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Opinión / A mí no me líe

Marikones con K

Por Javier Ancín 26 septiembre, 2018 - 11:25

El otro día en San Fermín chiquito, de madrugada, hubo en Pamplona una agresión homófoba.

Una imagen de la bandera LGTB.
Una imagen de la bandera LGTB.

Un salvaje la emprendió a puñetazos contra un grupo de personas que portaban la bandera del arco iris. Mientras molía a palos a esas personas les llamaba maricones, para que no hubiera duda de la motivación de las hostias. Hasta aquí parte de los hechos. Luego los completamos.

Me enteré casi de milagro. Una noticia fugaz en Twitter en un vistazo rápido al móvil, como cuando la Etebé habla de la Real Sociedad unas décimas de segundo, que si parpadeas te lo pierdes, pasando a disertar horas y horas sobre el sexo de los ángeles que juegan en el Bilbao (sic). Me resultó de lo más extraño que no nos estuvieran bombardeando las terminales nacionalistas vascas habituales con condenas y tal, así como muy pomposas, por lurra, itsaso eta haizea.

Con lo que le gusta intentar lavar su conciencia violenta de décadas -su mala conciencia violenta de décadas- a los nacionalistas vascos, denunciando estos actos machistas, sexistas, homófobos, llegando hasta la sobreactuación más ridícula: Pamplona no tolerará agresiones sexistas; qué raro que no hayan aprovechado este acto violento para arrimar su sardina al ascua de jabón Lagarto.

Somos buenos, míranos, defendemos causas justas, es decir, nos apropiamos de causas justas, para que no se note que no tenemos cojones ni ovarios de renegar de nuestro pasado de sangre y destrucción, desviando la atención con mucha fanfarria.

Y lo dejé ahí, más preocupado en atacar la caña y las rabas que estaba trapiñando con mis colegas en la dominical y soleada Plaza del Castillo, que de ensombrecer el aperitivo con irroñerías.

A los días, de nuevo casi de forma clandestina, leo que al animal de bellota le han condenado en un juicio rápido a 18 meses de cárcel. En la misma noticia se completaban los hechos: el bestia les había recriminado también a las víctimas, entre hostia y hostia, que no supieran euskera.

Vaya, vaya, vaya... qué giro más inesperado de los acontecimientos. Ahora cuadra este silencio institucional, tan atronador. El estruendo de Irroña también sale en San Fermín de Aldapa... como procesión del silencio.

El criminal les había llamado marikones con k. Acabaremos. La cosa cambia, y a una velocidad, nunca mejor dicho, endiablada. El agresor pasa a llamarse "el chico" en las redes sociales -¿a qué les suena?- y ni enormes manifestaciones con los nacionalistas vascos a la cabeza, ni grandilocuentes declaraciones en todos los medios planetarios dándose masajes en los hombros de lo bien que lo hacen y de lo mucho que condenan ni nada.

Ni autocampañas publicitarias con manitas multicolores en la solapa, ni nada de nada de nada. Que pase rápido este episodio, que era uno de los nuestros el hostiador -un muchacho, pobrecito, seguro que tiene problemas, hay que ayudarle y darle nuestro apoyo- y que les den a los marikones con k, que hubieran sabido euskera. Inadaptados.

Y a seguir percutiendo con “la manada”, hasta incluso sobre la reputación de Pamplona entera, que hay picolos y milicos, y eso nos viene mejor para nuestras cosicas de nacionalistas vascos.

¿Se acuerdan de que hace una semana un nacionalista vasco dijo en el ayuntamiento de Pamplona que no saber euskera era casi un deshonor? Pues hala, ya hemos cerrado el círculo de la honra. Ya tienen su primera euskoprueba del pañuelo a cuadros hecha. Disfrútenla, que vendrán más. Seguro.

¿A que el ayuntamiento batasuno de Pamplona, tan dado al postureo vacuo, valga la redundancia, no va a poner un cartel a la entrada de la ciudad diciendo que Pamplona no tolerará agresiones homófobas ni agresiones xenófobas por no saber euskera? Ez, también con hache. Y eso es todo.


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Marikones con K