Opinión / A mí no me líe

Juzgar es una cosa muy jodida

Por Javier Ancín 27 abril, 2018 - 8:17

Ando con la víscera revuelta estos días por una cosa y por otra y si es por soltarla, la víscera, yo también sé, es muy fácil, mira: los encerraría de por vida y tiraría la llave al Arga. O al río Al Revés, que es el río con el nombre más literario que conozco. En cualquier caso al Sadar nunca, que con mierda no se mancha ese nombre. Jamás.

Protestas en las puertas del Juzgado de Pamplona por el juicio de la manada. PABLO LASAOSA 23
Protestas en las puertas del Juzgado de Pamplona por el juicio de la manada. PABLO LASAOSA 23

Y si eso se lo hacen a mi novia, a una hija, hermana, amiga... lo único que creo que me calmaría la furia, la puta ira (los pecados capitales menos los estúpidos tipo avaricia, envidia... me los salto todos. Voy a ir al infierno) sería llevármelos por delante. Afortunadamente no soy juez. Ni me ha pasado a mí para pasar de las musas al teatro.

Y como no soporto ya el ruido, en días como el de ayer lo mejor es leer a tus clásicos, los tres o cuatro abogados en los que confíes, llamarlos incluso, para hacerte una idea, y dejar que pase el ruido. Yo ya soy un señor mayor al que los estruendos le sacan de sus putas casillas, tanto es así, que previendo la explosión, la sentencia me ha pillado en el gimnasio, con los ojos cerrados, con los oídos tapados, remando como un condenado a galeras. Ya me enteraré luego, cuando pase el primer maremoto.

Y me he enterado, claro, creo que por Facebook, duchadito y en paz con Dios. El follón ha sido espectacular. Yo no sé si las redes sociales son la opinión pública, sospecho que no porque si lo fueran, nos mataríamos en cada esquina si esa violencia que se lee se trasladara a las aceras, pero es una muestra interesante para el estudio del comportamiento humano. Las redes arden, la gente no tiene ni puta idea de qué pena les habría puesto porque cuando se lo preguntas no contestan. Ese es mi resumen.

Tampoco sé qué piensa la gente qué es la justicia. La justicia es, ahorrándonos un montón de papeleo, intentar romper la presunción de inocencia con pruebas. Si el juez considera que quiebras la presunción de inocencia del que le acusas, pues para ti la perra gorda, que no, pues para el otro. Quiero aclarar que perra gorda es una moneda, concretamente la de diez céntimos de peseta, no un animal de sexo femenino obeso, que luego se me tiran encima las feministas sección animalista y yo no soy un Atlante para soportarlo todo.

Es decir, amados lectores, si no puedes probarlo, date por jodido. Así es nuestra civilización y así hemos llegado, bastante bien, a este siglo XXI en cabeza del mundo. Este es un sistema muy garantista con el reo y si no os gusta, iros (¿se puede decir ya iros por idos? Cuánto echo de menos a mi correctora, joder) a una dictadura. Si tampoco nos creemos a los jueces, tres, pues plegamos y a la gruta de nuevo.

¿Alguna vez habéis juzgado? Yo he jugado mucho a fútbol, pero mucho, y he visto mucho fútbol también, muchísimo, y he gritado al arbitro como el que más. Hasta que un día me pusieron un silbato en la boca en un partido de cadetes, hala, majo, a arbitrar, y parecía que era la primera vez que estaba en un campo, yo, que adoro ese espacio, y que aún hoy cuando me topo con uno y nadie me ve, me meto para recordar, como si fuera un templo.

Casi tuve que preguntar qué era ese deporte que pasaba tan rápido delante de mis pupilas y que tenía que juzgar. Juzgar es una cosa muy jodida, aunque te conozcas el reglamento a la perfección y pienses que porque has vivido en un rectángulo, como jugador, todo lo que pasa en él lo controlas. Error. Creo que no di ni una. Y te juro que quise acertar en todas las jugadas.

El problema es que creo que más que juzgar hechos a la gente lo que le encanta es juzgar fantasías, las suyas, y ahí es donde la liamos. Y que la gente piensa que las redes sociales no solo nos igualan a todos en repercusión, sino también en conocimientos. Llegará el día que la gente le discuta en las redes sociales al cirujano los puntos de una apendicitis, la ejecución de un puente coronario o a un oncólogo las sesiones de quimioterapia. Quizás hasta ya ocurra. España molaba más cuando solo había seleccionadores de fútbol. Y eso es todo.


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