Opinión / A mí no me líe

Los etarrillas del balcón

Por Javier Ancín 15 abril, 2020 - 10:04

Y como no teníamos poco nacionalismo de otro tiempo, parió la yaya batasuna también, que no se pierde un sarao tampoco si de hacer el ridículo se trata.

Vecinos del Casco Viejo de Pamplona con ikurriñas, esteladas, banderas de la república y pancartas a favor de los asesinos de ETA en su balcón.  EFE/ Jesús Diges
Vecinos del Casco Viejo de Pamplona con ikurriñas, esteladas, banderas de la república y pancartas a favor de los asesinos de ETA en su balcón. EFE/ Jesús Diges

Un mes de encierro ya. O solo o todavía... Hemos perdido la perspectiva de lo que llevamos y de lo que nos queda, que no es poco, aunque vaya amaneciendo.

Se suceden los días con una densidad que pareciera cada uno una semana. Al cumplirse las veinticuatro horas más que cambiar de hoja pareciera que arrancáramos eras geológicas de cuajo del calendario.

Todo queda tan lejano en el espacio y en el tiempo. En las fotos, por ejemplo, de las amplias y rectas avenidas de Pamplona, al no tener la vista con qué entretenerse, aquí un coche o allí un peatón, fugan con el infinito a la velocidad de la luz.

Y en el tiempo, que todo parece que ha ocurrido en otro siglo. Por ejemplo hace tres días, el domingo, cuando pasamos un rato divertido por tuiter descojonándonos de las fotos de otra época, pese a que eran actuales, que el PNV iba colgado en su perfil de las distintas celebraciones ikurriñersa en sus casas anodinas de su tropilla.

O más que un siglo, dos. Hubo una categoría que sobresalió sobre las demás, la de mujeres planchando ikurriñas. Colgaron unas cuantas, como si no fuera causal, como si fuera lo deseable, lo esperado, lo que había que transmitir al mundo.

La mujer vasca como el partido manda, en la cocina planchando. Muy cutre, muy casposo, muy poco moderno, muy desfasado. Muy machista. El peneuve sigue sin tener muy claro el papel que en el siglo XXI le corresponde tener a la mujer. Un partido de señoros, para señoros donde la mujer está para planchar trapos y los calzoncillos al aclamado por la progresía, hay que joderse, Aitor Esteban.

Ninguna de las feministas oficiales les afeó eso que ellas mismas llaman “perpetuación de los roles de género”, es decir, el  coñazo ese de asociar la imagen de la mujer siempre como esa abnegada ama de casa, tan como juangoikoa (sic) manda, tan de otros regímenes, tan del PeneUve de hoy. Cosa que, de tan grotesca que fue y dadas las circunstancias, lejos de provocarnos indignación, aumentó el nivel de nuestras risas, para qué negarlo. Que un partido fomente con tanto descaro esa imagen machista es para temblar, sí, pero después de haber reído.

Y como no teníamos poco nacionalismo de otro tiempo, parió la yaya batasuna también, que no se pierde un sarao tampoco si de hacer el ridículo se trata.

A estos les dio por comportarse como esos energúmenos que van gritando desde sus casas a la gente, como unos tarados profesionales de la Inquisición con k.

Nos despertamos la semana pasada con los etarrillas de balcón metiendo gritos contra un coche patrulla de los munipas que llevaba una bandera de España en el salpicadero. ¡Anatema! No iban a tolerarlo, bramaba el tuiter del partido de la eta desde su balcón, con los rulos puestos y apretándose contra el pecho, indignados, las solapas de la bata de boatiné para no coger frío. ¿Qué no vas a tolerar, que un coche de la policía no lleve la bandera del país al que pertenece, y qué vas a hacer desde tu balcón, gritar más? Pues grita, ya te cansarás, cansalmas.

Para lo que ha quedado el aberchandalismo, mon Dieu... con lo que han sido ellos metiendo miedo, para ladrar desde una ventana y fotografiar la escena en escorzos imposibles que al final, esa es otra, alguno se va a terminar cayendo, teniendo que desinfectar, veras tú, de nuevo la calle. Mejor así, en cualquier caso, que siempre es más llevadero que aguantar sus asesinatos soportar la chochez de su vejez desgañitándose en la terraza del salón.

Cuando esto termine habrá que ir pensando en solicitarles cama en la Meca, que ya no hay quien los pueda atender en casa, ni vecindario que lo soporte. Y eso es todo.


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