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Opinión / A mí no me líe

A Txibite le da igual si te sacan un ojo

Por Javier Ancín 14 enero, 2022 - 10:16

A los jóvenes los están cazando por la noche: robos, agresiones, palizas, huesos rotos, a uno le acaban de sacar con veinte años un ojo para siempre.

Una de las imágenes más impactantes que se me han quedado grabadas de esta pandemia fue la de ver varios coches de la policía de Txibite, los forunzainpollas, a las ocho/nueve de la tarde del verano, metidos por el césped del parque de Yamaguchi.

Me quedé mirando porque pensé que había pasado algo gravísimo, algún delito terrible, algún acto completamente salvaje para que los policías fueran dejando rodaduras por la hierba, temerariamente, en una zona donde podrían atropellar desde niños pequeños jugando con las hormigas hasta alguien tumbado mirando el cielo del atardecer. 

Yo he hecho muchas veces eso, lo de tirarme en el suelo de ese parque, ponerme los auriculares, aislarme de todo lo que me rodea a ver pasar nubes o medio dormitar con los ojos cerrados pensando en mis cosas. Tiene que ser un dispositivo a la desesperada, pensé, para arriesgarse a que algún despistado como yo, sin darse cuenta, se pueda levantar hacia el lado equivocado donde pasa el coche patrulla, porque no espera que por ahí, rodeado de césped, puedan pasar unos policías motorizados llevándoselo puesto de calcomanía. 

Mi decepción fue mayúscula cuando me di cuenta de que lo único que estaba haciendo la policía de Txibite era acorralar a grupos de inofensivos chavales que estaban en tranquila charla. Aburridos porque no había nada que hacer, todo estaba cerrado en aquellas fechas, eran hostigados por la policía foral porque no podían estar más de cinco o seis o algún numero absurdo así -impuesto por Txibite o por quien manda en Txibite, Urkullu y Sánchez-, reunidos en un corro comiendo gominolas. 

Ah, la policía, alguna vez habrá que hablar de sus heroicos actos durante esta pandemia, sus grandes hazañas bélicas como asaltar casas tirando la puerta abajo con arietes porque había voces dentro, disolver a adolescentes en parques o multar a padres con críos que se tiraban en trineo por las laderas nevadas un día de reyes porque habían cruzado ilegalmente, oh, Dios, mío, vamos a morir todos, la muga entre provincias. 

Cumplimos órdenes, dicen para justificarse, pues no dejen de cumplirlas pero exijan a sus representantes sindicales que pongan el grito en el cielo por tener que cumplir estas mamarrachadas contra ciudadanos inofensivos, que yo personalmente no oigo nada.

Hoy, a esos mismos jóvenes, los están cazando por la noche: robos, agresiones, palizas, huesos rotos, a uno le acaban de sacar con veinte años un ojo para siempre, háganse cargo del drama que es eso... y Txibite y sus socios aberchándales no es que no hayan montado un dispositivo policial para protegerlos con el mismo celo que montaron el de disolver peligrosas manifestaciones de comedores de pipas, es que están acusando de xenófobos a los que denuncian con nombre y apellidos, es decir, menas, estas brutalidades que están ocurriendo en la noche pamplonesa. 

Lo de que los socialistas y aberchándales vayan con el agresor y no con la víctima es ya un clásico de su ADN ideológico. Y eso es todo.


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