Opinión / A mí no me líe

Las democracias también mueren

Por Javier Ancín 25 noviembre, 2020 - 9:48

Txibite se monta una comida en la diputación con sus invitados, sus camareros, y no pasa nada. Nadie le pide explicaciones y ni las da. ¿Cuándo dejaron de importar las cosas?

Pedro Sánchez y María Chivite en el interior del palacio de Navarra. GOBIERNO DE NAVARRA
Pedro Sánchez y María Chivite en el interior del palacio de Navarra. GOBIERNO DE NAVARRA

Mientras los demás hace semanas que no hemos pisado un bar porque la presidenta ordenó su cierre, condenando a la hostelería a una ruina segura, ella convierte el Palacio de Navarra en un restaurante y santas pascuas, normalidad absoluta. Circule, aquí no hay nada que mirar.

¿Cuándo dejó de importar que los gobernantes nos tiranizaran con normas que ellos no cumplen? Al final los imperios se pierden por un clavo de una herradura y las democracias se van por el sumidero empezando el desmoronamiento de la construcción por los detalles. Lean la fábula, es muy buena, la tienen en la Jacula Prudentum, una recopilación de proverbios hecha por George Herbert, un poeta  Gales, en 1651. 

Y si no quieren porque todo esto ya se pasa de cultureta, recuerden los castillos que moldeábamos a la orilla del mar, cómo lo primero que desaparecía cuando llegaban las olas eran las almenas, las ventanas y puertas que habías perfilado con un palito, las conchas incrustadas que antes habíamos recogido con mimo, desdibujando el conjunto hasta que la torre era solo una masa amorfa que no caía pero que ya nada recordaba a la construcción defensiva que hacía un rato había sido. 

Que coño, pongamos por una vez un poco pedantes, que se note que en un pasado remoto estudiar la carrera de historia sirvió para algo más que ganar el quesito amarillo del trivial. 

A lo que voy. Las democracias, como las estrellas, también mueren. Nada es eterno y se acaba mucho antes de lo que creemos. La primera democracia de la que tenemos constancia en la historia, la de Atenas, desde las reformas introducidas por Clistenes, con su revolucionaria isonomía, es decir, todos los ciudadanos son iguales ante la ley, Txibite y Sánchez y el Chepas también, hasta que la Macedonia de Alejandro Magno y siguientes acaba definitivamente con ella apenas dura dos siglos. 

Eso sin comentar lo tocada que quedó la institución tras la derrota de Atenas en la guerra del Peloponeso, a mitad más o menos de ese camino de doscientos años, a manos de los bestias de Esparta. Una peste asoló Atenas, je, qué cosas... como ahora, y al mejor de los atenienses que conocieron los tiempos, Pericles, murió, además de una gran cantidad de soldados, lo que mermó la capacidad de defensa de la democracia liberal ateniense frente al populismo militarote de los cazurros espartanos.

Clístenes también ideó una institución para proteger la democracia llamada ostracismo. Es decir, mandar a tomar por culo de la polis, largo de aquí, a los enemigos de la soberanía popular. 

A lo mejor es hora de recuperarla para defendernos de este gobierno de tiranos social-nacionalistas-populistas que poco a poco nos está merendando nuestros derechos. Y eso es todo.


  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
Las democracias también mueren