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Opinión / A mí no me líe

Ayuso cogió su fusil

Por Javier Ancín 18 febrero, 2022 - 9:59

Si tenéis algo contra mí, al juzgado, y si no, a la mierda vosotros, intrigantes, malmetedores, conspiracionistas de chichinabo, plomeros trapicheadores inútiles, que ni montar una conspiración contra mí sabéis. 

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. EFE/ Javier Lizón

Y Pablo Casado desapareció, que es lo opuesto que un líder político puede hacer cuando hay un problema, nada, poca cosa, su partido en llamas. Dejó de dar señales de vida, si fuera un avión habría apagado hasta el transpondedor para que nadie pudiera localizarlo, y retrocediendo como en las películas, marcha atrás, sin pisar casi el suelo, dios, que nadie me oiga, que nadie me vea, se metió debajo de la mesa o de la cama o se encerró en el trastero o en el cuarto de baño, con los pantalones bajados por si alguien le daba por mirar bajo la puerta. 

-Señor Casado. Estoy ocupado. Pero señor Casado.... ¿No ves que estoy ocupado, joder? Pablo... tienes que salir. ¡Echadla, que la echéis he dicho, que se vaya, quiero que desaparezca de mi vida y del partido! ¡Fuera! 

Y compareció Teodoro, que es un intrigante sin más oficio ni beneficio que hacer pasillos, un fontanero lo llaman en política, que no ha ganado unas elecciones en su vida -como Casado-, con esa cara de pasa, de aceituna sin hueso escupido, a decirnos que le han abierto un expediente, que es como se dice en moderno ponerla en el paredón. 

Vamos a fusilarla -metafóricamente, creo-, expuso el secretario de no sé qué y de no sé cuántos del PP. Y con la crueldad de los tiranos dominados por el pánico, bajó el pulgar de su jefe. Sentenciada. Acabemos con ella, se lo va a cargar todo, con lo bien que teníamos dispuesto el tinglado. Va a por el sillón de Pablo Casado, con lo a gusto y tranquilo que estaba nuestro jefe ahí retrepado -solo le faltaba la batamanta-, de ministro de la oposición. 

Por la mañana Ayuso, que es una política rara, en vez de descolgar el teléfono y hacer las cosas enredando por detrás, buscando apoyos en el partido, salió a cuerpo gentil, exponiendo su carrera política una vez más y dijo: muy bien, queréis guerra, pues aquí es tan mis ovarios, tendréis guerra... guerra publica, con luz y taquígrafos, que la vea todo el mundo. Miguel Ángel, levanta el telón.

 All-in, que es como en póker se dice al ir con todo, empujar las torres de fichas y apostarlas enteras, sin retaguardia. Si pierdo, me voy a casa, yo no tengo miedo. ¿Y tú Casado, lo tienes...  tienes miedo? Y si gano, os mando al desguace de la historia, al desván de los políticos mediocres, al contenedor de los perdedores.

Se ha publicado que el soplo a estos mandamases peperos salió de la Moncloa. Hay un contrato que podéis utilizar contra Ayuso... y Casado y Teodoro, que muy listos tampoco parecen, se dejaron cegar por el oro trucho que les ofrecía Sánchez, que como todo el mundo sabe, se caracteriza siempre por decir la verdad y por no mentir nunca. No aprenden, si te acercas al sanchismo, te abrasas. 

Si tenéis algo contra mí, al juzgado, y si no, a la mierda vosotros, intrigantes, malmetedores, conspiracionistas de chichinabo, plomeros trapicheadores inútiles, que ni montar una conspiración contra mí sabéis. A tomar viento. A mí no me chantajeáis. Más vale una vez colorada que ciento amarilla. Y se desató la hecatombe que ya todos conocemos. Solo puede quedar uno... una. Iremos viendo el serial.

Decía Adenauer, primer canciller de la República Federal de Alemania y unos de los fundadores de la actual Unión Europea, que en política hay tres tipos de enemigos: los enemigos a secas, los enemigos mortales y los compañeros de partido. Hoy, Isabel Díaz Ayuso, puede añadir una cuarta categoría: los enemigos a secas, los enemigos mortales, los compañeros de partido y Teodoro García Egea, alias, Pablo Casado, o viceversa. Y eso es todo. 


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Ayuso cogió su fusil