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Opinión / A mí no me líe

Odio eterno al fútbol viejuno

Por Javier Ancín 21 abril, 2021 - 9:42

La Superliga no ha sido nada porque ha desaparecido antes de ponerse en marcha, el viejo sistema ya sabemos lo corrupto que es.

Partido entre Osasuna y Elche disputado este domingo en el estadio de El Sadar de Pamplona. AFP7 / Europa Press
Partido entre Osasuna y Elche disputado este domingo en el estadio de El Sadar de Pamplona. AFP7 / Europa Press

¿Qué será el fútbol romántico? Me preguntaba ayer viendo viejas fotos del campo de San Juan, donde los espectadores iban mejor vestidos a disfrutar los matches, porque entonces el partido se llamaba match, estaba lleno aquello de anglicismos, que hoy los invitados de muchas bodas.

La reivindicación del fútbol romántico, qué será eso que llevamos escuchando tres días, desde que anunció Florentino la creación de una liga europea ajena a la UEFA, como si la UEFA y la FIFA de los sobornos y las adjudicaciones de mundiales de fútbol al mejor postor, fueran el paradigma de los valores a salvaguardar. ¿El mundial de Qatar de los 6.500 obreros muertos que lo están construyendo es el fútbol romántico?

La Superliga no ha sido nada porque ha desaparecido antes de ponerse en marcha, el viejo sistema ya sabemos lo corrupto que es. ¿Tengo que recordar el grito que se ha escuchado durante años en el Sadar de "competición manipulación"? Asombrosamente, en defensa de esa competición han salido ahora los aficionados que ayer no paraban de gritar contra ella.

Se van a cargar la liga, escuché decir a algunos desde el otro lado de la muga. ¿La liga de dónde, la española, esa liga de ese país del que te quieres ir? Eliminemos España pero dejemos su liga... y sobre todo mantengamos su himno, supongo, que algo hay que pitar cuando jugamos sus finales. Curioso que aprovechando este río revuelto no haya salido nadie a reivindicar la creación de una liga vasca, por ejemplo, o catalana, o euskatalana. Qué mejor oportunidad para independizarse de la FIFA, crear tu liga catalana, por ejemplo, y jugar el Barça la Superliga europea. Pues no. Nadie.

Descartado el fútbol de traje y corbata, que a ese no los veo regresando, ¿a qué otro fútbol se referirán cuando hablan de romántico, al de los años setenta y ochenta del siglo pasado, donde se protegía más al animal con guadaña que lesionaba, que partía huesos, esto es cosa de hombres, viril, que al genio que intentaba poner algo de espectáculo en ese campo de minas? Sigan, sigan, esa amputación es un lance más del juego.

¿A qué gradas querrán regresar románticamente, a las jaulas que tuvieron que poner para que no hubiera muertos y aún así los hubo? De las cosas que más me impresionó de chaval fue la muerte de un niño en las gradas de Sarriá por el impacto de una bengala en el pecho. ¿A Heysel, donde la UEFA jugó una final sobre 39 muertos porque no quiso suspenderla? ¿De qué fútbol hablan? Bajar al campo se convirtió en un acto suicida, no era ir a ver un espectáculo, era ir a la guerra. Cuando le arrastraba a mi padre a un partido -a mi padre el fútbol nunca le ha dicho nada-, mi madre se quedaba en casa preocupada porque cuando no había follón, había follón y medio.

En los tiempos en los que yo jugaba a fútbol federado, allá por el Pleistoceno, los campos eran infames. Un rectángulo tan lleno de barro que no te veías ni las botas y aún llevando tacos de aluminio, recuerdo haber ido a Francia a pillarme unos de rugby, aún más gordos que los que se encontraban por aquí, era prácticamente imposible mantenerse en pie. ¿Ese es el fútbol romántico de los aficionados? ¿Quitamos entonces los campos de hierba sintética, donde prácticamente juegan todos los cadetes de hoy, para devolverlos al fango? Más de una vez llegaba al vestuario tan lleno de mierda que antes de desnudarme me metía en la ducha vestido, calzado y todo, para desprenderme de la primera capa de lodo de encima. Aquel fútbol era una porquería. Yo a aquel fútbol no quiero volver.

Que la Superliga que nunca sabremos ya lo que iba a ser haya traído más poder para quien se ha cargado el fútbol, los estamentos actuales, no parece que haya sido una oda precisamente al romanticismo, pero iremos viendo. Siempre nos quedará el ir viendo. Con estupor, como siempre. Partido a partido. Y eso es todo.


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