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Opinión / A mí no me líe

Por qué Pamplona es tan aburrida en verano

Por Javier Ancín 27 julio, 2022 - 10:54

Una constante curiosa siempre aparece como freno, como tope, como perpetuo sujeto activo para que todo se vaya en Navarra a la puta mierda, su puta mierda.

Pamplona es un muermo... y en verano ni te cuento. Aquí todo se fía a los Sanfermines, que como ha quedado demostrado este año son más de lo mismo. Que bien, vale, otra vuelta, vueltica, pero sin mucha historia que reseñar, salvo el afán por reventar la fiesta que tiene el aberchandalato.

¿Y este muermo de dónde viene? Una constante curiosa, da igual el tema sobre el que indagues, siempre aparece el aberchandalato como freno, como tope, como perpetuo sujeto activo para que todo se vaya en Navarra a la puta mierda, su puta mierda. Cada intento por poner en pie una iniciativa que no controlan, que no tiene como principal objetivo su objetivo ideológico, que descarrile.

Por ejemplo, la última. Tenemos el heroico festival de Flamenco on fire al final de agosto, cuyo apoyo institucional aberchándal más sonado fueron las burlas públicas de Barkos cuando era concejal en Pamplona. ¿Pamplona capital del flamenco? Por favor... con esa soberbia tan suya, acompañada de las risas de rigor, para remarcar la humillación antes de irse con el mentón estirado y dándoles la espalda. Afortunadamente resiste, cosa que no pueden decir lo mismo otros intentos por salir del aburrimiento vital navarro.

Este año se cumplen 50 años del hito cultural más importante que se ha celebrado en Navarra en toda su historia, los Encuentros 72. Unos 400 artistas de todo el mundo se concentraron principalmente en Pamplona aquel verano bajo el paraguas de los Huarte. Fue tan grandioso aquello que lo glosaron en infinidad de cabeceras de la prensa internacional.

Un congreso artístico tan vanguardista fue aquel que consiguió el hecho insólito de que le pegaran a la vez el franquismo, torciendo el morro, y Eta, metiéndole, cómo no, primero un bombazo y segundo secuestrando a su mentor, Felipe Huarte. Adiós a un proyecto cultural puntero en Pamplona con vocación de pervivencia. Después de aquello, la familia tomó nota y se retiró de la primera línea intelectual modernizadora de la comunidad, que os den por saco, ahí os quedáis con vuestra ciudad de tercer orden.

Pasados los años, ya en los ochenta, otros valientes se inventaron para el verano del eterno tedio los Festivales de Navarra. Esta propuesta de cultura refinada que se intentó poner en pie en Navarra nunca interesó tampoco a la aberchandalada. Ellos necesitaban otra cosa para tener entretenida a la juventud bajo su monserga y se inventaron una propuesta para oponerse, que os sonara a todos porque ese es el esquema de todas las fiestas que tenemos hoy, ‘Martxa eta borroka’.

Esa fue la apuesta del aberchandalato. Bien de alcohol chungo en vaso de plástico y a mansalva, cutres barras, carpas de más plástico, mucha ikurriña y pancartas de más y más plástico, y todo de aquellos grupos que estaban a sueldo de las concejalías aberchándales, auténticos funcionarios culturales con k, de lo que algún iluminado dio por llamar rock radical vasco y que no dejó de ser nunca el sistema, el eterno y aburrido sistema.

No podían permitir que la ventana se abriera, una vez más, y entrara aire fresco en la sociedad que barriera su proyecto con olor a rancio de tan cerrado herméticamente como era y es. Y en esta eterna rueda seguimos, un verano más, aburridos como ostras. Y eso es todo.


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