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Opinión / A mí no me líe

El día de España comenzó en Pamplona en El Sadar

Por Javier Ancín 12 octubre, 2022 - 10:45

No recuerdo a una peña asociada a un club de fútbol que haya atacado de esta forma al deporte femenino. Nunca. Enhorabuena, ellos también han batido su propio récord, el de grupo ultra más machista del planeta balompié. 

Pues dos cero a favor de España contra las campeonas del mundo, EEUU, y ambientazo, diversión y buen rollo. Luz. Ni tan mal. Primera vez que jugó la selección en nuestro queridísimo Sadar, por el que ha pasado hasta Bon Jovi -recuerdo aquel concierto porque yo fui a ver a Gun, que los taloneaban-, y no ha podido salir mejor la cosa. 

Llegó España a Pamplona y no solo ganó el encuentro, sino que batió el récord de asistencia a un partido de la selección femenina. Nunca en España había asistido tanta gente a un estadio para ver a las mujeres de la selección. Y en Pamplona no solo eso, que se batió otro récord también. Ha sido la vez que más gente ha ido a ver un partido de fútbol femenino en el Sadar, que Osasuna de mujeres metió mil personas menos contra el Eibar hace 3 años en su encuentro con más asistentes. 

Pero en vez de estar celebrando un éxito del deporte femenino, aquí tienes a los boronos aberchándales de graderío sur, lamentándolo. Empezaron llamándoles a las jugadoras putas antes de aterrizar en la ciudad, pintadas mediante en las puertas del Sadar, y han terminando ninguneando el éxito de las mujeres para convocar al personal a disfrutar de su fútbol. 

Son todo entradas regaladas, que nadie quiere bajar a verlas, es lo más suave que se ha oído de la parroquia borona de Irroña para denigrarlas. No recuerdo a una peña asociada a un club de fútbol que haya atacado de esta forma al deporte femenino. Nunca. Enhorabuena, ellos también han batido su propio récord, el de grupo ultra más machista del planeta balompié. 

Lo odian todo, a dos carrillos, se llame como se llame, ajeno y propio, que estos mismos han odiado hasta a un jugador de Osasuna de los más importantes de los últimos años: el Chimy Ávila. Lo odian todo, siempre. Su última hazaña, declararle la guerra a un grupo de mujeres que vivieron a Pamplona a jugar un partido de fútbol entre dos de las mejores selecciones del mundo.

Les molestan las mujeres, no hay más, si no es por una excusa es por otra, pero no las soportan, quizás por eso nunca ves ninguna en el fondo que secuestran desde hace décadas. 

Osasuna tiene que ser valiente y seguir la senda que marcó hace tiempo el Barcelona y Madrid expulsando a los grupos de energúmenos que había en las gradas del Camp Nou y Bernabéu. Es intolerable que en el 2022 haya un grupo en el Sadar que odie todo, a todos, tanto, todo el rato, eternamente odiando. Odian países, comunidades, otros equipos, incluso el fútbol femenino, a los socios de Osasuna que no piensan como ellos, que son la inmensa mayoría, y por odiar han llegado al extremo de odiar al propio equipo al que dicen animar, que por su odio al Chimy llegaron a desestabilizar a la plantilla entera, al Sadar entero, jugando, se supone, en casa. 

¿Por qué si Pamplona tiene las fiestas más simpáticas de España, que a los Sanfermines viene gente a pasarlo bien, a ser felices, de todas las comunidades, puede tener el equipo menos simpático de todos los de la Liga española? Osasuna, con la inmensa cantidad de gente que nos visita, con la inmensa cantidad de gente que repite en nuestras fiestas, podría ser un equipo tan querido como los Sanfermines, pero con ese grupo ultra que secuestra su imagen, la del club entero, es imposible.

Es hora de revertir esa anomalía, cogerla, nunca mejor dicho, por los cuernos, y echarlos del club para siempre, haciendo del Sadar un espacio libre de odio, donde lo que prime es la alegría y nunca jamás el resentimiento, que por fin los valores del deporte se extiendan también a todos los graderíos del Sadar. Y eso es todo.


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