Opinión / A mí no me líe

A veces me preguntan cómo es Navarra

Por Javier Ancín 30 noviembre, 2018 - 8:16

Es recurrente. Cada vez que me preguntan sobre Navarra, me quedo en blanco. No soy capaz de recomendar un restaurante o un simple pueblo para visitar, por ejemplo, como para definirla, improvisando además. ¿Que cómo es Navarra? Yo qué sé...

Uno de los momentos más icónicos en Pamplona y Navarra, el lanzamiento del Chupinazo que da inicio a las fiestas. ARCHIVO
Uno de los momentos más icónicos en Pamplona y Navarra, el lanzamiento del Chupinazo que da inicio a las fiestas. ARCHIVO

Yo, como Montano, que escribe en la casa madre, El Español, y lo comentaba hace unos días por tuiter, utilizo esa red social como bloc de notas. Se me ha perdido la Moleskine hace tiempo y no he tenido tiempo de buscar otra libreta. También como contenedor de fotos lo uso, que las pierdo tan rápido como pierdo los iPhones. O los rompo.

Montano es malagueño, y por lo tanto, más sabio que yo. En algo se tiene que notar que tienen en Andalucía a Cádiz, la ciudad más antigua de Europa, fundada hace tres mil años, por eso lo relata todo con más ironía, también con más gracia. Yo, por mucho que intente disimular, por mucho que viva un poco allí y un poco más allá, itinerante, como las cortes de reyes de antaño, como los titiriteros de antes de ayer, por muy sofisticado que me crea recorriendo en moto Malasaña, soy de Pamplona.

Y lo asumo, estoicamente, mientras me quito el casco que aún en invierno me hace sudar, a veces como una pena, otras, simplemente con pena. Joder, yo soy un neoyorkino encerrado en el cuerpo de un... de un... ¿cómo se llaman a los habitantes de Pamplona?

Mi fórmula es de Pamplona, a secas, sin particularidades. Los gentilicios pamplonés y pamplonica, por algo que nunca me he parado a analizar realmente, me chirrían. Sobre los gentilicios en euskera me gustaría decir algo, pero como los cambian cada año, todos los chupinazos utilizan uno diferente, no tengo opinión porque me pillan muy lejos. Los gentilicios en euskera siempre me han parecido más ajenos a Pamplona que un cura de Lekeitio perdonando los pescados, en penitencia, nunca mejor dicho, echándole unos rezos a San Manes.

Irunsemen o algo así, que no sé cómo se escribe -el euskera es más de tradición oral-, me gustaba por escatológico, pero supongo que lo habrán dejado de usar para que no les acusen de machistas, porque hace tiempo que no se escucha. Vamos, que tiene mala rima y hasta eso es hoy sospechoso.

Frenemos, hagamos balance de daños, que a veces esto se nos dispara y entre una cosa y otra perdemos todos, yo el primero, los referentes. Soy más peteuve que el gris que nos come el alma por los zancajos 11 meses y medio al año en esta ciudad. Tan es así, que siempre me sale el ramalazo tosco en cuanto bajo de nuevo a la tierra y en alguna conversación, resignado, digo, que sí, que soy de Pamplona.

Ese hablar y escribir como sin arar, como levantándome el faldón y enseñando la chorra, que es como nos describen en el Códice Calixtino hace casi mil años, lo hago mío en cuanto me descosmopolitizo para entrar en en los temas domésticos.

A lo que iba... ahora que se acerca el día de Navarra, y mi santo -aunque soy ateo se aceptan felicitaciones y donativos para la conversión de mi alma- solo quería dejar aquí hoy un tuit que escribí el otro día sobre el asunto del ser o no ser navarro. Un tuit de los que compones pensando en desarrrollar pero que mejor lo dejo como está, para que no pierda la esencia que lo hace, a mi entender, definitivo. 

Ahí va: ¿Que cómo es Navarra? Pues mira, suelo contestar, Pamplona tiene una empresa que es la mejor valorada en su ramo de todo España y el Gobierno de Navarra y el Ayuntamiento de Irroña quieren que se vaya a Madrid.

Y eso es todo.


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