Opinión / A mí no me líe

La manifestación por la defensa de la bandera de Navarra fue un éxito

Por Javier Ancín 06 junio, 2017 - 23:29

Como el año venía duro y llevo muchos días de cachondeo, juerga para el resto de mortales, me he ido a Hiparralde, alde, alde la marimorena... (a Francia, coño, a Francia), a descansar unos días de mi vida de jolgorio y desmadre.

Manifestación en defensa de la bandera de Navarra. PABLO LASAOSA
Manifestación en defensa de la bandera de Navarra. PABLO LASAOSA

Leer y escribir un rato, poner en orden el desorden de notas que acarreo, a ver si consigo encuadernarlas, y tomar el café mirando al mar francés en albornoz blanco, duchadito por la mañana. Vuelvo a considerarme un ser humano, que de superhéroe, salvo el enchufado de Spiderman, no se puede vivir. No da. La precariedad en esta Navarra del cuatripartito nacionalista ha llegado a toda la capa social, amados lectores.

Con esta pose que gasto si el País Vasco se independizara podría ser portada del Kaixo! sin mucho esfuerzo, o podría rodar las escenas de riesgo de James Bond, las que se pone hasta arriba de Dry Martini en algún garito de colorines. A lo que voy, que me enredo en el sonido de las olas, si Biarritz es Euskalhernía, Pamplona no lo es. Este mundo, yo qué sé, a la Chantrea, que tiene también nombre francés, se parece como un huevo de las Landas a una castaña pilonga del Bosquecillo. Qué a gusto se está en Francia, michicos.

Hay que empezar el verano antes del verano que Biarritz luego se pone imposible y llegan los Sanfermines y tenemos que salir corriendo de la Pamplona de la mononucleosis para ir al Bilbao del BBK live festival a ver a Depeche Mode y a los Killers y a Phoenix...

Un sin vivir este ritmo trepidante y si no tenemos el cuerpo en condiciones se nos puede hacer muy cuesta arriba tantos conciertos, tantas noches en el exilio, tanta buena vida encima. Por fin, ahora que voy a cumplir todos los años, llego a donde Gambardella llegó en su jubilación. Soy un tipo afortunado, me digo. Hasta que viene alguien y me jode sacándome de mi ensimismamiento, echado hacia atrás en la silla, ojos cerrados, el solecito en la cara, procesando vitamina B12 para tres regimientos.

Aparece un amigo mío y me tira el Boletín Oficial de Navarra sobre la mesa en la que escribo esto, mirando el mar, la mar, las olas, la madre que parió a todos los placeres terrenales, a todos los placeres celestiales porque el cielo está azul y perfecto.

Le digo que antes me traían el Jueves y me suelta el tío que no han encontrado publicación de humor mejor que el BON desbarrando sobre la manifestación en defensa de la bandera de Navarra. Antes de ojear la hoja parroquial del gobierno, quiero anotar que durante la manifestación hablé con familiares y amigos que fueron y que me la contaron enterita. Es lo bueno de Pamplona, que nos conocemos todos y las fuentes están a golpe de mensaje. Familias enteras, de casa a la villavesa, ánimo festivo y banderas rojas de Navarra con cadenas y corona, que en las fotos quedaban elegantísimas. Es decir, un éxito rotundo.

El nacionalismo vasco está escocido y sobre todo perdido, como les leí a ellos, ojo, en algún comentario que me llegó al WhatsApp de algún cachondo que conozco, que yo no me invento nada. Están acojonados porque el navarro ha vuelto, tiene una cosa de la que sentirse orgulloso, sus símbolos, y con ese motor puede ganar a todos, nacionalistas vascos incluidos: son únicos, son navarros, hostia, navarros.

Esas cosas marcan. Un navarro a velocidad de crucero alta es un ser capaz de lo mejor, y en ello parece que por fin están, espero que no se frene esta aceleración tranquila. Un navarro quieto , estoico, es también lo puto peor, ojo, es bueno recordarlo. El caso es que me encanta ver despertar a la gente, aunque sea en la distancia, mi distancia misantrópica y descreída al otro lado de la frontera, de todas las fronteras, atrincherado en mis cosas.

Enfrente tienen a un grupo que ya no sabe ni quiénes son. El nacionalismo vasco en Navarra tiene una crisis de identidad brutal que les hace estar, al tiempo, a un teleberri de acusar de no vascos a los vascos de la comunidad autónoma ídem. El problema del nacionalismo vasco de Navarra es que saben perfectamente que no son vascos o que no son como los vascos, igual me da, y eso les tiene locos.

Conozco muy bien a los vascos, a los de verdad. San Sebastián y Bilbao son dos ciudades flipantes, potentes, cosmopolitas también en lo cultural, tranquilas, muy habitables, que siempre miran al futuro y si les metes a un nacionalista vasco de Navarra allí con unos cencerros en el culo, por ejemplo, les hace gracia unos minutos pero rápidamente le meten una patada para que deje de dar el coñazo, mandándole a Ituren por la vida rápida. A veces pienso que quien no tiene ni puta idea de cómo es la sociedad vasca son los nacionalistas vascos de Navarra. Tampoco les voy a hacer yo el trabajo de bajarles del árbol, que soy muy vago para los trabajos rurales.

Al tercer sorbo de café y cuarto mordisco a la tostada, abrí el boletín, con mucha pereza. Se les ha ido la pinza a Cuenca y en bicicleta, pensé. Titulaba con que los que estabais llenando de rojo las calles erais unos derechosos, ergo fascistas, ergo más peligrosos que un comando SS a sus anchas por la Polonia de la Blitzkrieg, poco más o menos y metafóricamente hablando, que al final, con tanta rabia como tienen últimamente, no quiero que me saquen de mi retiro espiritual francés a golpe de querella.

Luego se las archivan siempre, como la que puso la presidenta Barkos contra el director de este medio, pero el incordio de ir y venir y tal y Pascual no te lo quita nadie. En fin, que paso ya de chorradas, cierro. Estoy tomado distancia con todos esos cansalmas y quiero tomarme de paso otro café. Cojo una hoja del Boletín Oficial, me hago un gorro de Napoleón con ella, me levanto con la mano metida en el albornoz mirando al casoplón que tenía aquí en Biarritz Eugenia de Montijo y mentón firme, pecho fuera, michelín dentro, posando para la historia y las monedas, con gafas de sol y zapatillas de hotel de andar por casa, suelto con voz solemne: Garçon, un autre café au lait, s'il vous plaît. Y eso es todo.


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