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Opinión / A mí no me líe

A Sánchez le interesa una perpetua emergencia sanitaria

Por Javier Ancín 16 febrero, 2022 - 9:31

Al gobierno le va bien todo este clima desquiciado. Este martes salió el dato de la inflación disparada al 6,1%. La electricidad con respecto a enero pasado sube un 46%, el diésel un 25% y la gasolina un 23%. Y ni media protesta.

Pedro Sánchez y María Chivite, en un acto conjunto. ARCHIVO

Salía el otro día de casa sin mascarilla, bajaba vestido de deportista de marca blanca a trotar por el parque un rato y se me había olvidado ponérmela. En el trayecto desde el ascensor a la puerta del portal, unos 5 segundos, un vecino que entraba empezó a increparme con malas formas: vas a matarnos a todos y demás improperios apocalípticos. Seguí, sin pararme, y le dije que empezara por cuidar sus formas si quería comunicarse con alguien. Encendido, volvió a salir a la calle, me persiguió por la acera a grito pelado hasta que ya me detuve y entonces me llamó talibán, tampoco no sé a cuenta de qué. Talibán. Qué llevaría en la cabeza el pobre diablo. Ni se lo pregunté.

Le dije que si quería ver a un talibán mirara en un espejo el reflejo del fanático que era y entonces ya me amenazó: te voy a dar dos hostias que te voy a arrancar la cabeza, por si le faltaba algún rasgo psicopático para completar el cuadro grotesco.

Vecino, de toda la vida. Unos 50 años. Nunca había hablado con él fuera del hola y adiós de cortesía de los rellanos. Me lo volveré a encontrar. A ver cómo sigue el serial porque sospecho que la historia con el portalnazi no terminará aquí. 

Pensé en intentar explicarle su chaladura hipocondríaca, que si el propio gobierno solo considera contactos estrechos susceptibles de contagio los cara a cara, sin mascarilla, a menos de metro y medio un mínimo de 15 minutos, que nos cruzáramos 5 segundos, él con fp2, mi despiste no entrañaba ningún peligro para su vida.

Pensé en preguntarle si en todo este tiempo no había estado en ningún restaurante, todos sin mascarilla, durante tiempos mucho más prolongados, en espacio mucho más concurrido que este portal siempre ventilándose porque la puerta el portero la tiene abierta casi permanentemente.

Pensé en hablarle de las dos o tres dosis de vacunas que llevamos la mayoría dentro, a ver por qué no confiaba en ellas y sí en mascarillas que a saber cuántas horas acumuladas de vuelo llevaban, o en el Covid ya pasado por un porcentaje alto de la población sin mayor problema, inmunizándonos, además, de forma natural con una tercera o cuarta dosis. 

Pensé en hablarle de que en la cafetería de la esquina, un interior como este portal, nos juntamos muchos vecinos de los que me acusa de querer matarlos. Incluso a veces hablamos entre nosotros -siéntate aquí, hombre- todos sin mascarilla mientras tomamos cafés y pinchos de tortilla en el almuerzo... mascarilla que luego nos ponemos para entrar al portal.

Pensé en hablarle de que a Sánchez le interesa que vivamos en una perpetua emergencia sanitaria porque en el momento que esto se acabe, Europa le va a exigir que ponga orden en la deuda disparatada a la que ha llegado España durante estos dos años.

Pensé en hablarle de que en países europeos ya están eliminando todas las medidas sanitarias, incluyendo las mascarillas en interiores. Quien quiera ponérsela, que se la ponga, faltaría más.

Pero para qué, sus ojos quemando odio me hicieron desistir, esto ya no es asunto racional sino irracional. Esto ya es básicamente una cuestión del miedo de cada uno, de la neurosis que lleves encima después de dos años, de los fetiches mágicos en los que confías que te protejan y de la necesidad de creerte mejor persona que el de enfrente porque tú cumples las normas sin cuestionarlas, reglamentos que más que sanitarios han sido siempre administrativos, por otra parte. Txibite bombardeó al principio de la pandemia con cuñas de radio contra el uso de las mascarillas, por ejemplo.

Si te paras a pensar, al gobierno le va bien todo este clima desquiciado. Este martes salió el dato de la inflación disparada al 6,1%. La electricidad con respecto a enero pasado sube un 46%, el diésel un 25% y la gasolina un 23%. Y ni media protesta. Las broncas en la sociedad son por ponerte o no la mascarilla

El miedo como control social. Suéltalo en mitad de un grupo humano y verás prodigios. Es decir, han conseguido, además, que media población controle a la otra mitad a cuenta de medidas supuestamente sanitarias que no tienen ningún sentido a estas alturas del control de la enfermedad. Ahí está la población, entretenida dándose de hostias entre ella, en vez de dárselas al gobierno de Sánchez a cuenta del desastre económico en el que vivimos. 

Pensé en mandarlo a la mierda pero para qué, pobre loco con su chaladura, me ajusté los auriculares, puse el pulsómetro en marcha, me fui a correr un rato con mis cosas y no hubo nada. Que lo entretenga otro. Y eso es todo


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A Sánchez le interesa una perpetua emergencia sanitaria