Opinión / A mí no me líe

Mierda de año

Por Javier Ancín 12 junio, 2020 - 9:19

Ojalá no perder la compostura y no hacer ruido, ni el ridículo, como la Pasionaria, cuando toque decir adiós.

La lluvia cae en Pamplona durante la crisis del coronavirus. MIGUEL OSÉS
La lluvia cae en Pamplona durante la crisis del coronavirus. MIGUEL OSÉS

La noche es triste. Casi es verano y hace frío de invierno. Fuera llueve y no se mueve nada. Ojalá algún fantasma se dejara notar, como prueba alegre de que hay algo pero no nos visita cada noche más que el vacío. No hay más trascendencia que el silencio. Arriba no hay nadie. Estamos solos. Condenados a ser libres que decía Sartre, porque la vida es una condena, no se nos pregunta si queremos ser echados al mundo, con fecha de caducidad de vuelta al infinito del que provenimos y del que ni nos acordamos al llegar ni nos acordaremos al salir.

Ojalá no ser tan cobarde como la Pasionaria, pienso, que cuando tocó morir, se acojonó tanto que pidió confesarse a gritos. Hugo Chávez, el héroe nuestro de la izquierda loca que nos gobierna, también se hizo rodear de estampitas cuando el “hecho biológico” se volvió irreversible. La visión de la nada convierte a los comunistas en fervientes católicos que piden comulgar a dos carrillos.

Pablo Iglesias no se está muriendo, que sepamos, pero se ha hecho rodear su casa para protegerse de la misma policía que hasta ayer despreciaba. Todos los comunistas acaban igual, haciéndose un traje acolchado con el que intentar para el impacto con todo aquello que decían combatir. Cada vez se le nota más acojonado, más encapsulado, más aislado, más desquiciado. Cuántas caras tiene la muerte, pienso, que hasta en vida se manifiesta y te deja el alma desconchada.

Hugo Chávez murió pegando vivas a la virgen, Pablo Iglesias anda rezando en silencio oraciones a la guardia civil, para que no deje de protegerle, desde su piscina. Virgencita que me quede como estoy.

Pero él no se queda como está, tiene miedo a no terminar su obra totalitaria y frenético trabaja. Hoy, aporafobia... que no sé ni lo que es. Pablo Iglesias salió diciendo que ya no se puede usar porque fomenta el odio.

El odio es una coartada muy de izquierdas. La izquierda cuando quiere atacar la libertad de expresión, cuando quiere limitarla, domarla, desfigurarla, porque en realidad a todos los políticos de izquierda les asusta libertad, lo que dice es que tú discurso genera odio.

El shock postraumatico de este año terrible me ha llegado esta semana, sin avisar, primero con la muerte de Pau Donés, al que no admiraba como arista pero que me dejó helado la soltura con la que hablaba de su fase final antes de la muerte inevitable, y ayer con la desaparición de Rosa María Sardá, de la que recuerdo una última entrevista, hace unas semanas, en la que asumía que se desintegraba, como quien visualiza un cubito de hielo al sol que se derrite hasta que es agua, hasta que es nadie.

Ojalá no perder la compostura y no hacer ruido, ni el ridículo, como la Pasionaria, cuando toque decir adiós.

En fin.

Siempre me pongo melancólico cuando leo biografías, por eso no suelo meterme en ellas, porque si el autor está muerto sabes cómo acaba todo, en un epitafio absurdo, y si no está muerto, como Woody Allen que no me he podido resistir a comprar su libro, esto está acabando ya, que casi es más triste que saber que la agonía ya terminó.

En cualquier caso comprendo por fin su visita a Pamplona, con la excusa del clarinete. Su devoción por Hemingway y su obra. Qué cosas.

Tengo ganas de volver al Prado a renegar con Goya y sus personajes, anoto en mi libreta blanca, que son los nuestros, y tengo ganas de echarme un café tras los ventanales del Londres que dan a la Concha, como un señoro en su butaca viendo el mar cuando despega los ojos del libro en el que anda enfrascado. Un libro de portada negra el de Woody, por cierto. Con tres puntos finales impresos en ella como tres disparos. Merece la pena leerlo.

A ver si sale el sol de una puta vez, ya solo le pido eso al 2020. Que nos mate si quiere, pero que no lo haga en penumbra, por favor, que bastante deprimente está siendo. Y eso es todo.


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