Opinión / A mí no me líe

La reserva Euskoapatxe

Por Javier Ancín 05 octubre, 2016 - 7:45

Ayer domingo por la noche, escribo cuando puedo, estaba para cazadora. Todo va ocurriendo de una forma tranquila, disimulada, hasta que ya no hay remedio y tienes que volver a casa a por la chaquetica porque ya ha refrescado. ¿Cuándo se nos jodió el verano?
 

¿Y cuándo Pamplona fue apartada de las comunicaciones, pese a estar situada en un punto geográfico estratégico, mandando el tren hacia Euskadi y el bus hacia Logroño? Lo de Logroño es comprensible porque son unos españolazos que miran por su interés riojano, pero los otros... ¿qué son? ¿Hermanos o hermanastros? ¿O que nos consideran? Sospecho que quizás unos primos

¿Cuándo cojones se nos jodió Pamplona, camino ya sin solución hacia un aislado Port Aventura del nacionalismo vasco para enseñar a las visitas pijas del festi de cine donostiarra o del bilbaíno Guggenheim?

Mira, los vascos fetén, los boronos de la txapela por la calle del Karmen con su riñonerica. Qué naburricos son los naburricos, qué graciosos, sácales una foto, cómo guardan nuestras esencias. Eu. Más majos. Otra foto, ponte. Hala, volvamos al Bilbao del siglo XXI, al despacho de Sabin Etxea en los jardines de Albia (pronto ya jardines de AVE o ABE), que hay que presionar al gobierno de Madrid para que nos haga rápidamente el tren de alta velocidad en las tres, repito, las tres capitales vascas.

Pamplona para esta gente que nos manda es una reserva de «euskoapatxes» de pega que dice que para qué queremos tren (a Madrid por Vitoria). Un «euskozoo» pintoresco y lánguido del que no poder escapar jamás (a Francia por Bilbao).

Nos necesitan atrasados para seguir levantando el perdón de que son diferentes, ancestrales, trogloditas, en sus negociaciones de las competencias. Y los infelices de Pamplona felices en su jaula de las fieras, es un decir, porque qué-bien-se-vive-en-Pamplona. A lo mejor nacimos jodidos. Yo qué sé.

Mientras doy vueltas a por qué Pamplona es ya una agujero negro en mitad de territorios que van como un tiro, miro cómo un tuit que había escrito se dispara por encima de los 1000 retuits: «La izquierda dice a las víctimas que olviden y a los nietos de las víctimas  que recuerden. Algo no cuadra en estos imperativos».

Concluyó lo de siempre, que de poner tuits tampoco se puede vivir, pero te lo pasas bien cuando estás sobre la ola. Los masajes de ego a los escritores nos vuelven locos y de paso te sientes un poco menos solo en este lecho del dolor congestionado. Ay...

Pongo tuits en pijama que a veces dan la vuelta al mundo por Twitter y toso. Todo de forma espléndida. Parezco el golazo que Sergio León marcó para Osasuna contra Las Palmas tras un par de regates en el área de los tosidos. De toser tampoco se puede vivir. Me siento frustrado porque de lo mío, de lo que mejor se me da hacer, no puedo ganarme la birra.

Al menos me podrían subvencionar y así podría ir de cole en cole dando charlas a los niños que buscan nuevas salidas profesionales. Niño, tose. Con flema llegarás más lejos, como el sindicalista con el que me he topado esta mañana. 22 años en la misma empresa y ahora está en excedencia, ponía en su bío. Eso es estabilidad laboral, pienso, y echo cuentas. A este le ha pillado al menos los ocho años de Aznar, los ocho de Zapatero y los dos, uno en funciones regalado por la izquierda, de Rajoy. Y los mil de UPN entre Sanz y Barcina.

Y aún se queja, tú, ahora que gobiernan los euskosuyos que le van a colmar de leche y miel. Para que luego digan que la crisis nos ha pillado a todos. Me acuerdo entonces de un consejo que me dio mi padre cuando me saqué el carnet de conducir. Hijo, si te encuentras con un accidente de tráfico no atiendas al que más grite porque casi seguro que es el que menos lo necesita.

Pues eso, que algunos gritan mucho y otros nos comemos el paro de grandiosa duración en silencio. Pero tranquilos, que mañana hay juevincho o juevintxo o me-cago-en-su-puta-madre-qué-bien-se-vive-en-Ramplona-Irroña-copón-incho-o-intxo. A ver si se me baja la fiebre, que me enciendo. Y ya, ya sé que se ha puesto a hacer calor en la calle cuando leas esto, por joderme el artículo. Puta ciudad, chico.


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