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Opinión / A mí no me líe

Con el culo al revés

Por Javier Ancín 01 septiembre, 2021 - 10:22

El autor encuentra en su día a día "signos que nos hacen mantener la ilusión de que por mucho que nos intenten joder y moldear".​

Imagen de una concentración de autoescuelas ante la falta de examinadores EFE Archivo
Imagen de una concentración de autoescuelas ante la falta de examinadores EFE Archivo

Aún hay esperanza... solo es necesario pegar la oreja al suelo como los indios de las películas del oeste, cuando intentaban descubrir si venía o no el tren, para descubrirlo. No todo está perdido, digo, en esta sociedad completamente podrida, aún hay signos que nos hacen mantener la ilusión de que por mucho que nos intenten joder y moldear, vamos por libre, no haciéndoles ni puto caso.

Hace unos días, mientras me tomaba una mirinda de cebada y lúpulo en una terraza, leyendo a Houellebecq y deprimiéndome con sus lúcidas predicciones en su libro Sumisión, un grupo de chavalillos de no más de diez años, cuerdos bajitos, se sentaron por el suelo jugando a sus cosas. En un momento dado, de entre su jolgorio una voz se alzó, fuerte, clara, proyectada hacia el futuro y sentenció: el que lo dice lo es... con el culo al revés. Solté el libro y tentado estuve de ponerme a aplaudir. Bravo. Bravísimo.

Casi se me saltan las lágrimas de la emoción, ahí hay un líder, pensé, alguien que no se pliega a la absurda corrección política actual con la que les agujerean la cabeza a los pobres críos y se mantiene firme. El que lo dice lo es... con el culo al revés como grito revolucionario, como desafío a las mierdas pedagógicas actuales. Un reto al poder establecido progre que impide a los niños ser niños. Este es de los míos, pensé, y con una paz en el alma que no recordaba, apuré el cañón y me fui de ahí a buscar más señales.

Esa tarde ya no encontré más, pero no desfallecí. Al día siguiente cogí el coche dispuesto a encontrar más indicios que me hicieran pensar que el mundo no estaba perdido, que aún podían encontrarse justos en Sodoma y me puse a dar vueltas. Miré y remiré por todas las aceras hasta que me di cuenta que no era ahí donde debía buscar. Lo tienes encima y no lo ves, Ancín, mira con los ojos del corazón...

Y apareció delante, haciéndome una pirulilla que me obligó a frenar bruscamente un vehículo. En ese instante, cuando ya tenía la mano en el aire como un dios del trueno a punto de percutir el claxon, fui iluminado y detuve el gesto a milímetros de ser completado. ¡Un coche de autoescuela! Cambié de carril, me puse en paralelo y ahí estaba, una jóvena aprendiendo a conducir. Y se me hincho el pecho de satisfacción y la cara se me pobló de sonrisas. Lo tengo. Por fin.

Alguien que en estos tiempos de mierda decide no comprar la propaganda de esa ideología de izquierda falsamente ecológica y siempre anti humana, plantarse, retando a la secta del carril bici sin parapeto, sentándose en el asiento con un acelerador en el pie derecho, es un héroe anónimo. Un joven que quiere sacarse el carnet de conducir es de la resistencia.

Llegará el día que la secta del carril bici, histérica, intoxicada de su propia ideología, apedreará los coches de las autoescuelas. Lo veremos, anunciado queda, por eso es tan importante que protejamos a esos jóvenes que huyen de ellos, de sus postulados liberticidas.

Cada vez que un joven pone un rectángulo con una L blanca sobre fondo verde en el cristal trasero de su coche el mundo es un lugar mejor, más libre, más humano, menos malo. Cuidemos a esos jóvenes, son nuestro futuro, el que nos garantiza que ante tantas gilipolleces, habrá una fuerza de choque que intente vencerlas. Son nuestra esperanza. Esos chavales son de los nuestros. Y eso es todo.


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