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Opinión / A mí no me líe

Hay que desnazificar de nacionalismo vasco Navarra

Por Javier Ancín 15 febrero, 2019 - 10:24

Hace unas semanas leí una crónica en prensa sobre el calvario al que les somete el nacionalismo vasco a una familia, los Ulayar, en Etxarri Aranatz, desde hace décadas.

Destrozos en el homenaje a la memoria de Jesús Ulayar en Echarri Aranaz TWITTER (@NULAYAR)
Destrozos en el homenaje a la memoria de Jesús Ulayar en Echarri Aranaz TWITTER (@NULAYAR)

Tomar pequeñas dosis de veneno te crea malestar pero no te mata, pero cuando alguien te sumerge la cabeza en ácido sulfúrico, ahí sí, ahí ya te abrasas.

Sigues estos episodios a fascículos -sobre los Ulayar algo había ido leyendo a lo largo de mi vida-, pero sin ser consciente de la dimensión del espanto. Hasta que alguien los compila, los hace tomo, los lees de un tirón, sin saltos, y se te pone la piel de gallina de golpe, no pudiéndote sacar el frío del alma durante horas.

La historia de terror comienza hace 40 años, cuando cuatro etarras asesinaban frente a la puerta de su casa a Jesús Ulayar, delante de su hijo de trece años. Párense en ese dato e imagínense con trece años a las puertas de sus casas viendo cómo matan a tiros a vuestros padres, sin que puedas hacer nada, sin que puedas hacer nada más que salir corriendo preso del espanto.

Sin que puedas hacer nada más que, después de tomar conciencia de lo ocurrido -con trece años, recuerden-, volver, arrodillarte junto al cadáver de tu padre implorándole que te hable. "Papá, háblame, por favor", rodeado de un charco de sangre. Imaginen, sigan imaginando, háganse cargo de la dimensión del espanto, sin poder sacarse ya nunca ni el dolor del asesinato ni la imagen de los asesinos nacionalistas vascos pegándole cinco tiros a tu padre. Una y otra vez. Cada instante, cada puto anochecer, cada madrugada, desde los trece años.

Pues bien, ahí no termina el horror ni de aquel crío ni de la familia Ulayar, casi se podría decir que comienza otro horror, no por sibilino, menos destructivo. Una tortura diaria que a un hoy no han dejado de practicarles esos asesinos, los representantes políticos de esos asesinos y los votantes de los representantes políticos de esos asesinos en ese pueblo de La Barranca. El conglomerado nacionalista vasco etarra se lo guisa, el conglomerado nacionalista vasco etarra te lo hace comer, con una impunidad que acojona.

Durante las cuatro décadas siguientes el pueblo -enfermo de nacionalismo vasco-, a lo que se ha dedicado es a seguir matando a esa familia cada día. No contentos con acribillar a balazos a su padre, los nacionalistas vascos han continuado agrediendo a esa familia con un sadismo que solo provoca el asco y la náusea más salvaje. Los asesinos recibiendo homenajes desde el ayuntamiento batasuno. El pueblo de lado de los asesinos, las víctimas solas frente a toda esa maquinaria criminal. Ese ha sido, es, el presente, el ahora.

Dicen que ETA ya no mata, pero es mentira. ETA a esa familia no ha dejado de matarla en ningún momento. Hace unos días, cuando se cumplían 40 años del asesinato de Jesús Ulayar a manos de los criminales nacionalistas vascos, la familia, en silencio, cansada, colgó un ramo de flores en la puerta de su casa como único y silencioso homenaje al padre asesinado. Esa misma noche, alguien lo arrancó con odio, con saña, como siempre, dejando esparcidas y rotas las flores por el mismo suelo que dejaron manchado de sangre los etarras, para recordarles que el nacionalismo vasco no va a terminar de torturarlos nunca.

La Segunda Guerra Mundial no terminó cuando los aliados vencieron militarmente a los nazis. La Segunda Guerra Mundial terminó cuando, finalizada esa primera etapa, se aplicó una política de desnazificación de la sociedad para evitar que nunca más esa ideología criminal pudiera hacerse ni con las instituciones ni con las mentes de las personas.

En Navarra, lejos de aplicar políticas para que esa ideología criminal nacionalista vasca desapareciera de la sociedad, mandándola al infierno de la historia, hemos tolerado, no solo su existencia sino que nos gobernara. Así de gilipollas hemos sido. A ver si tras las elecciones de mayo seguimos siéndolo o hemos aprendido que esta ideología nacionalista vasca nos destruye, nos sigue destruyendo, como seres humanos y como sociedad. Y eso es todo.


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