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Opinión / A mí no me líe

Maldita ola de frío en Pamplona

Por Javier Ancín 27 junio, 2022 - 10:05

Por fin es verano en Irroña y como es tradicional desde hace unos cuantos años hace frío. Ya nadie habla de los dos días de hace una semana que hizo calor y que abrió los telediarios y las conversaciones de ascensor.

Ya nadie nos bombardea con la idea apocalíptica de que vamos a morir todos porque un par de veces subió el termómetro a 40°C. Ya nadie habla del clima en Pamplona aunque el frío mata más. Muere mucha más gente de frío que de calor, pero tiene peor venta el asunto para los que viven de esto de salvar las ballenas y las focas. 

Instala un prejuicio en la gente y ya no tendrás que trabajar nunca, hijo, que podrás hacerlo de la subvención pública que obtendrás para luchar por el objetivo de que tu prejuicio se mantenga. 

La cría mayor de edad perjudicada de las coletas, esa que se pega el día gritando más que Yoko Ono en su célebre perfomance del MOMA, ha vuelto a la carga. Tras la pandemia en la que con buen criterio permaneció  callada, para no quemar su negocio, ha vuelto a fruncir el ceño y señalar con el dedico. Nos acercamos al precipicio, clama la profeta del Apocalipsis en un Glastonbury abarrotado de festivaleros, es decir, de audiencia cautiva.

Nos acercamos al precipicio, dice la misma que ya nos había anunciado hace años que el precipicio lo habíamos superado y que todo era irreversible y que ya deberíamos estar todos muertos hoy, incluidas las focas y las ballenas. Por cierto, hablando de focas y de ballenas, ha ganado kilos la muchacha, es decir, consume más recursos alimenticios del planeta de los que su cuerpo necesita para vivir. La prédica sobre la austeridad y el egoísmo de un consumo desaforado, maldito capitalismo, nunca les afecta a ellos. 

El año pasado salió un artículo en la revista The Lancet, que algo más de rigor científico que la hoja parroquial del boletín oficial del noticias ya tiene, por hablar de una que cuenta con muchos devotos del prejuicio en nuestra tierra, que demostraba dos cosas. Una que que las muertes atribuibles en Europa a las temperaturas extremas, frías y calientes, suponían un 7% de los fallecidos totales en el continente y dos, que el frío mataba diez veces más que el calor. 

Projections of temperature-attributable mortality in Europe: a time series analysis of 147 contiguous regions in 16 countries, por si alguno quiere echarle un ojo al paper.

Lo que nos debería de preocupar en Pamplona, no es tanto que haya que sacar el abanico algún día puntual sino que ya no sea una cosa extraordinaria ver en agosto por la noche las estufas encendidas en las terrazas de Yamaguchi, por ejemplo, para no quedarte pajarito mientras cenas.

Al final habrá que dar las gracias a los que siguen cogiendo el coche y apostando por los combustibles fósiles, los verdaderos combatientes contra el cambio climático, que están contribuyendo con su noble acción a que las muertes por frío no aumenten en nuestra ciudad, luchando contra la incomprensión de los jipis oficiales, instituciones incluidas. Y sin ganar un duro con sus acciones altruistas para conseguir un planeta mejor, al contrario, que cuesta un pastón la gasolina que utilizan. Desde aquí nuestro aplauso y reconocimiento a esos héroes anónimos. Y eso es todo. 


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