Opinión / A mí no me líe

En defensa de Halloween

Por Javier Ancín 01 noviembre, 2019 - 8:49

El único programa que hay hoy detrás de Halloween es la diversión. No ha entrado ahí la política y permanece puro. Cada persona hace de esa fiesta su fiesta, sin reglas, sin una cantidad sistematizada de telas de araña truchas, y no hay nada trascendente en ella.

Una celebración de Halloween hace un par de años en Navarra. MIGUEL OSÉS
Una celebración de Halloween hace un par de años en Navarra. MIGUEL OSÉS

Me encanta ver por estas fechas corretear riendo a los críos disfrazados de vampiros, esqueletos, brujas, zombis, demonios... y me gusta porque a todos los predicadores de esencias, identidades, hechos diferenciales  y milongas varias, los nacionalistas vascos de mis entretelas, Halloween no les gusta porque no es una fiesta nuestrrrrrra.

Hoy por hoy, Halloween es la fiesta más popular que hay, ajena a todo lo oficial (ahora todos los nacionalistas la atacan, mañana lucharán por diluirla en su sopa, jodiéndola. Verán).

Primero intentarán hacer que desaparezca y cuando no puedan, vendrá esa segunda fase de desguace para asimilarla como propia. Hasta que alguien se invente una mitología milenaria para apropiarse de la fiesta para sus interés ideológicos, y deje la fiesta de ser popular y libre.

Te dicen ya para desacreditarla que es una imposición del capitalismo, pero no deja de ser un mantra absurdo. Más dinero se gastan ellos en el Olentzero y a nadie le parece mal el borracho fumador traficante de combustible contaminante –como te vea Greta te va a quitar la pipa a hostias, carbonero-. En Halloween no se regala nada, y lo único que se consume son disfraces, calabazas y caramelos. Bendito consumismo ese en el que apenas se consume.

El único programa que hay hoy detrás de Halloween es la diversión. No ha entrado ahí la política y permanece puro. Cada persona hace de esa fiesta su fiesta, sin reglas, sin una cantidad sistematizada de telas de araña truchas, y no hay nada trascendente en ella. Es la libertad en estado puro. La diversión sincera. La ausencia total de ideología detrás. Y eso en una comunidad como Navarra donde los carnavales, por ejemplo, están aberchandalizados -los de los cencerros en el culo solo están para sacarse fotos con Otegi, líder del partido de la eta y socio de Txibite-, es aire fresco que se agradece respirar.

Pero ya hay sombras que acechan, seguro... me consta que algo están tramando ya. El nacionalismo vasco necesita que todos los planos de la realidad puedan ser explicados a través de ellos. Todo es ellos. Si han intentado hacer del surf de Zarauz poco más o menos un deporte rural vasco, esto no va a costarles mucho esfuerzo hacerlo colar como suyo desde la noche de los tiempos. ¿Cupo o trato?

Todo hay que aberchandalizarlo. Si mañana se pusiera de moda follar en Euskadi -Juangoikoa (sic) no lo quiera-, tengan por seguro que saldría un Ortuzar o Egibar o alguno de estos matxirulos peneuveros, a fijar el canon de las posturas que deben de utilizar los vascos de bien, no como esos españoles que follan de cualquier manera, como bárbaros. Incluso podríamos ver al Generalí en Xvideos explicando, en pelotas y con una ikurriña tatuada en el culo -por fin tendría un puesto relevante en el partido-, que esa k es la innegable prueba de que el kamasutra es vasco. Lo veo... y me espanto.

Ya está Ancín exagerando...

¿Exagerado? A ver, hijos míos... venid, os lo explicaré en voz baja. Haced corro. Una ideología que se ha inventado una Comic Sans propia (¿a que sabéis cual es la fuente tipográfica de la que hablo? Exacto. Esa) solo para ellos, porque no soportan compartir nada con nadie, se tienen que diferenciar todo el rato con todo, muy bien de la chola no está y son capaces de lo que la ideología requiera.

Me gustan estas celebraciones espontáneas que surgen de la nada, o pese a todo, como esos caminos de tierra que la gente crea a fuerza de ir pasando uno a uno, de forma anónima, en un parque recién inaugurado con sus trazados perfectamente empedrados para que circules sólo por ellos, por donde quieren ellos. Y Halloween les ha pillado a contrapié, yendo a su puta bola, sin sus reglas. Larga vida... o muerte, a Halloween y su anarquía. Y eso es todo.


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