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Opinión / A mí no me líe

El folclore vasco de la ETA

Por Javier Ancín 23 diciembre, 2020 - 10:29

Es el aberchandalismo el que ha espolvoreado de miseria moral y mugre criminal todo lo que rodea a sus sainetes y son ellos los que tienen que llevarlas a la tintorería moral para empezar, que apestan. 

Jovenes piden la amnistía para terroristas asesinos de ETA a las puertas del instituto Iturrama de Pamplona. FOTO: twitter @iabertzaleak
Jovenes piden la amnistía para terroristas asesinos de ETA a las puertas del instituto Iturrama de Pamplona. FOTO: twitter @iabertzaleak

Se quejaba ayer amargamente Covite en un tuit de que los jóvenes etarras, a las puertas de los institutos de Euskadi y de Navarra, pidieran la amnistía para sus asesinos encarcelados. 

Ahí estaba en las fotos el instituto de Iturrama, esa fosa séptica, esa fábrica de remachar fieles de la secta criminal nacionalista -un saludo a mi compadre al que Barkos le puso una denuncia por referirse a ese centro como instituto Etarrama... denuncia que perdió Barkos, recordemos. El descontrol del gobierno de Navarra en sus centros educativos llenos de etarrillas es la mejor publicidad para que un padre responsable lleve a la educación concertada a sus hijos, por cierto-. 

A mí que el aberchándal, esa ideólogo de la muerte, pida la amnistía para sus asesinos no me dice ya nada. Es lo suyo. Una ideología basada en construir un proyecto social con la sangre ajena tiene que pedir la libertad para los más sanguinarios de sus albañiles, está en su naturaleza; pero que estas mierdas las consienta Txibite y que su consejero de educación no ponga el grito en el cielo para que no se vuelvan a repetir me deja loco. 

¿Se imagina alguien una pancarta pidiendo la amnistía para los de la manada en las verjas de un instituto de Navarra, con parte del alumnado detrás, con la pasividad permisiva de la presidenta, consejero de educación, de interior, delegado del gobierno...? Pues eso.

En cualquier caso, lo que más me llama la atención de los que sujetaban las pancartas era su indumentaria. El tradicional disfraz de borono folclórico vasco de aldea con sus calcetines gorditos de lana blanca, sus albarcas y esa chapela que no saben nunca qué hacer con ella. Si tuviera ganas escribiría el libro Las mil formas ridículas que tienen los aberchándales de llevar una boina para intentar no verse ridículos. Eso los tíos. 

Las tías, que han dejado de lado el tradicional vestimenta de doña Rogelia, negra a puntos blancos, se han tirado a la milenaria falda larga lila o marrón clarito, tonos menos duros, más propia de esa fiesta Donostiarra que llaman Caldereros, donde se visten de zíngaros que es como se llama en fino a los gitanos idealizados. 

Folclore al servicio de la causa nacionalista. Una constante. Que el aberchándal moderado, ese animal mitológico, nunca haya tratado de separar sus tradiciones de semejante gentuza deja claro una cosa, que no hay aberchándal moderado y que la causa lo invade todo, como la lepra.

Los aberchándales no hacen nada por separar sus saraos folclóricos de la inmundicia etarra pero bien que exigen a los que son ajenos a su cloaca que lo hagan y que no mezclen el folclore, el Olentzero, por ejemplo, con ese mundo asesino. Je. Pues no cuela. Es el aberchandalismo el que ha espolvoreado de miseria moral y mugre criminal todo lo que rodea a sus sainetes y son ellos los que tienen que llevarlas a la tintorería moral para empezar, que apestan. En fin, qué coñazo. Condenados al coñazo social, a diario, ese es nuestro castigo con la aberchandalada.

Aprovechando las fechas que son, me gustaría lanzar antes de terminar el folio un deseo de buena voluntad y amor, un mensaje de optimismo y esperanza. No le hagan ni puto caso al gobierno de Navarra, bajo su gestión vamos camino de que hayan muerto en esta pandemia 1 de cada 600 navarros, es decir, no tienen ni idea de por dónde les da el aire, tomen las precauciones que consideren ustedes oportunas para cuidar de su familia y disfruten de la nochebuena como les dé la gana. 

Feliz Navidad a casi todos... y a los otros, que les jodan. Y eso es todo.  


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