Opinión / A mí no me líe

El día que vimos a Txibite rendir el PSOE a Otegi

Por Javier Ancín 01 agosto, 2019 - 20:22

Truenos. Así despertaba Pamplona el día que el PSOE iba a dejar el constitucionalismo para adosarse a la casa de Otegi, de felpudo.

María Chivite, este jueves en el Parlamento durante el pleno de investidura. MIGUEL OSÉS
María Chivite, este jueves en el Parlamento durante el pleno de investidura. MIGUEL OSÉS

Al mediodía, viaje al pasado, oscuro y rancio pasado, cruel llovizna, para entrar en el parlamento a ver cómo a Txibite le hacía presidenta de Navarra el partido de los terroristas de la Eta.

Txibite ha dedicado su discurso tedioso a decir que va a gobernar desde la centralidad... que vete tú a saber dónde está eso con la recua de aliados que se ha echado a la chepa: la ultraderecha vasca, la ultra izquierda euskovenezolana de Podemos e IU y el partido de la Eta. Menuda banda. Menuda puta banda.

Centrista y progresista, insistía Txibite. Un gobierno progresista y centrista.

Si el PSOE ha sido capaz de incluir en el grupo de las izquierdas, eso que ellos llaman progresismo (un huevo colgando y el otro lo mismo), a la ultraderecha del PNV esto ya va a ser un no parar de risas y de ocurrencias y de majaderías varias.

Quizás desarrollar la agenda nacionalista vasca para Navarra, que no es más que fagocitarla para el País del PNV, a lo mejor es lo que llama ahora políticas sociales el PSOE, yo qué sé. Aquí ya vale todo, la trola por la trola para que manden los de Bilbao, con los criminales de Otegi desde Guipúzcoa con el beneplácito del Ferraz de Sánchez. ¿Y Navarra? Navarra ya no tiene voz propia en este tinglado que están construyendo ajena a ella.

El discurso de Txibite no tiene eco, como los graznidos de los patos. Ella lo suelta y cae justo delante de su atril, inerte. La realidad del poder no está en su voz, ni en su persona... ella parece una marioneta dirigida por poderes que están fuera incluso de estos escaños. Txibite es un títere de una feria que no se celebra en Navarra. Nunca Navarra pintó menos en Navarra. Nunca la sombra del País del PNV ennegreció el presente de Navarra tanto como hoy.

Nada de lo que Txibite expone tiene interés y la única cita que suelta, como para darse importancia cultureta, la escupe mal. Paul Preston no es el autor de la frase de que quien no conoce su historia está condenado a repetirla, Txibite. No sé quién te ha escrito ese discurso plomizo que te has cascado pero te la ha metido doblada. Esa frase tiene mil padres, pero más o menos hay consenso en atribuírsela al filósofo Jorge Santayana, así que difícilmente puede ser de ese historiador izquierdista inglés actual.

Acaba Txibite con tres aplausos desacompasados, deshilachados, completamente melancólicos y campana y se acabó. Triste... pero no sabéis cuánto.

El presidente del Parlamento suspende la sesión con un on egin/que aproveche, con sonrisa tontuna de quién piensa que se ha ganado la comilona. Este lo tiene claro... a zampar, que esa kupela tensa a punto del infarto no se mantiene sola.

Comienza la segunda parte. Hualde se habrá puesto hasta el culo, yo un café de poco provecho y de nuevo al tajo. Esparza acusa a Santos Cerdán de ser el verdadero muñidor desde Ferraz de este acuerdo Frankenstein, y el mano derecha de Sánchez en Madrid, se levanta y hace una absurda reverencia, captando la atención de todos. Aquí el protagonista soy yo, aquí el que manda soy yo, es decir, Sánchez, desde la tribuna de invitados donde se encuentra. Como un César en su palco del Coliseo que sabe que la arena es suya. Txibite es una triste candidata de trapo a la que ningunean también desde su partido.

Sale el socialista Alzorriz -el mamarracho de las chaquetas que hoy se debe de creer presidente de Canadá porque es el mamarracho de los calcetines-, canta Franco, como quien grita bingo en un club de jubilados, le da las gracias a Santos Cerdán, por si quedaba dudas de quién ordena y quién obedece y yo me piro al bar, a por café, asqueado de ese olor que lleva todo el día metiéndoseme en la nariz de que hoy aquí, este teatrillo, es más falso que un duro de seis pesetas porque todo lo que atañe al futuro de Navarra está atado desde fuera de las instituciones de Navarra.

Y ya no hubo mucho más.

Barkos en su intervención le pasa la mano por la cabeza a Txibite como si fuera un perrillo desvalido, le dice algo así como que ni se le ocurra mostrar nada más que docilidad -advertida quedas, bonita, esto no va contigo sino con los mayores que están por encima de ti y que ya lo tienen todo hablado-; se da jabón pornográficamente glosando su gobierno cuatripartito y le dice a Esparza poco más o menos que se olvide de la Eta, que esa memoria no es buena para el futuro de Navarra. El muerto al hoyo y el vivo al bollo o a ver si pasamos página pronto de las víctimas del terrorismo para seguir hablando de Franco y acusar de franquista a todo el que no sea nacionalista vasco.

A continuación los batasunos sueltan la obviedad de que sin ellos el PSOE ya sabe que no va a ningún lado y que ojito, que son interlocutores preferentes, que es como hoy se llama aquí al, ‘Txibite, Txibite... que te tenemos agarrada por la sien y vas a hacer lo que nosotros te euskodigamos’.

De Podemos solo diré que no se quedó a escucharlo ni su jefe, que se salió a hablar por teléfono un buen rato. Una desbandada general vació la tribuna de invitados y solo intuí una voz apagada leyendo un discurso o la lista de los reyes godos o de la compra, qué más da, si su voto al momio vasco está regalado. Podemita el último... y al bar, de nuevo. Tercer café.

La sensación de que Navarra aquí no pinta nada es inmensa. Política y mediáticamente. No hay más que ver el set con el que la televisión privada del PNV ha invadido el atrio del Parlamento de Navarra, por ejemplo. O esa Idoia Mendia, jefa del socialismo vasco, conocida por todos por irse de cocinitas con Otegi, paseándose como si el cotarro fuera suyo, departiendo amigablemente con Barkos antes de la sesión, como de estar en el ajo, en algún ajo que desde Navarra se nos escapa.

Navarra en manos de la ultraderecha peneuvera de Bilbao, la Guipúzcoa batasuna de Hernani y Rentería más cargada de odio identitario liberticida y las insensateces de la madrileña calle Ferraz, a la que Navarra le importa una mierda.

Hoy el socialismo ha puesto la alfombra roja para que el partido de la Eta haga presidenta a Txibite con su anunciaba abstención. Mañana se completará la ignominia a la trágica hora de las 19:15 de la tarde más noche que nunca. Qué invierno más triste y oscuro vamos a tener en Navarra, sin acabar el verano. Y eso es todo.


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