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Opinión / A mí no me líe

A la vida hemos venido a veranear

Por Javier Ancín 14 julio, 2021 - 9:36

Decía Fel, un tuitero hedonista y misterioso al que le gusta el ciclismo antiguo y los toreros como los de antes, que a la vida hemos venido a veranear. 

Una playa. ARCHIVO
Una playa. ARCHIVO

No puedo estar más de acuerdo. Y aunque todo cambia con los años que vas cumpliendo, la esencia de estos días estivales es la misma. De aquellas juergas juveniles en las discotecas de la playa hemos pasado a salir hoy a las siete de la mañana a correr una hora contemplando el mismo mar, logrando la misma felicidad más pura posible, la que nace del deseo de que aquí nada malo puede pasarte.

El veraneo es un espacio en el tiempo donde buscamos suspender las desgracias de la vida. Incluso la vida misma. No me moleste estos días, no estoy para nadie. Levitando como en un líquido amniótico primigenio, con la realidad amortiguada, con la existencia flotando sin brusquedades, para disfrutar de la tibieza de la nada. Uno se va de vacaciones para dejar de recordarse constantemente que es mortal y dejarse llevar por la serenidad del placer discreto, personal e íntimo. 

Podría estar aquí para siempre, pensaba el otro día mientras corría por el paseo marítimo de Málaga de par de mañana. Dejar que cayeran los kilómetros frente a esta bruma que filtra un sol que nace amortiguado y que va definiendo la costa con una precisión de punta de tocadiscos sobre el surco del vinilo, pero sin avanzar ni un metro, eternamente... para qué. Todo es perfecto así, ahora, aquí

Se preguntaba el abad Virila antes de recostarse a sestear escuchando un pajarito en una fuente cercana al monasterio de Leyre qué es la eternidad. La eternidad es ese instante... justo antes de levantarse y volver, llamar a la puerta y comprobar que habían pasado 300 años desde que había salido a pasear.

Pero desgraciadamente no podemos detener el tiempo y aunque alargues la carrera de ida hasta el kilómetro seis, siete... tarde o temprano hay que darse la vuelta y volver. Pero sin dramas, es el precio que hay que pagar y se hace gustoso. Son las reglas y ya no duelen.

Si toda la trilogía de Matrix se justifica por esos 5 segundos que consiguen ascender Neo y los suyos por encima de las nubes, para ver el cielo azul, antes de descender a plomo hacia el desastre, cómo no vas a aceptar este eternidad que ha durado más de media hora... con su media hora larga de vuelta de aterrizaje suave frente al desayuno.

Anda... acabo de caer. Hoy es día 14 de julio. El ya tradicional no pobre de mí

Hace años, parecía que el verano comenzaba cuando se terminaban las fiestas. Este año algunos ya llevamos de veraneo prácticamente un mes. Los sanfermines eran un tapón que ahora ya disuelto ha dejado una estación inconscientemente mucho más larga. 

¿Y si devolviéramos los Sanfermines a septiembre, como eran originalmente? A lo mejor estirábamos el verano, que a fin de cuentas es de lo que se trata la vida, de veranear hasta que ya lo hayamos exprimido del todo. Irnos con la satisfacción del deber cumplido. 

Fui feliz y lo fui tomándome una cerveza de noche en una terraza en camiseta, porque como cantan Los Planetas, no hacía nada de frío. Y eso es todo. 


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