Opinión / A mí no me líe

A Navarra todo los males le entran por la Sakana

Por Javier Ancín 21 agosto, 2020 - 9:06

El autor recuerda cómo se produjo la conquista de Navarra mientras habla del verano.

Un padre con su hijo paseando en una playa. Europa Press.
Un padre con su hijo paseando en una playa. Europa Press.

Decía el filósofo francés, prestigioso pero de reducida difusión, Jean Louis Valenciene, en su obra inédita -circuló únicamente en fotocopias-, y que podríamos traducir por "El verano está para verculos", que la estación estival había que exprimirla por la mañana y bebérsela en las terrazas de medianoche, combinada con ginebra, y en manga corta. Siempre sin chaquetica, porque la chaquetica es la negación de todos los valores de la estación del calor: el exhibicionismo, el sudor, las carnes morenas pero poco prietas, el todo me da igual y el qué a gusto estoy, joder.

En lo que a mí respecta, como ferviente lector del intelectual francés, no puedo estar más de acuerdo. Un verano con mantita en los muslos, no te vayas a enfriar en la siesta, solo es comparable al velo ese de pudor con el que cubrió Danielle di Volterra en 1564, por encargo del papa Pío IV, los huevos y los ciruelos a los santos que años antes había pintado Miguel Ángel en la Capilla Sixtina por petición de Julio II. Papa con nombre de mes de verano, al que los desnudos no le preocupaban en absoluto porque el también iba a calzón quitado.

Me explico, pero poco, porque vamos a obviar que Julio II es el papa que promulga las dos bulas que legitiman la conquista de Navarra, la Exigit Contumacium, que excomulga a los reyes de Navarra, Juan III de Albret y Catalina de Foix y la Pastor Ille Caelestis el 21 de julio de 1512, no vaya a ser que algún borono corra hoy con sus sandalias de velcro y su gorro de pintor de brocha gorda de Gora Euskadi a darle fuego a esa vaticana maravilla de la humanidad. Por cierto, las tropas de Fernando el Católico entran desde su castellana Vitoria (los vascos siempre van con ellos contra nosotros, no lo olvidéis. Hoy pasa lo mismo) dos días antes, el 19 -más verano, más verculo- sin ninguna oposición por esa Barranca de Alsasua que va marcando hoy paquete y son más flojos de pantalón que la canción de Rosendo.

Dicho sea solo como dato ilustrativo. La primera noche las tropas castellanas pararon a cenar en Huarte Araquil y allí gustosos les hicieron la cena, que eso no te lo contará el Boletín Oficial del Noticias. Por una cosa o por otra todos los males históricamente nos entran por la Sakana. Qué cruz.

Yo, en cualquier caso, si es por desnudos, siempre he dicho que me quedaría a vivir en la cadera (el culo, para qué engañarnos) de la Venus del espejo de Velázquez... que también se supone que la pintó en Roma, alrededor de 1650, deslizando mi mano izquierda por su curva praxiteliana, iluminada por toda la la luz del Mediterráneo que este año no hemos podido disfrutar, o tempora, o Salou, o mores, aunque hoy ese cuadro este colgado en un lugar tan sombrío y poco cálido, -brumas y lluvia, mierda puta, lo que se parece ese clima a Irroña-, como el Londres de la National Gallery.

No sé si Velázquez tiene más relación con Navarra que la de haber retratado a Góngora, que por Pamplona sabemos que alguna vez estuvo, no solo para dar nombre al vertedero, sino porque se quejó de las putas campañas de la ciudad, que no paraban de dar el coñazo y no le dejaron dormir una noche víspera del Corpus de 1609, y que un amable escritor anónimo de ripios forales le mandó a tomar por saco, literal, por protestar en casa ajena de las costumbres autóctonas.

En fin... que yo venía aquí hablar de culos y de verano pero al final me he liado, como siempre. Otro día contamos cuál es la forma infalible de reconocer a un naburro en una playa nudista, para el que aún no lo sepa. Ya vale, que lo sabéis todos... pues lo desvelamos hoy: porque es el único que lleva la chaquetica por si refresca. Y eso es todo.


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