Opinión / A mí no me líe

El gobierno del mamarracho Sánchez y el vicecoletas

Por Javier Ancín 08 enero, 2020 - 8:31

En Navarra somos la posesión privada de un puto partido político abiertamente matxirulo: el peneuve.

Pedro Sánchez, quien logró este martes la confianza del Congreso para un nuevo mandato como presidente del Gobierno. EFE
Pedro Sánchez, quien logró este martes la confianza del Congreso para un nuevo mandato como presidente del Gobierno. EFE

Querido Ndugu:

Gracias a la ultraizquierda populista y chavista de Podemos, la extrema derecha xenófoba vasca, la abstención del partido de la eta, de los golpistas supremacistas de ERC y algún voto a favor más, como el del chalado de Teruel existe -¿para esto quería existir Teruel?-, Sánchez ya es presidente. Es decir, por fin nos hemos instalado en el sindiós más absoluto.

Vivimos montados en el gusano loco desbocado donde lo único que la gente se pregunta es en qué giro de la atracción sanferminera descarrilará por completo, mándanos al infierno.

Hemos visto cosas que ni imaginarías, por ejemplo, que por Navarra negocia y habla un partido político, no una institución, que ya sería gravísimo, no... somos la posesión privada de un puto partido político abiertamente matxirulo: el peneuve.

¿Txibite sigue existiendo o ya de tanto usarla de felpudo los aberchándales ha desaparecido?, te preguntarás... y yo también, porque nadie sabe nada de ella.

Lo único que sabemos del PSN es que ha salido Santos Cerdán hablando de patriotismo social. ¿Y eso qué es? Nada. El truco de la izquierda es adjetivar todo como social. Tú ponle el calificativo de social y cuela cualquier sandez: coche diésel social, violación social, cadena perpetua social, pena de muerte social... esguince de tobillo social, me cago en la batería del móvil al 10% si solo son las doce de la mañana social. Y así hasta el infinito... social.

También ha dicho que los que no apoyan a Sánchez son unos rancios y unos casposos. Que alguien cuyo universo mental se reduce a un puñado de eslóganes vestidos con mocasines, vaqueros, camisa con curva cervecera y americana de botones metálicos tilde las ideas de nadie de rancias y casposas es para descojonarse de la risa. Solo le falta para mejorar el universo ideológico socialista navarro que le pongan las pulseras de canallita de su lacayo Alzorriz y ya tenemos el espantapájaros perfecto. El pensamiento de un tuno entre clavelitos, clavelitos y el siguiente acorde de bandurria al lado de esos dos zotes... el arquetipo de la modernidad, no te digo más, Ndugu.

Y más cosas esperpénticas. Ese Pablo Iglesias llorando como una puta Magdalena por haber llegado, como los malos entrenadores del Madrid en su presentación, que son los que se acaban estrellando. Se llora cuando se gana la copa de Europa, imbécil, o ni eso. Se saluda con el trofeo al respetable, se sonríe, se calla y se va uno a casa. Para eso te pagan.

Y luego se ha puesto a tuitear Irene Montero, cuyo único mérito es no ser Tania Sánchez, sin decir nada, claro, pero con una intensidad social que hasta que se suene los mocos sociales es algo histórico. ¿Cuando dejéis de hablar de vosotros mismos y vuestros llantos podéis responder en qué vamos a notar exactamente los ciudadanos la mejoría con vicecoletas y ministirene? ¿Vamos a pagar la mitad de lo que pagamos hoy en el recibo de la luz? ¿Vamos a ver incrementado nuestro sueldo al doble de lo que cobramos ahora? ¿Vamos a tener vacaciones de 45 días al año? ¿Podéis decir algo concreto alguna puñetera vez?

Da grima su sentimentalización de la política. Repelús. Aquí se viene a poner farolas donde antes no había, autovías donde había carreteras de doble sentido, trenes y cosas así, no a tener que aguantar sus llantinas gilipollas.

Hemos llegado a un punto tan demencial que los bolivarianos estos ‪te mandan al paredón para que te fusilen y se ponen a llorar ellos, con sus huevazos, soltándote encima eso de no te quejes, que me duele más a mí que ti está situación de que te vayan a freír a balazos. Aún querrán antes de que nos metan el tiro de (ni puta) gracia que los consolemos... no te jode.

Otro día te cuento más, Ndugu, que si no nos meten en un centro de reeducación, ya sabes, social, hay más días que longanizas. Y eso es todo.


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