Opinión / A mí no me líe

La felicidad del vicepresidente Remírez

Por Javier Ancín 13 mayo, 2020 - 10:39

Nos estamos haciendo con un absurdo álbum de fotos de los mandamases navarros de dar bastante vergüenza ajena en esta pandemia.

Minuto de silencio del Gobierno de Navarra casi dos meses después por las decenas de fallecidos en Navarra a causa del coronavirus. EUROPA PRESS
Minuto de silencio del Gobierno de Navarra casi dos meses después por las decenas de fallecidos en Navarra a causa del coronavirus. EUROPA PRESS

Al de final La lista de Schindler, cuando todo ha acabado ya, después de jugarse su pellejo por salvar del horror de los campos de concentración nazi a cuantas personas ha podido, cuando abandona su fábrica desde la que urdió el plan para rescatarlas, a Oskar sus empleados le regalan un anillo con la leyenda del Talmud, "Quien salva una vida, salva al mundo entero".

Entonces el empresario se derrumba y entre sollozos empieza a lamentarse de que quizás podría haber hecho más. Podría haber salvado más vidas, confiesa entre lágrimas, no he hecho lo suficiente. 1100 personas viven gracias a usted, le intenta consolar Stern, su contable judío.

Podría haber vendido este coche para salvar diez personas más o este alfiler de oro del partido, prosigue, y salvar dos personas más... o una. Una persona más... podría haber salvado una persona más. Y tras romperse en mil pedazos, abrazado por sus empleados que le deben la vida, se monta en el coche y se va de allí, para siempre, derrotado. Ha salvado a 1100 personas de morir en las cámaras de gas, haciendo equilibrios entre peligrosos asesinos sobre el filo de una cuchilla para no ser descubierto, en mitad del horror de una guerra y su sentimiento es el de fracaso.

Pensaba en ello el otro día cuando ruló una foto por tuiter del vicepresidente de Navarra, Javier Remírez, donde se declaraba feliz por haber ido a la peluquería. Feliz... un vicepresidente de una comunidad con más de 500 muertos en esta pandemia.

Nos estamos haciendo con un absurdo álbum de fotos de los mandamases navarros de dar bastante vergüenza ajena en esta pandemia, me dije. Ayer la presidenta haciendo bricolaje, despreocupada de todo, en su jardín, y hoy el vicepresidente feliz porque le han cortado los cuatro pelos que como a mí nos quedan.

Un primerísimo primer plano de su cara sonriente, en mitad de un estado de alarma dónde no han dejado de morir personas cada día desde hace semanas, donde los muertes no han sido ni despedidos por sus familiares, donde el desconcierto y la ansiedad lo invade todo. Feliz... no dejaba de retumbarme esa palabra en mi cabeza, con tantos muertos, con tantas cosas aún por hacer y con tantas cosas no hechas de las que lamentarse.

¿Podría haber salvado más muertos gestionando esta mierda de forma diferente, habiendo prestado más atención a las residencias de ancianos, por ejemplo? Si yo fuera político, no dejaría de hacerme esa pregunta, todo el rato, con angustia. Seguro que en mitad de la noche incluso me despertaba sobresaltado, los muertos siempre aparecen cuando el silencio nos envuelve. ¿Podría haber salvado a algún abuelo más, para que tuviera la oportunidad de ver a su nieta otro día, otra tarde, otro cuarto de hora? Nunca podría sentirme feliz, por nada, y como a Oskar Schindler, siempre me acompañaría la sensación de fracaso pero yo no soy político navarro.

Que alguien se muestre feliz en estas circunstancias chirría, pero que lo haga un vicepresidente de Navarra, apesta.

Algún politicucho de los que nos gobierna en Navarra debería leer más a Macbeth y menos esas hojas parroquiales ultras del nacionalismo vasco que les adulan a tanto el elogio porque al final, de alguna u otra manera, los muertos siempre vuelven, y te vuelven a ti, cuando menos te los esperas, cuando estás solo en el silencio de la noche. Y eso es todo.


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