Opinión / A mí no me líe

El postureo racista de Bildu

Por Javier Ancín 17 junio, 2020 - 9:22

La izquierda no pierde oportunidad para practicar el postureo que no le compromete a nada, porque nada pueden hacer desde aquí contra ese suceso, salvo hacerse fotografiar, rodilla en tierra, puñito en alto, para subirlo a Instagram.

Concejales del PSN y Bildu en el Ayuntamiento de Pamplona se arrodillan durante un acto en memoria de George Floyd, asesinado en Estados Unidos y que ha provocado una ola social de rechazo en todo el mundo. MIGUEL OSÉS
Concejales del PSN y Bildu en el Ayuntamiento de Pamplona se arrodillan durante un acto en memoria de George Floyd, asesinado en Estados Unidos y que ha provocado una ola social de rechazo en todo el mundo. MIGUEL OSÉS

Qué tiempos más raros nos han tocado vivir. Nada es real, todo se diluye y cuando intentas cogerlo entre las manos para entender algo, se filtra entre los dedos y se pierde. Tiempos más que líquidos, quizás viscosos. Tiempos derretidos. Tiempos, en cualquier caso, absolutamente podridos.

Hace un mes moría bajo la rodilla de un madero blanco en Mineápolis un negro llamado George Floyd, y las manifestaciones contra el racismo se multiplicaron por todo Estados Unidos.

Las protestas llegan también a Irroña -no nos perdemos una en este glorioso e insignificante pueblico-, que está a 7000 kilómetros en línea recta, con un océano de por medio, de esa ciudad de Minnesota y de la que la mayoría de mi generación solo conoce que es el lugar de nacimiento de Prince, el músico, y de Brenda y Brandon Walsh, los hermanitos cuquis de la serie Sensación de vivir.

Ver a políticos locales preocupadísimos por un crimen ocurrido en el otro lado del mundo, golpeándose el pecho, reclamando justicia y el fin del racismo y que el amor reine en el mundo, tan buenos y piadoso ellos, con tan elevadas y puras intenciones, blablablá... a mí me da avergüenza ajena.

Ya está el rojerío postulándose a miss América, me digo.

La izquierda no pierde oportunidad para practicar el postureo que no le compromete a nada, porque nada pueden hacer desde aquí contra ese suceso, salvo hacerse fotografiar, rodilla en tierra, puñito en alto, para subirlo a Instagram. Hay que dejar constancia de lo mucho que te aflige lo ocurrido, de lo en contra que estás del racismo y la xenofobia, aunque en realidad te importe tres pelotas... o cuatro. El caso es sentir cómo te crece ese áurea de santidad laica en el cogote. Miradme, soy un ser de luz y tú no, fachita.

A la protestas se unieron los aberchándales, que llevan asesinando a los que ellos consideran sus negros, los españoles, medio siglo, pero qué más da, todo vale, aunque sea pura pornografía moralista. Nosotros también estamos contra la xenofobia, clamaban los bilduetarras. Claro, me dije, no hay más que veros.

Hace dos días, Lourdes Oyarbide, campeona de España de ciclismo y miembro del equipo Movistar, contó que entrenando en su Álava natal, al recriminarle la maniobra a un conductor de un coche que casi le atropella, solo obtuvo un berrido como única disculpa: española de mierda. ‘Española de mierda’ es la traducción aberchándal de la expresión más universal ‘negro de mierda’. Que se sepa, ningún batasuno se ha arrodillado contra este acto de xenofobia ni lo ha condenado.

Hace tres semanas, moría bajo custodia del gobierno de Navarra en un piso de menores tutelados, un niño de nueve años en un oscuro episodio. ¿Alguien se ha enterado? Nadie. La familia denuncia graves irregularidades, pide respuestas. Silencio. El gobierno de Txibite y sus podemitas aberchándales calla, la izquierda no se manifiesta.

Nadie les hace ni puto caso. Son colombianos, es decir, de fuera. Es fácil hilar el razonamiento del asunto: no vamos a dejar que este gobierno de progreso quede manchado y menos por gente que no es ni de aquí, sigamos a nuestras cosas.

Olvidemos rápido que le retiramos a su abuela la custodia de su nieto de nueve años y se lo devolvimos muerto, que hay cosas más urgentes, como denunciar lo xenófobos y racistas son en EEUU o quitar el cuadro del campechano del Parlamento con mucha foto y aplauso falso. De eso sí que nos hemos enterado.

En fin, lo dicho, qué tiempos... Tiempos, en realidad, putrefactos. Tiempos que apestan, como nuestra izquierdita. Y eso es todo.


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