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Opinión / A mí no me líe

He caído en las trincheras del Covid, seguid sin mí

Por Javier Ancín 12 enero, 2022 - 10:29

Copón, al final tanto han silbado las balas a mi alrededor que una me ha dado de lleno, bang-bang, positivo. 

Vaya, dolor de cabeza y qué malestar así como tonto, nada concreto, que si no fuera por la pandemia en la que estamos, ni me fijaría: la existencia es más o menos sortear y convivir con un dolor continuo desde que naces hasta que mueres mientras tiras para adelante.

Siento un ligero calor en las mejillas pero nada sospechoso. Es la calefacción de casa, me digo, pero me pongo el termómetro. Coño, casi 39°C. ¿Y este pico de fiebre? Qué extraño, no me encuentro tan mal como para esta fiebre. ¿Se habrá roto este trasto digital? Pillo otro termómetro que tengo por el botiquín, incluso otro que encuentro al fondo del armario del baño, analógico. Al final me pongo tres en el sobaco. Entre 38,5°C y 38,8°C. 

El que estaba roto soy yo, para variar, como aquella vez que tras un verano de desmadre de costilladas, chistorradas y paellas decidí, cuando volví a pesarme llegado el otoño, que la culpa era de la báscula -esto está mal, no he podido subir tantos kilos- y me compré otra, que daba la misma ganancia corporal que la primera, claro. Mierda, pues he debido engordar, sí. Si alguien quiere una báscula que me llame, que desde entonces tengo dos bajo el lavabo. 

Pues nada, como ya es un gesto recurrente desde hace semanas, saco los trastos como los yonkis profesionales -8 € cada chute, puto robo-, guardados en una caja específica que coloco sobre la mesa del despacho y procedo. Voy a meterme el palito por la napia, otra vez, a ver qué dice el test. 

Copón, al final tanto han silbado las balas a mi alrededor que una me ha dado de lleno, bang-bang, positivo. Como miles de navarros cada día, por cierto, desde hace semanas, que llevamos tacadas oficiales de 4.000 al día, que serán muchos más, claro, porque aquí también habrá Covid sumergido seguro. 

Como ya tenía cita para la tercera vacuna, me pongo en contacto con el Servicio Navarro de Salud para anularla. Ya le llamará un médico. No hace falta, le digo, estoy bien, solo quería cancelar la cita. Ni puto caso. Me termina llamando un médico borde solo para decirme que no me van a hacer ninguna prueba más -ni a ti ni a nadie, me escupe-, como si yo hubiera exigido hacérmela, ni tampoco me va a volver a llamar, como si yo hubiera solicitado también esa primera llamada. Total, que me cuelga como quien se larga dando un portazo antes de que puedas abrir la boca para quejarte y me quedo con el teléfono en la oreja flipando

Conclusión, no es que estén saturados los servicios sanitarios de atención primaria, es que quien diseña los protocolos de salud en el Gobierno de Navarra es un imbécil. Esta llamada se la podían haber ahorrada. Es más, yo dije que se la ahorraran, y como esta, miles, seguro, pero ni puto caso me hicieron. 

Y así con todo lo que decreta el Gobierno de Navarra esta pandemia, que acaban de prorrogar unas medidas sociales absurdas que ellos mismos reconocen que no han servido para nada, pero que nos las van a seguir calzando hasta Semana Santa, ojo.  Entre otras el pasaporte Covid, esa gilipollez de papel que yo he enseñado religiosamente cada vez que me lo han pedido y que aún podría enseñar si saliera de mi encierro infeccioso y decidiera ser un irresponsable e irme a comer hoy mismo a un restaurante.

 Txibite, dimite. Y eso es todo.


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