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Opinión / A mí no me líe

En ausencia de Javier Marías

Por Javier Ancín 02 noviembre, 2022 - 11:18

Marías no lo necesitaba pero el Nobel merecía a Marías. Quizás sea ese el mejor homenaje que puedan hacerle.

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A los sitios hay que llegar cuando se puede. Yo acabo de llegar a Javier Marías, después de transportar dos de sus libros: Corazón tan blanco y Todas las almas, en varias mudanzas. En dos ciudades han estado. En tres vidas diferentes me han acompañado, forrando las paredes, como tapices antiguos, dando calor a los pisos que habité.

Los libros también es conveniente comprarlos cuando se pueda, que luego a veces no se puede: no tienes pasta o ya no están en las librerías, que los libreros los sustituyen por otros libros más nuevos que las editoriales van sustituyendo a su vez por los antiguos, que dejan de imprimir. El círculo de la vida. Las librerías, alguno no lo entiende, no son bibliotecas. Las librerías son cines donde van poniendo películas y la que se va de la cartelera, rara vez vuelve. Cuando veas un libro, cómpralo, luego ya veremos si lo lees, que eso es otra historia. A veces tardas 25 años en abrirlo, un día o se queda en el estante colgado para siempre. La primera función del libro no es enseñarnos lo que lleva dentro, la primera función de un libro, como la de un amigo, es hacernos compañía, que sepamos que está ahí, incluso en silencio. O sobre todo en silencio.

Han visto estos dos libros más mundo que el enanito de jardín de Amelie; que don Pimpón, siempre dado al relato de periplos exóticos; que tío Matt, el Fraguel viajero, un explorador dinámico del mundo, libreta en mano. Dos libros, ahora sé porque los he leído, curiosamente tan estáticos, tan carentes de movimiento sus acciones, dos libros extraordinarios por su forma narrativa.

En estos dos libros de Marías ocurre de todo, pero no en la escena en la que se desarrollan, que esas están quietas. Marías narra el aire que queda libre entre los personajes, el que la escena no ocupa, el magma con el que el Vesubio cubrió Pompeya los cuerpos y la vida, dejando sus moldes. O dicho de otro modo, Marías nos detalla el agua que desaloja la escena al ser sumergida en una bañera llena hasta el borde. Somete como escritor su literatura al principio de Arquímedes, por eso, pese a parecer a primera vista pesada como un buque mercante, flota siempre, ligera, la novela.

Miguel Ángel decidía que esculpir era fácil, bastaba con retirar el mármol que sobraba a la figura que ya existía dentro del bloque. La literatura de Marías es precisamente lo contrario, lo que hay que retirar es la figura, describiendo la piedra, su negativo, llegando a ella por su ausencia.

Hay dos formas de conocer algo, por su limite exterior o por su limite interior, que es la misma línea pero no es el mismo camino el que recorremos para llegar a ella; y ya que estamos en Pamplona, algo de eso podemos intuir en muchas obras de Oteiza para comprender lo que trato de decir.

Oteiza intenta crear también desde la ausencia, como ese ‘Coreano’ que hay al final de la avenida Carlos III, definido por el vacío de su presencia o llevándolo al extremo en esa ‘Unidad Triple y Liviana’ de la plaza del Castillo, en la que crea una manzana perfecta simplemente esculpiendo a dentelladas su corazón.

Obviamente Marías no es un autor fácil, Oteiza tampoco, requieren un trabajo intelectual de espectador, del lector. Pero tampoco son insondables, que no hace falta ser Einstein para llegar a ellos. Solo necesitas un poco de constancia, un poco de reflexión sencilla para disfrutarlos, para admirarlos. Para llegar a las cosas sublimes, tocar una guitarra, por ejemplo, tienes que sentarte un día y practicar un primer acorde, un segundo, un tercero... que no dicen nada por si mismos, ser constante, poner de tu parte un trabajo intelectual abstracto, para finalmente acabar gozando un día de una canción entera que les dé sentido.

Marías no lo necesitaba pero el Nobel merecía a Marías. Quizás sea ese el mejor homenaje que puedan hacerle los académicos suecos, dejándolo ausente, para que sea más atronador ese premio desierto que habérselo otorgado. Y eso es todo. 


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