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Opinión / A mí no me líe

Ojalá pasen ustedes una Feliz Navidad

Por Javier Ancín 23 diciembre, 2022 - 10:39

"Si a alguien le ofenden los valores de la Navidad, la tradición navideña, que se aparte y no moleste, que quien sobra es él, no la celebración, que debería de potenciarse hasta el infinito".

Encendido de la iluminación navideña 2022 en Pamplona. PABLO LASAOSA
Encendido de la iluminación navideña 2022 en Pamplona. PABLO LASAOSA

Paseaba ayer jueves tranquilamente con mi cucurucho de castañas entre las raquíticas y tristes luces navideñas de Pamplona. La Navidad para los creyentes debe de ser y para los que no creemos en nada, al menos, parecer. Pero aquí no parece, que todo se ha vuelto minúsculo, ridículo.

En alegría no habría que ahorrar nunca, si es que ese es el motivo y no simple desidia. La alegría tendría que ser desbordante, exagerada, siempre. Empezando por las luces. Que se note que es Navidad, que se note mucho.

Tengo un recuerdo inmejorable de mis navidades infantiles, me siento un afortunado. Luego de joven me hice snob y estuve unos años fingiendo melancolía y diciendo que no me gustaban. Hoy que ya soy madurito sin careta, solo con la goma, ya no necesito fingirla, echo de menos a gente pero no me disgustan o al menos ya no haga para que me lo note nadie.

Y sumergido en mis cavilaciones, me di de bruces en la Plaza del Castillo con la carroza del correo real de sus majestades los Reyes Magos de Oriente. Una cola de pequeñajos esperaba con ojos como platos, pacientemente, a subir en ella y entregar a los pajes su carta de deseos.

Esa mirada de ilusión de los enanos es de lo poco que me reconcilia ya con el mundo. Todo adulto solo debería tener una misión en la vida, que esa sea siempre la mirada que tengan los niños durante estas fechas. Si consiguiéramos que cada año haya una cola de niños con esa magia en los ojos, habremos conseguido, por fin, un mundo mejor.

La ilusión no dura mucho, no sé si es triste o no, lo que sí sé, como decía Serrat de la verdad, es que no tiene remedio. Esos niños, si lo piensas bien, dentro de tres o cuatro años, ya no la tendrán con esa intensidad sobrenatural con la que la viven hoy. Tres o cuatro veces más van a poder estar en esa cola con la felicidad desbordante con la que están ahora. Y ya está. Se acabó. Seamos conscientes de ello. Nada es eterno y la niñez mucho menos, que apenas es un suspiro.

Me comentaba hace tiempo un familiar que habían creado un grupo de WhatsApp de antiguos compañeros de cole. Más de 50 años después. Me lo contaba ilusionado, un poco como si creyera poder volver a aquella época infantil, retomar la alegría pura que se siente en esa etapa de la vida.

Unos meses después le pregunté qué tal y me contestó que se había salido. No quise indagar más porque se le notaba fastidiado. La vida es hoy y algunos recuerdos buenos. Démosles a los enanos esos buenos recuerdos ahora que aún es posible. Luego, muy pronto, ya es demasiado tarde para volver atrás e intentarlo porque no funciona nunca. Los adultos tampoco tenemos remedio...

Ojalá pasen todos ustedes una Feliz Navidad y si a alguien le ofenden los valores de la Navidad, la tradición navideña, que se aparte y no moleste, que quien sobra es él, no la celebración, que debería de potenciarse hasta el infinito. Y eso es todo.


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Ojalá pasen ustedes una Feliz Navidad