Opinión / A mí no me líe

El nacionalismo es el voto de extrema derecha

Por Javier Ancín 03 mayo, 2019 - 9:15

Desde que estuve en Londres una temporada, que me dio por coleccionar toda la publicidad con la que forraban las cabinas rojas de teléfono, no tenía tanto jolgorio encima de mi mesa, tanto tríptico, sobre, papeleta, folletín o como se llame toda esa propaganda. Y a un nos queda las de mayo... la madre del cuto: la cuta.

Acto de inicio de la campaña electoral de Geroa Bai con Koldo Martínez, Anika Luján y Uxue Barkos. IÑIGO ALZUGARAY
Acto de inicio de la campaña electoral de Geroa Bai con Koldo Martínez, Anika Luján y Uxue Barkos. IÑIGO ALZUGARAY

Letras de colores y fotos, muchas. Retratos de caretos feos y grises. Hiciera lo que hiciera, barajara el montón como lo barajara, siempre sobresalían las fotos de Koldo e Innerarity, el tuitero de frasecitas de carpeta clasificadora de 2° de BUP. Ahí estaban, flanqueando a Uxue Barkos con la manica en el bolsillo. Y yo solo podía pensar en ese pasaje de Los Mares del sur de Vázquez Montalbán: “El Bocanegra metió la mano en el bolsillo derecho del pantalón y palpó la ganzúa, apoyada sobre el bulto de un cojón. Se acarició el cojón desde el interior del bolsillo”.

Bocanegra es un mangui de medio pelo a punto de robar un Citroen CX... Koldo e Innerarity, con sus manos en los bolsillos también parecen rascarse un huevo, antes de meternos, seguir metiéndonos, mano a la cartera de todos los navarros y sobre todo, a las madres navarras a las que han robado las retenciones ilegales de su baja maternal, carbones, carbonazos.

La semana pasada, antes de las elecciones, saturado y aburrido de tanto bombardeo, me fui al lugar donde sabía que menos política se respira: Madrid. Madrid es tan grande y con tantos estratos que puedes vivir sin enterarte de que dentro de dos o tres días hay unas elecciones. No sabéis lo que descomprime eso los bronquios para poder respirar mejor.

Salí por patas a Madrid, a librarme de estas mierdas locales, digo, y saqué una foto a la fachada del congreso del que esta vez tampoco formará parte Koldo Martínez y en una de sus dependencias, frente al edificio de los leones, había una exposición de las constituciones que España ha tenido desde la de Cádiz de 1812. Frente al folclore, la ley encuadernada. La ley nos protege a los solitarios, a los que no pertenecemos a grupo de bailes regionales alguno, me dije, y eso también hace respirar con más tranquilidad.

Luego llegaron las elecciones y se confirmó lo que algunos llevamos pensando hace años, que en España el nacionalismo español es residual o insignificante, y que el voto de extrema derecha identitario, insolidario, homogéneo, xenófobo... el nosotros frente al ellos, el de la tribu frente al ciudadano, que se da en Europa, aquí se refugia en los nacionalismos vascos y catalanes: su bandera, su idioma y su forma de ser vascos y catalanes, que solo es una, esa. Y nunca jamás otra.

Ese voto sube, como sube en toda Europa. Malo. La endogamia siempre es mala, se tendrían que mirar frente a un espejo para verlo, pero para eso hace falta tener mucho valor.

Y me bajé paseando frente al Museo del Prado hasta Cibeles, donde terminó hace unos meses aquella manifa indepe catalana sin un incidente. Akelarre nacionalista en el corazón de una ciudad que dicen odiar y ni un incidente, oiga. Tomándola, tomándose el vermut con sus esteladas al cuello por todas sus calles sin que nadie les dijera ni Pamplona.

Vete tú a dar un mitin en Rentería y hay que movilizar hasta al ejército para que los “pacíficos” ciudadanos cargados de odio no se coman a los mitineros.

Y me alegré de sentirme de esta ciudad donde nadie te pide el pedigrí y que es la más libre que conozco. Y eso es todo.


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