Opinión / A mí no me líe

El muñequito de las risas

Por Javier Ancín 05 junio, 2020 - 9:24

Que la presidenta de Navarra antes que presidenta de Navarra sea una pelele supeditada a su partido y a los tejemanejes y mercadeos chungos de este con el nacionalismo vasco, me da bastante pena.

Íñigo Urkullu y Andoni Ortúzar, dirigientes del PNV que controlan Navarra desde Bilbao..
Íñigo Urkullu y Andoni Ortúzar, dirigientes del PNV que controlan Navarra desde Bilbao..

Cada día una nueva injerencia del nacionalismo vasco en Navarra, ayer aparecíamos en el boletín oficial del país vasco a cuenta de no sé qué. Qué más da, lo que sea, que lo importante es que vayamos apareciendo, normalizarlo, hasta que no dejemos de salir ningún día porque ya no existamos como comunidad diferenciada, absorbidos para siempre por ese régimen siniestro que tienen los aberchándales montado al otro lado de la muga.

Se choteaba en un vídeo hace unos días Aitorico Esteban de Txibite llamándola lendakari, con una sonrisa burlona, asquerosamente condescendiente y tan cruel como cuando los vecinos al tonto del pueblo le llaman alcalde al cruzarse con él por las callesl, ¿a dónde vas, alcalde, a preparar el pleno de presupuestos de esta tarde?, o al borracho del bar de toda la vida, ingeniero, ¿qué pasa, ingeniero, sujetando la barra para que no se nos caiga el mundo encima? Y todos son carcajadas entre la parroquia a cuenta del infeliz.

Lo que traga Txibite de los matxirulos del peneuve, pensé. Mon Dieu, es de vergüenza ajena. Alguien que le aprecie debería ir y decírselo, que lo deje ya, que se vaya a casa, que no merece la pena ser el muñequito de las risas del nacionalismo vasco y de su propio partido por un sueldo, por muy elevado que este sea.

Cada vez más humillada, cada vez más ridícula, sin hacer amago de defenderse porque ella aquí solo es el último eslabón de una estrategia diseñada entre Sánchez y el triunvirato ese de señoros de Urkullu, Esteban y Ortuzar y no pinta nada. No le llaman para que vaya a sus reuniones ni para disimular. Cuando terminan le pasan lo que han acordado para Navarra y silencio, Lendakari Txibite. Je je.

Txibite es ya solo el ratoncillo medio muerto que se pasan los gatos entre risotadas simplemente por diversión. Tendría una salida, meter una hostia en la mesa y soltar un os vais a descojonar de la sombra de otra, cabrones, pero ella nunca va a sublevarse contra los señoros que controlan el tinglado porque si algo es Txibite es obediente. Los que la pusieron ahí sabían, conociendo toda su trayectoria política de ascensos por el partido a base de inclinar la cabeza y decir amén al jefe, que ella tiene alma más de sirvienta que de señora de la casa. Es decir, problemas iba a dar pocos a los que mandan sobre Navarra en Madrid y Bilbao.

Sánchez, Iglesias, Otegi y la cuadrilla del PeneUve de polito Lacoste y jersey sobre los hombros gastan con ella una prepotencia y un ensañamiento que si no es calificado de machista es porque los que le tratan de culo son de izquierdas y nacionalistas. En fin, es lo que hay, el feminismo en España es así de raro o de previsible.

A mí que la presidenta de Navarra antes que presidenta de Navarra sea una pelele supeditada a su partido y a los tejemanejes y mercadeos chungos de este con el nacionalismo vasco, me da bastante pena.

Navarra siempre ha tenido una potencia, una proyección hacia el mundo por ella misma asombrosa pero había que desactivarla y a eso se ha dedicado desde hace 50 años el nacionalismo. Navarra no podía ser competencia de Euskadi, Navarra tenía que ser relegada a la cola. Ser unos alaveses de segunda, es decir, unos pringados de tercera es el espacio que nos tienen reservado en su convoy ideológico.

Para que sea la cuarta provincia vasca, sumisa, había que convertirla primero en la caricatura que ya es, sin fe en sí misma, con la autoestima destruida, y caería sola, como estamos cayendo. El drama es que Txibite no va a mover un dedo para revertir esta situación. Txibite van con ellos, de felpudo. Y eso es todo.


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