Opinión / A mí no me líe

Aste Nagusia de Irroña

Por Javier Ancín 06 julio, 2019 - 13:26

Aste Nagusia de Irroña habrá que llamar a San Fermín, que seguro que está pactado dentro de las exigencias del machirulo PNV al sumiso PSN.

Varias personas viven los primeros momentos de San Fermín tras el Chupinazo. REUTERS
Varias personas viven los primeros momentos de San Fermín tras el Chupinazo. REUTERS

Bueno, pues ya están aquí, de nuevo, quizás por último año, o vete tú a saber si eso ya fue el pasado, las fiestas de... no sé ya ni como llamarlas porque viendo la guarrada de los batasunos contra las paredes de la capilla de san Fermín, con sus pintadas y sus carteles con bien de pegamento, de San Fermín ya no sé si son. El nacionalismo vasco declarándole la guerra a las tradiciones de Pamplona... qué novedad. Je...

Aste Nagusia de Irroña habrá que llamarlas, -está pactado, seguro, exigencias del machirulo PNV al sumiso PSN- con Marijaia ataviada con capa con los colores de la ikurriña y con esa cara tan característica que se le pone a Txibite cuando está feliz y traicionera: unos lo llaman sonrisa y otros rictus como de hacer fuerza cuando la fibra, y no precisamente la óptica no ha llegado a tu intestino grueso.

Pueden llevar a Txibite, la pélele del nacionalismo a sacarla a la balaustrada del ayuntamiento de Bilbao para las fiestas de la capital del imperio vasco. No lo descarto. Seguro que también es otro trágala de los de Sabin Etxea. Y Asirón cruzando la plaza de la Virgen Blanca en Vitoria con puro y paraguas feliz, cantando Asirón ha hecho una casa nueva, Asirón, con ventana y balcón. Al Josebas le gustaría hasta cruzar la plaza por los aires, con lo que le ama que le idolatren, es un yonki de su ego, pero no hay patatero que soporte el peso de esa kupela atirantando cuerdas. Se les cae y mata a una veintena de blusas. Descartado, te pongas como te pongas, le dirán los de Bildu desde su central de Guipúzcoa.

En fin, que otro año más, otro año menos, con el chupinazo surcando el cielo, sobre un mar inmundo de fatxitas vascos... dandole fuego esta vez por La Pamplonesa, que cumple centuria, y lo que no entiendo es como a ningún iluminado de estos identitarios que padecemos, como una almorrana que despierta con el picante del ajoarriero, cada almuercico del día 6, después de los pacharanes de rigor, le ha dado por hacer campaña para que cambie de nombre por uno más acorde con los tiempos: La Irroñesa.

Coño... si veo que también hay una estelada enorme. Esto seguro que es por el hermanamiento con Salou, donde huyen como de la peste del chupinazo, que ya solo es un espectáculo que da vergüenza ajena, miles de pamploneses.

La plaza del Ayuntamiento como parque de atracciones de todas las marrachadas totalitarias, que las vea bien todo el mundo, como tablón de anuncios de todas las variantes de esa ideología liberticida, etnicista, sectaria -religión de todos los xenófobos del planeta- que es la muerte llamada nacionalismo. La plaza del Ayuntamiento secuestrada por los publicistas del mal para su monserga. Triste ya no, eso era hace tiempo. Ahora es solo patético.

Irroña y su aste nagusia es el vertedero de todos los locos que buscan un imperio pero que solo existe en las voces que salen de sus cabezas, con su gorro de pintor de brocha gorda de gora Euskadi por yelmo. Estos no saltarán desde la fuente de la plaza de la Navarrería, cada uno con su banderita anudada al cuello, no, y nos dejarán en paz.

En fin, que me voy donde mejor se está un 6 de julio, en a la playa. Mañana que empiezan los encierros, el toro no entiende de gilipolleces, ya volveremos a Pamplona.

Felices fiestas. Y eso es todo.


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