lee un papel, mal leído, sobre el euskera, aburrirme ya desde el primer segundo con el monotema e irme al bar. Más vale que en el mundo hay bares, los bares nos salvan de todo, incluso de los políticos nacionalistas. Deberían prohibirles la entrada en ellos, y sobre todo en el del parlamento, para tener reductos de tranquilidad mental los visitantes que pasamos de tanta religión.

El café en el parlamento vale un euro. Dato que interesará sobre todo a Pichón, para cuando me escriba su prometido artículo, que me vendría muy bien para dentro de unas semanas, por cierto, que tengo un par de conciertos por Madrid y no voy a poder estar atento al monotema entre ir a la barra, las cervezas y la música.

Lo que más me ha llamado la atención es el efecto curioso que crea la falta de todas las banderas europeas en el edificio. Al faltar el pendón europeo se crea una sensación más cercana al NoDo, como a otro tiempo remoto, que a una atmósfera de una institución actual. Aznárez, adalid del antiguo régimen por acción u omisión, qué cosas. Si hubiera dejado el azul se habría diluido más la atención entre las banderas, pero así, el efecto es el contrario al deseado por la podemita-nacionalista, valga la redundancia. Parece un canto a la autarquía. Si al menos hubiera sido la canción “Los tecnócratas” de los Punsetes, algo habríamos ganado, pero ni eso. Le ha salido la identidad que añora por la culata por hacerse una foto de la que ya nadie se acuerda.

Prometo venir otro día a escuchar de qué se habla aquí, que para variar, como en la universidad, primer día de curso y no he entrado en clase y ya se me ha acabado el folio. Y a hablar sobre Maiorga, ese dandi, el más pijo de todos los que he visto, con ese aura de estrella británica de rock. He estado a punto de pedirle un autógrafo y preguntarle que a qué hora y día toca en el festival de Benidorm. Y eso es todo. 


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