Opinión / A mí no me líe

Una película de terror

Por Javier Ancín 14 agosto, 2020 - 9:19

Acojona la precariedad de la vida, lo fácil que todo se va a la mierda y que no podemos hacer nada por evitarlo.

Un paciente es sometido a una escáner en un hospital. ARCHIVO
Un paciente es sometido a una escáner en un hospital. ARCHIVO

Sigo impresionado. Este año no va a privarse de ninguna crueldad. Tengo un conocido -no sufran, no es mi amigo, solo hemos comido en la misma mesa tres veces. Sé de él por otros que sí las están pasando putas-, que unos días después de que se terminara el confinamiento, se desmayó por la calle, lo llevaron al hospital y cuando despertó, le dijeron que un tumor cerebral le había sentenciado a muerte antes de que terminara el año. Tres meses le quedan de vida.

Si quieren más drama al drama, hace un 14 meses que fue padre por primera vez. No tiene ni 45 años. La historia es una auténtica película de terror. Nada extraordinario, por otra parte.

Tranquilos, no me lee, vive en Francia y no sabemos ni nuestros apellidos ni a qué nos dedicamos. Esto solo lo escribo para exorcizar la angustia que me invade desde que me lo contaron hace unos semanas.

Acojona la precariedad de la vida, lo fácil que todo se va a la mierda y que no podemos hacer nada por evitarlo. Es inoperable. Como mucho podemos alargarte con radio unas semana la existencia. Un día metes la mano en la bolsa, extraes la bola y te toca el premio gordo, que no deja de ser el que desapareces, sin más. Pon en orden tus papeles, le insinuaron, porque mañana ya no estarás, el mundo seguirá girando y a quien se quede le costará mucho más trabajo hacerlo. Le constará hacerlo a pesar de la tristeza, porque a lo que se referían es a las trabas administrativas.

No te mueras todavía, vete a todas las ventanillas antes. Es mejor que te pelees tú con el funcionario de turno o el empleado de la sucursal de tu banco del barrio, que cojas tú los formularios y los dejes firmados. Es todo tan extraño.

La vida es tan gris que lo que te recomiendan no es que hagas grandes locuras en estas semanas de prórroga sino lo contrario, que seas ordenado y no causas muchas molestias, que luego alguien va a tener que hacer colas que le podías haber evitado. Pues muy bien. Sí, ya lo sé, todos lo sabemos, que vamos a morir, pero cuanto sacas el concepto inevitable del mundo abstracto y lo particularizas me resulta de una crueldad insoportable. La vida no te deja darte importancia ni cuando la cascas.

Recuerda con toda la guasa del mundo Woody Allen en sus memorias de reciente publicación, que comiendo con Arthur Miller en Oviedo el año que a los dos les dieron el premio Príncipe de Asturias, el dramaturgo le confirmó con toda precisión que, en efecto, la vida carecía de sentido.

Yo podré citar de aquí en adelante a Woody Allen citando a Miller, que sí, es verdad,  la vida es completamente absurda. La mires y la cojas por donde quieras no tiene ningún sentido y yo, al menos, no tengo ni puñetera idea, quizás sea también por mi condición de ateo recalcitrante, ni para qué sirve.

En cualquier caso valga este “memento mori” para no olvidar que la vida es ahora y que la vida es urgente, y que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Creo que el único alivio que puedes encontrar cuando toque bajar el telón es acostarte y abrigarte con los recuerdos de que has vivido mucho y has vivido bien, a tu manera, como la canción de Sinatra. Y díganle que le quieren a esa persona a la que quieren, anda, no sean siesos, que mañana puede que sea tarde para siempre.

Otro día frivolizaremos con el gobierno y la política, hoy no me salía. Y eso es todo.


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