Opinión / A mí no me líe

Josu Ternera y el terrorismo vasco contra los niños

Por Javier Ancín 17 mayo, 2019 - 9:35

Desde hace una temporada me ha dado por conocer qué había detrás de cada asesinato cometido por el terrorismo nacionalista vasco y me he puesto a leer. 

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Asépticamente, como escribía Perez-Reverte en Territorio Comanche: aquí una bomba, aquí un muerto, aquí un hijo de la gran puta. Cómo fueron los atentados, eso quería conocer. Y lo que he descubierto es que el terrorismo nacionalista vasco además de lo que ya sabíamos, que eran unos criminales despiadados, ha sido especialmente cruel con los niños. No solo los asesinó -mató niños a mansalva sin problema moral alguno ni para ellos, ni sus seguidores, ni los que recogían las nueces, valga la redundancia-, sino que a muchos además los torturó, los tortura y los torturará mientras vivan de una forma inhumana.

Niños y niñas, en eso el terrorismo nacionalista vasco ha sido un pionero en la igualdad. Le ha dado lo mismo que quien tuvieran delante fuera una niña o un niño, mataban igual.

Les dio igual que vieran cómo a sus padres los asesinaban mientras los llevaban de la mano por la calle, camino del cole. Niños que se enfrentan a los etarras a gritos -¡dejad a mi padre-dejad a mi padre!-, para que no lo rematen, sin servir de nada, porque lo remataron en el suelo, llenando al crío, o la cría, no recuerdo ya, cinco años, seis, embadurnada de la sangre, vísceras... de su padre asesinado por todo su cuerpecito. Gritando y llorando sobre el cadáver de papá. Imaginen. Vuelvan a ser un crío de cinco o seis años un segundo e imaginen como gritarían y llorarían en usa situación así. Se me revuelve el alma.

Pues hay más.

Padres asesinados de un tiro en la nuca con sus hijos en brazos, la cabeza reventando, no dejen de imaginarlo, y cayendo al suelo con su bebé en brazos. Cubierto de sangre, más sangre y más sesos, el bebé, berreando desamparado en la acera fuera de sí mientras los asesinos huyen a la carrera. Y más... siempre hay más.

A otro padre le pegaron un tiro cuando estaba atando a su hijo a la silla del coche. Vuelvan a imaginarlo otra vez, deténganse un segundo, piensen en las veces que han asegurado a su hijo antes de arrancar el coche o ustedes siendo niños fueron atados por sus padres, y justo en ese instante, otro balazo en la cabeza y de nuevo cubierto todo de sangre roja, viscosa, caliente.... sobre la cara de ese niño. Toda la sangre del mundo sobre ese niño. En este caso, porque todos estos son casos reales, el muerto quedó un buen rato sobre su hijo, que no podía moverse porque estaba atado a la silla del coche, gritando, llorando y volviéndose loco de lo irracional y salvaje de la escena que los criminales le habían obligado a protagonizar.

Eso ha sido el terrorismo nacionalista vasco. Esas fueron sus acciones y a esos criminales reciben en sus pueblos como héroes. A esos asesinos se les montan homenajes. Esa misma ideología que profesan esos verdugos ha gobernado Navarra y Pamplona los últimos cuatro años. Que no se olvide.

Unas semanas atrás leí unas declaraciones de Irene Villa que me helaron la sangre. Contaba Irene que su hijo le preguntó hace poco que si quien le había arrancado las piernas siendo niña con aquel bombazo en los bajos del coche de su madre -de la abuela de ese chaval-, estaba en la carcel. Ella le dijo que sí pero, confesó, que solo para tranquilizarlo porque la realidad es que no se encontraron a los culpables y la causa prescribió sin que nadie fuera condenado. Nadie ha pagado por ese crimen que vimos en directo a aquella niña. Nunca. Hay fosas presentes que no interesan buscar ni abrir. Hay fosas sobre las que se quiere echar más tierra.

Cuando me enteré de que habían detenido a Josu Ternera y del nombre que la Guardia Civil le puso a la operación: Infancia robada, en honor a todos los niños a los que esa mala bestia había asesinado o torturado para toda su puñetera vida, me puse a llorar como un gilipollas. Desde que he pasado los cuarenta lo soporto todo menos la puta maldad contra los niños. Hace falta ser especialmente cruel para hacer daño a un niño. Josu Ternera ordenó matar a estas cinco niñas en Zaragoza: Rocío (13 años), Silvia (7 años), Silvia (7 años), Miriam (4 años), Esther (4 años).

Luego me puse a ver los medios y volví a la miseria de realidad: Urkullu con todo su PNV detrás poniéndose de perfil sobre la detención: bueno sí pero bueno no... esta nuez me la como yo. Eguiguren que fue tanto un maltratador de su ex mujer como presidente del partido socialista vasco, llamando héroe en retirada a Ternera. Otegi rabiando como antaño, escupiendo palabras con bilis diciendo que esto iba contra la paz y que quien había detenido al carnicero Ternera es un enemigo de la paz. Y como se llamen ahora los batasunos: Sortu, Bildu...  organizando homenajes para el finde en el pueblo natal del matarife ese.

Y esto es el nacionalismo vasco, pensé, una maquinaria insensible con un objetivo que le dice, aparta bulto, a todo aquello que les quiere hacer retrasar su objetivo de poder y dinero, niños incluidos. O sobre todo niños. Así de miserable y cruel ha sido y es el nacionalismo vasco.

Más vale que la Guardia Civil estaba ahí, subiendo a todos esos niños con la infancia robada en sus hombros para que vieran que a su asesino se le localiza, se le detiene y se le pone frente a la civilización, es decir, frente a los jueces y las leyes. Esa es nuestra victoria, la de que somos mejores que toda esa escoria bárbara. Siempre seremos los buenos. Y eso es todo.


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