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Opinión / A mí no me líe

La niñita ensangrentada abandonada por el PSOE

Por Javier Ancín 23 noviembre, 2022 - 8:58

Hoy celebran los aberchándales que atentaron contra esa niñita que por fin, después de muertos y más muertos, de muchos muertos, centenares de muertos, muchos de ellos niños, han conseguido que el PSOE eche de Navarra a quien la lleva en brazos, permitiéndoles elegir hasta la fecha exacta.

Un agente de la Guardia Civil ensangrentado, José Gálvez Barragán, lleva en brazos a una niña herida en el atentado contra la Casa Cuartel de Vic./ PERE TORDERA
Un agente de la Guardia Civil ensangrentado, José Gálvez Barragán, lleva en brazos a una niña herida en el atentado contra la Casa Cuartel de Vic./ PERE TORDERA

Hay una foto que me persigue desde siempre. Cada vez que veo sonreír a un batasuno socio del gobierno de Txibite en Navarra pienso en ella. Cada vez que Sánchez y su PSOE les concede una victoria a sus socios aberchándales me viene a la cabeza. Es automático. A veces ya, solo con ver el rojo del logo de los socialistas me salta desde el recuerdo al presente.

Un guardiacivil con toda la cara manchada de polvo y sangre que le chorrea desde la frente camina sobre una calle destrozada, alfombrada de escombros, cristales rotos como sal de un salero derramado, coches reventados. El guardiacivil avanza con una niña de seis o siete años en brazos, protegiéndola contra su pecho. No sé si está viva o muerta en ese momento, lo que está es también ensangrentada, llena de heridas por la cara, brazos, muchas en los brazos, piernas, muchísimas, alguna parece muy profunda, la falda escolar hecha jirones, medio desnuda, un pie calzado con una zapatilla empapada de sangre, siempre sangre, todo el rato sangre, y el otro parece que destrozado, amputado.

Con el tiempo supe que no era solo una sino que pertenecía a una secuencia de fotos donde aparecen más niños, uno a punto de ser cogido en brazos por su padre, después de lo que parece una carrera aterrada, buscando refugio; otro en un cochecito empujando por su madre a la que abraza su marido, apoyado en ella, parece herido también, con dificultades para mantenerse en pie, tratando de huir de ese escenario de guerra, de ese escenario de terror, de escenario de muerte.

No sería la primera vez que el terrorismo nacionalista vasco metía un bombazo para cazar a las personas que huían y a las que acudían a ayudar, aprovechando el desconcierto de la primera masacre. Bombas trampa las llamaban en la prensa, como si la primera no hubiera sido ya suficientemente tramposa, suficientemente inhumana, suficientemente asesina.

Es Vic. Cataluña. Más o menos las siete de la tarde del 29 de mayo de 1991. La banda terrorista nacionalista vasca ETA acababa de dinamitar la casa cuartel de la Guardia Civil, tirándola abajo, con 200 kg de de explosivo.

Dejaron caer los terroristas aberchándales un coche hacia el interior, aprovechando la pendiente de la calle, y cuando estaba en mitad de un patio repleto de niños que oyeron y vieron, que sabían que estaban ahí, apretaron el botón del mando a distancia y lo volaron todo. Ese día los socios de los socialistas asesinaron a diez personas. Cinco de ellos menores. Un chaval de 17 años, Francisco, y cuatro niñas: Rosa María de 14, Vanesa de 11, Ana Cristina de 10 y Maria Pilar de 8 años. Hubo 50 heridos, la mayoría niños también. A una cría de 8 años le amputaron la pierna. Quizás sea de la que os he hablado. No lo sé.

Hoy celebran los aberchándales que atentaron contra esa niñita que por fin, después de muertos y más muertos, de muchos muertos, centenares de muertos, muchos de ellos niños, han conseguido que el PSOE eche de Navarra a quien la lleva en brazos, permitiéndoles elegir hasta la fecha exacta.

Ayer martes el PSOE dejó tirada para siempre en el suelo, entre los cascotes del atentado, desangrándose, sola, a esa niñita de la foto. Y eso es todo.


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La niñita ensangrentada abandonada por el PSOE