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Opinión / A mí no me líe

José Manuel Soto es más peligroso que Otegi

Por Javier Ancín 07 abril, 2021 - 10:44

Se le condiciona al votante socialista a saltar con determinados estímulos al toque de campanilla y arreglado. Tocan la campanilla, saltan como fieras. No tocan la campanilla, se callan como tumbas. 

El terrorista Arnaldo Otegi y José Manuel Soto, cantante.
El terrorista Arnaldo Otegi y José Manuel Soto, cantante.

Contaba ayer martes Otegi, el líder supremo espiritual y político del partido de la ETA, que Instagram y Facebook le habían cerrado 24 horas los perfiles por ensalzar la figura de un fundador de esa misma banda terrorista nacionalista vasca, que acababa de morir de viejo en la cama, como los buenos dictadores asesinos.

Tampoco es gran castigo, pensé, pero ya han hecho más por frenar, al menos por un día, los discursos de odio aberchándal estas dos plataformas que Txibite, que calla como sumisa ante estas declaraciones de amor por pegarle cuatro tiros a una sociedad de su socio preferente, al que le debe el puesto de presidenta de Navarra y la aprobación de los presupuestos forales. 

Que un socio preferente del PSOE se haya quitado la careta y farde de que asesinar a los adversarios políticos, socialistas incluidos, estuvo bien y que lo volverían a hacer, asesinar también a socialistas, y que no pase nada entre los propios votantes del PSOE es lo que me fascina de estos tiempos. 

Es de locos, pero es lo que hay. Al votante socialista le dices Otegi y calma absoluta, en cambio le sueltas estas tres palabras ‘foto de Colón’ y empieza a echar espumarajos por la boca, aunque ya ni se acuerden ni de qué iba realmente aquella manifa que convocó Ciudadanos

El mecanismo es muy sencillo de explicar. ¿Recuerdan el experimento del perro y la campanilla de Pavlov que estudiábamos en filosofía hace tres décadas? Pues ahí está la clave del asunto. Se le condiciona al votante socialista a saltar con determinados estímulos al toque de campanilla y arreglado. Tocan la campanilla, saltan como fieras. No tocan la campanilla, se callan como tumbas. 

Desconozco si aún se sigue estudiando el condicionamiento clásico en las aulas de las sucesivas reformas antieducativas socialistas aunque lo dudo, sería como que un mago saliera de nuevo sobre le escenario, con las luces a todo trapo, a desvelar cada truco finalizada la función. 

Lo que pasa es que es esta forma de actuar, como no basa sus mecanismos en la lógica sino en lo que conviene o no en cada momento al PSOE, da disparates continuos que son los que intentan desmontar muchos a diario, sin éxito alguno porque esto no va de refutar las mentiras con datos, esto va de otra cosa. 

Han forzado tanto esta estrategia los jerarcas socialistas, con Iván Redondo a la cabeza de la opereta, no olvidar jamás, ese Merlín cutre de la sociología y el marketing de teléfono fijo, que crean el absurdo de que sus votantes están convencidos de que Otegi, un condenado por pertenecer a ETA, un tío que se vanagloria hoy, ahora, de esa banda asesina, es menos peligroso para nuestra sociedad que yo qué sé, José Manuel Soto, un punkarra de la red, un antisistema dos punto cero, el que hace 25 años le cantaba sus amores a la Pantoja. 

La campanilla ha hecho que a los socialistas les saque más de quicio un cantante que un etarra. Y eso es todo.


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