Opinión / A mí no me líe

La altura moral de Koldo Martínez

Por Javier Ancín 08 abril, 2020 - 11:35

Es en los momentos límite es donde al final sale la verdadera esencia de las personas y Koldo, en vez de dar un respiro a sus compañeros, con mil muertos al día, a lo que se dedicó fue a comportarse como un cobarde.

Koldo Martínez habla con María Chivite, que colocó al nacionalista como senador autonómico por Navarra. PABLO LASAOSA
Koldo Martínez habla con María Chivite, que colocó al nacionalista como senador autonómico por Navarra. PABLO LASAOSA

La realidad nos atropella, pero creo que de vez en cuando hay que ralentizar el tiempo, como en la pelea de Robert Downey Jr. en el Sherlock Holmes de Guy Ritchie, donde más que los golpes que se suceden a la velocidad del rayo/relámpago, se aprecian los pliegues y las mareas que estos provocan, a cámara lenta, para poder contarlos con algo más de calma.

Hace unos días, leí la noticia de que el primer ministro irlandés se registró de nuevo como médico ante la falta de personal para responder a la emergencia de coronavirus en su país. Un médico no deja de serlo nunca, pensé, y menos cuando la cosa se pone peligrosa, y menos cuando todas las manos son pocas para cuidar enfermos. Y, para qué negarlo, de nuevo creí en los políticos y en la humanidad entera.

El ataque filantrópico me duró diez segundos, lo que tardé en recordar a otro médico, o ex médico, y su comportamiento en en esta crisis sanitaria en la que naufragamos: Koldo Martínez.

Con decenas de miles de infectados llegando a urgencias, en el momento donde la epidemia golpeaba más fuerte y todos los equipos sanitarios estaban desbordados, el senador autonómico Koldo Martínez, al que nadie ha votado para el cargo senatorial -tuvo que irse a Madrid por la vida de la casta-, se enfadó mucho.

Como buen aberchandal, que funcionarios públicos del estado estuvieron por las calles de Pamplona bajo el paraguas de la Operación Balmis le puso de los nervios y agitó mucho los brazos y resopló mucho, como los malos actores, como los toreros acojonados. Koldo demostró en ese momento tener una altura moral equivalente a un zapato sin tacón. Ni un milímetro entre el suelo y la suela.

Otro día hablamos de esa obsesión que tienen los medios aberchándales de proyectar una imagen hacía el exterior tan miserable de Irroña, con sus vídeos de una producción exquisita de su mala hostia, que ese es otro fogonazo de la secuencia que habrá que analizar con calma en otro momento.

A lo que íbamos. Koldo es médico, o lo era, nada menos que intensivista, en su perfil de tuiter alardea también de tener mil másteres del universo en bioética y demás mandangas. Pero no lo verás por un hospital en esta pandemia. Mientras sus colegas se dejaban el alma para salvar vidas, él se dedicó a cobrar sueldazo y preguntar gilipolleces en el Senado.

En vez de estar en Ifema salvando vidas, se retrepaba en la poltrona madrileña rascándose la barriga a golpe de pregunta estúpida. ¿Por qué estaban los militares por Pamplona echando una mano? Pues porque toda ayuda es poca. Punto.

Es en los momentos límite es donde al final sale la verdadera esencia de las personas y Koldo, en vez de dar un respiro a sus compañeros, con mil muertos al día, a lo que se dedicó fue a comportarse como un cobarde bajo la cama, acomodado en su escaño, y a pasearse por la televisión del régimen que tienen en Euskadistán, alardeando de su heroicidad, esperando que los jefes de ‘sabinetxea’ repararan en él para acariciarle el lomo y soltarle la galletita con el logotipo del pnv. Buen chico.

Y nada más... y nada menos. Y eso es todo.


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