Opinión / A mí no me líe

La bandera de Navarra está de moda

Por Javier Ancín 02 junio, 2017 - 7:38

No sé en qué acabará todo este asunto de la manifa en defensa de la bandera de Navarra pero ojalá que sea un éxito.

Una imagen de la bandera de Navarra.
Una imagen de la bandera de Navarra.

Básicamente espero que sea un éxito por dos cosas. La primera es que cualquier cosa que chinche a un nacionalista es bueno siempre y segundo, cualquier cosa que chinche a un nacionalista es risas siempre. Ver a un nacionalista vasco morder el polvo que tanto han levantado ellos durante años a coces contra el suelo, como si la calle solo pudiera ser suya, produce una satisfacción que te sube así por el pecho, como de felicidad y tal que revienta en unas carcajadas que retumban hasta en la Bardena.

Tensos están, se les nota demasiado porque su ejército de euskotrolls mete como posesos horas extras por tierra, mar eta aire en todas las redes sociales. Te los encuentras hasta en Tinder, copón, soltando su argumentario como metralla, todos el mismo, euuuuuu, como un solo hombre eta una sola mujer. Follar no follarán, la órdiga, pero joder, todo lo que quieras, a todas horas, en cualquier rincón, con la misma postura, la del misonero predicador sectario incansable entre tanto cuerpo dado al vicio y al pecado navarrista.

La virtud aburrida es lo vasquista, proclaman, lo otro, el navarrismo que combaten es lo divertido. Háganse a la idea, amados lectores, de que les hemos comido ya mucho terreno a esa ideología vizcaína porque están más a la defensiva que nunca. Ya no captan a la juventud como antaño, solo censuran, y lo que se censura siempre es más atractivo porque, qué demonios, si me lo prohíbes por algo bueno será, seguro.

El apio verde nadie tiene huevos de prohibirlo, para qué. Pues eso. El aberchándal ya solo es un guardián de la moral ochentera que está más pasada de moda que los lauburus al cuello, hélices girando sin agua de un Costa Concordia a la deriva y sin capitán. El navarrismo es un fiestón, una Sodoma y Gomorra de la diversión total. El futuro y el garito de moda es el nuestro, el de la bandera de Navarra. Pasen, no cobramos entrada.

En realidad el aberchandalismo siempre ha sido un movimiento carca de censura, revestido de un halo de rebeldía falso, con el que ha engañado durante demasiado tiempo. Escuchaba en Radio 3 hace unos días un especial de la banda punkarra vasca Eskorbuto y como todo ese movimiento funcionarial del llamado rock radical y tal y tal, con el riñón siempre cubierto por presupuesto de festejos de ayuntamientos que controlaban, les puteó por ir por libre, por ser de verdad unos salvajes, por meterse hasta con Euskadi, pecado nefando de todos los posibles pecados nefandos.

Algún día prometo escribir sobre esos tíos que se enfrentaron a la aberchandalada sin piedad. Eskorbuto al parlamento ya. Descojonarse de todo el oficialismo aberchándal desde el otro lado, desde donde no se lo esperaban, sí que es de ser tíos grandes. Unos putos genios con dos cojones. Cascaron pronto, claro, como los héroes, no como los de las tunas oficialistas vascas, por ejemplo, unos cansalmas que aún hoy van de tragasables con más años que cascorro y que no han salido del sistema ni para mear un día en el alcorque de un arbolico porque la próstata ya les falla. Lo dicho, otro día.

El argumentario. Eso, ahí me había parado. Están tan nerviosos que el argumentario que les han dado a los figuras estos de las redes es demencial. Por un lado dicen que la bandera es una bandera falsa porque tiene una corona falsa, con un color falso, con una esmeralda falsa, pero que UPN no la aprobó y que si no fuera por ellos, toda esa falsedad no hondearía hoy de modo oficial en los edificios navarros, así que que les demos las gracias, poco más o menos, pero tampoco saben muy bien por qué, porque a ellos la bandera de Navarra les parece cosa de fachas.

Algo no cuadra en toda esa falsedad, pero no terminan de verlo. Démosles lumbre. Lo que no cuadra es la ikurriña que aman como certeza absoluta, claro, esa bandera que la usan hasta como para tela de gayumbos que de verdadera tiene lo que yo de jesuita de Azpeitia. O quizás tengan razón, yo qué sé, estoy por dársela y a cascarla. Hala, toma, toda vuestra. La Razón, digo, con Marhuenda incluido. Todo para vosotros. La ikurriña es tan de verdad como que fue creada por dos hermanos chalados y xenófobos, obsesionados con que un vasco no arrime cebolleta jamás, haciendo dibujicos en un papel como quien pinta con un seis y un cuatro la cara de tu retrato. En fin. Locurón.

Ojalá salga la manifa muy bien y se piquen mucho los aberchándales y se pongan rojos de ira, a juego con la bandera de los navarros, y morados de tanto aguantar la respiración, en honor a ese otro partido nacionalista con el que desgobiernan Navarra, Podemos, porque será risas y también será bueno.

Os miraré por el espejo retrovisor porque ese día me toca viajar, me toca coger el coche para desconectar, me toca correr, me toca dejar la noche y desaparecer, no busco llegar pronto a ningún lugar, solo sé que sonarán los Planetas y a punto estaré de llegar al mar... la arena a mis pies, el viento en la sien, tremenda mujer, los dos del revés. El amanecer radiante y brillante.... Qué cancionaca. Ay. Y J cantando... Prometo estar atento cerveza en mano, mirando el mar, refrescando las noticias cada segundo para no perderme ni una foto. ¡Suerte! Y eso es todo.


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