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Opinión / A mí no me líe

Messi, por fin, regresó a Argentina

Por Javier Ancín 19 diciembre, 2022 - 10:35

Y qué maravilla es que tampoco esto que nos agita por dentro, ver alzar la copa dorada hacia el cielo de Maradona, sirva para nada, como la vida.

Lionel Messi of Argentina holding the World Cup and teammates celebrate during the trophy ceremony following the FIFA World Cup 2022, Final football match between Argentina and France on December 18, 2022 at Lusail Stadium in Al Daayen, Qatar - Photo Jean Catuffe / DPPI
JEAN CATUFFE / DPPI / AFP7 / Europa Press
18/12/2022 ONLY FOR USE IN SPAIN

Es extraño el fútbol. Quizás como tantas otras cosas, pero a mí me gusta ese deporte y por eso lo conozco mejor. Tiene más capas de lectura que un volumen clásico en papel cebolla. Si te quedas en la superficie es un juego sin más transcendencia. En realidad como la vida que salvo comer, casi todo lo demás es superfluo. Podría desaparecer todo lo que no comprometiera nuestra supervivencia y no ocurriría tampoco nada. Casi todo en la vida si no vas más allá, si no le pones algo de tu parte, de tus ojos, de tu tacto leyéndolo, tocándolo, interpretándolo, solo son 22 tíos en calzoncillos detrás de una pelota.

Los que lo intentan ridiculizar dicen que es absurdo, como si ver una película lo fuera menos o ver un amanecer embobado en el rosa que dura un instante o disfrutar de un paseo por la playa, descalzo, apartando las olas con los empeines que llegan ya exhaustas a la orilla. Todo eso tampoco vale para nada, tampoco viene de nada, tampoco significa nada, tampoco te da de comer... también te emociona.

No es que sea absurdo el fútbol, es que lo es la vida, que tampoco tiene ningún sentido, ninguna trascendencia, ninguna utilidad más allá de la que quieras ir elaborando para recorrerla.

No vi la final... o sí, pero después, por la noche, cuando ya sabía cómo había terminado, cuando el héroe cansado había llegado a Ítaca. Viví la final con el orden del desorden del lector de Rayuela, llevado de la mano del propio Cortázar, también un argentino exiliado, gozando por sus episodios saltarines.

La escuché entera, la imaginé antes, la soñé primero con un auricular puesto en un restaurante, después paseando por calles que gritaban goles desde las ventanas, apoyado en la barandilla junto al mar. Dos cero ganaba Argentina. Todo parecía tan tranquilo como la bahía, que era un plato liso girando en el torno de un alfarero, dando vueltas frenético en un equilibrio tan perfecto que daba la sensación de estar quieto. Podría decirse que estaba hecho, como el barro a punto ser arrancado y puesto a secar, transformado en cuenco.

Cogí el coche, encendí la radio, entré en la autovía y como en la vida, cuando parece que ya no te va a sorprender, adquiere dimensión propia sin preguntarte, y de la nada se desencadena la tormenta, el rock and roll, del que tú solo participas como un corcho que te lleva a dónde le da la gana. Dos a dos, en poco más de un minuto. Todo lo que se ha construido con paciencia se derrumba en menos de noventa segundos. Terrible. Grandioso. Aún me dio tiempo a llegar a casa, encender la tele y ver la segunda parte de la prórroga. Qué periplo.

Regresar a Itaca desde México, 36 años después, cuando todavía ni el héroe había nacido. Y Messi barbudo, viejo, victorioso, solo quería que bajaran sus hijos al campo, estar con su familia, reponerse del viaje, disfrutar al fin, del fin... A Messi el triunfo lo despojó del Dios que era, lo hizo hombre de nuevo o por primera vez. Se le veía liberado de esa responsabilidad de ser un personaje divino. Solo quiero encender un fuego, parecía decir su mirada, preparar un asado y descansar en mi casa como todos vosotros lo habéis hecho cada domingo. Para el resto de su país y del planeta es ya un Ulises eterno, un dios subido por fin al Olimpo.

Qué metamorfosis... casi como las de Ovidio. Qué suerte haber conocido de primera mano toda la historia, todo el ciclo mitológico, y qué maravilla es que tampoco esto que nos agita por dentro, ver alzar la copa dorada hacia el cielo de Maradona, sirva para nada, como la vida. Y eso es todo.


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Messi, por fin, regresó a Argentina