Opinión / A mí no me líe

El PSN de Alzorriz se va de juerga

Por Javier Ancín 19 agosto, 2020 - 9:45

El autor compara la bronca de la consejera Induráin a los navarros con las vacaciones de Ramón Alzórriz, secretario de organización del PSN y portavoz del grupo socialista en el parlamento de Navarra.

El socialista Ramón Alzorriz, en su llegada al Parlamento. PABLO LASAOSA
El socialista Ramón Alzorriz, en su llegada al Parlamento. PABLO LASAOSA

Si algo me molesta desde que soy adulto es que alguien con más poder o rango o posición me eche la bronca.  No lo soporto. Mire, señora Santos Indurain, deme normas y sancióneme si no las cumplo, pero no me venga con chorradas. No es ni mi padre, ni mi madre, ni yo soy un crío al que hay que reconvenir porque ha roto un cristal jugando a fútbol donde no debía.

Si he infringido un reglamento, póngame una multa y déjeme en paz y si no me he saltado ninguna ley, no me la ponga y déjeme en paz también. Ante todo, si tiene autoridad, no me de la turra, no me sermonee, no me suelte su discursito moral y si no puede evitarlo, si su necesidad de dar el coñazo es irrefrenable, empiece por su compañero de partido, el secretario de organización del PSN y portavoz del grupo socialista en el parlamento de Navarra, don Ramón Alzorriz Goñi, también conocido, a secas, como Coronalzorriz.

Mientras nos abroncaba la consejera de sanidad, este no es un verano más, hay que restringir las reuniones privadas, soltaba con la vena hinchada, porque poco más o menos nos contagiamos y morimos por joder a Txibite y su gobierno -de que seamos la comunidad con el porcentaje más alto de personal sanitario infectado tras el confinamiento también será culpa del sufrido ciudadano, digo yo-, Coronalzorriz, ese genio socialista del decoro y el saber estar, -por los cojones-, de la oportunidad perdida para callarse y no hacer el ridículo a dos carrillos, se paseaba por las playas de Cádiz, disfrutando de la vida, porque para él sí que era un verano cualquiera.

Si lo sabemos es porque con su infinita inteligencia, Coronalzorriz y varios de los allí retratados, uno con candadito solo para sus seguidores y algún otro de forma pública, consideró que era buena idea colgarlo en Instagram para que lo disfrutáramos todos.

La cuadrilla sonriendo apoyada en una pila de tablas, torso desnudo, hombro con hombro, obviamente sin mascarillas, bien prieticos para que nadie se quede fuera de cuadro. Botellón cuarentón cervecita canallita en mano por la costa gadiatana, a 1000 kilómetros de su puesto de responsabilidad Coronalzorriz. Con sus tatus de jugador de fútbol de segunda b que no se ha metido ni en fase de ascenso. Gestito surfero con los deditos, guau, 47 años de maromo, de sin vergüenza. No perdona seguir de vidorra ni en el año que se le han muerto a su partido 30.000 ancianos en las residencias. No perdona la farra ni cuando la pandemia sigue aquí pegando fuerte, haciendo de Navarra una de las tres peores comunidades de España.

Siento debilidad por esta fauna de impresentables a lo que les he visto crecer y desbarrar en los bares de la noche pamplonesa y que ahora van de diligentes dirigentes, cuando todos sabemos que a lo que más se parecen es a uno de esos estafadores cutrillos de las películas que se ponen un traje entalladito para clavártela hasta la bola. Buscavidas muertos de hambre con pulseritas de cuero y corbatita fina. Políticos de diminutivos, políticos de grandes cagadas. Esa es la generación de cargos públicos de los Coronalzorriz del siglo XXI, el mono con los platillos dentro de la cabeza hueca de Homer Simpson.

Mientras tú te consumes como un musgo en una Pamplona gris, este verano para colmo está siendo lluvioso hasta la depresión profunda, mientras tú eres responsable y te jodes y no te vas de fiesta a comer paellas con tus colegas como otros veranos, ellos se sacan fotos y te restriegan por los morros sus sonrisas y su poderío.

No se conforman con disfrutar de lo contrario que nos predican, necesitan enseñárnoslo, necesitan que sepamos quien manda y quien obedece. Necesitan que no olvidemos nunca quienes son los privilegiados y quienes los pringados. Qué puta banda... y a estos no los abronca nadie, ni sus votantes. Joder, qué suerte. Y eso es todo.


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